Crédito caro

| 12/7/2000 12:00:00 AM

Crédito caro

Quienes decían que la consolidación del sistema de crédito aumentaría la eficiencia y reduciría los márgenes del crédito les están debiendo una explicación a los deudores.

por Javier Fernandez Riva

¿Puede una economía soportar tasas de crédito para la mayoría de las empresas de 20 o más puntos sobre la inflación?



No es una pregunta retórica. La tasa promedio de los préstamos está actualmente en 30,4% y la inflación no llega al 9%. Y no me vengan con que la tasa de 30% solo se les cobra a los consumidores y a las empresas de alto riesgo. Los consumidores pagan la tasa de usura, que está casi en 37%, y a las empresas de alto riesgo no les presta nadie. Treinta es la tasa que hoy se cobra a las empresas que siguen siendo consideradas sujetos de crédito, que no clavaron a sus acreedores con reestructuraciones forzadas y que no disponen de alternativas al crédito doméstico.



Como no es una pregunta retórica voy a contestarla. Sí, una economía puede soportar una tasa activa real de 20%, pero no mucho más, y solo en circunstancias especiales. Por ejemplo, puede hacerlo si las empresas del sector real están muy poco endeudadas. También puede hacerlo, aun con un endeudamiento mediano, cuando el crecimiento va viento en popa y los precios de los activos están creciendo rápido.



Fuera de esos dos casos solo puede hacerlo si entra en una vaca loca donde se financian los pagos de intereses con más crédito, como ocurrió entre 1994 y 1996. O si se conforma con crecer a paso de tortuga, limitando el financiamiento a empresas triple A y a unos cuantos proyectos de inversión de otras empresas que ofrezcan rendimientos extraordinarios.



En Colombia la deuda de la mayoría de las empresas es alta porque entre 1992 y 1993 se endeudaron demasiado por hacer cuentas alegres sobre el crecimiento, y entre 1994 y 1996 siguieron haciéndolo para poder pagar los elevados intereses que el Banco de la República le recetó a la economía, antes de aplicarle la dosis letal de 1998. Nadie espera que en el próximo futuro el crecimiento se dispare. Mucho menos, que lo hagan los precios de la finca raíz y las acciones. Y la vaca loca crediticia ya quedó atrás.



Por eso apenas vamos tirando, con crédito carísimo, lo que hace la economía muy vulnerable a cualquier perturbación. Digamos, un "aterrizaje" brusco de la economía de Estados Unidos o más fricciones con Venezuela. Además, avanzamos por el borde del precipicio. Un pequeño aumento de la tasa de interés podría empujar la economía en la recesión del 2001.



Lo más inquietante es que el costo de los créditos para la empresa promedio es altísimo a pesar de que las tasas de depósitos están bajas por patrones históricos. El margen entre el costo promedio de los créditos y la DTF excede 17 puntos. Con una DTF "normal" la situación de los deudores se haría inmanejable.



Márgenes por las nubes



¿Por qué cree usted que los bancos están cobrando márgenes tan altos?



No, lo siento, su primera respuesta no es correcta. La explicación no radica en que los banqueros sean unos tales por cuales, pues esa explicación presupone que no lo eran hace un tiempo, cuando los márgenes de los créditos eran menores que los actuales. No hay que idealizar el pasado.



Inténtelo de nuevo. ¿Qué me dice? ¿Que los banqueros están tratando de recuperar las pérdidas que sufrieron en los últimos años, cargándoles la mano a los nuevos créditos? Me suena, me suena. Pero, un momento. Los banqueros no fueron los únicos que perdieron desde que la autoridad monetaria se empleó a fondo en salvar la economía. ¿Por qué los industriales y comerciantes no acogen la fácil solución de resarcirse de las pérdidas cobrando más caro?



No basta con querer cobrar más, ya sea para enjugar pérdidas anteriores o para aumentar las utilidades. Por cierto, la última es una motivación permanente del capitalismo, que hace redundante la primera. Quien sube los precios o los márgenes debe saber que, cuando lo haga sus competidores no se quedarán con su clientela.



Seamos francos. Los márgenes de los créditos subieron para las empresas comunes y corrientes porque la competencia efectiva del sistema de crédito se redujo. No para los prestatarios más sólidos y grandes, a quienes todos los prestamistas se mueren por prestarles. Pero sí para las demás empresas. Una política de concentración de la banca, adelantada como quien no quiere la cosa desde el gobierno y el banco central, logró sacar del mercado en los últimos cuatro años a decenas de entidades de crédito que atendían preferentemente las necesidades de las empresas pequeñas y medianas. Muchas de las supervivientes están debilitadas, sin capacidad para quitarle mercado a nadie. Y no porque sean menos eficientes que las grandes. Al fin y al cabo, cuando entraron al mercado, hace décadas, no lo hicieron apoyadas en subsidios sino respondiendo a necesidades insatisfechas de la clientela. Sencillamente, porque tienen menos poder económico para aguantar la política económica recesiva, que quebró a muchos de sus deudores, especialmente empresas pequeñas y medianas. Y también porque, a diferencia de las mayores entidades, jamás recibieron el apoyo del Estado.



No conozco otro esfuerzo tan sostenido de un país para reducir la competencia en un mercado. Pero la obra local quedó incompleta. El famoso error monetario del Y2K, que desplomó las tasas de interés al inicio del 2000, no solo salvó muchas firmas del sector real a las que, gracias a eso, el agua de los costos financieros solo les llega hoy al cuello. También abarató la materia prima de las entidades de crédito no bancarias, que no captan cuentas corrientes, y les permitió subsistir en el terrible entorno económico actual.



Quedó faltando el empujoncito final. Tres o cuatro puntos más de tasa de interés DTF y se completará con todo éxito la tarea. No sé qué está esperando el banco central. Vamos, señores de la Junta, que no puede hacerse una tortilla sin cascar un huevo.
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