Opinión

  • | 1997/11/01 00:00

    CRECIMIENTO ECONÓMICO

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La causalidad entre desarrollo financiero y crecimiento ha sido un tema muy debatido en la literatura económica. Walter Bagehot, economista del siglo pasado, le atribuyó un papel causal a la financiación cuando decía: "Hemos perdido totalmente la idea de que cualquier emprendimiento que pague, y que sea visto como factible, puede parecer por falta de dinero; sin embargo, ninguna idea fue más familiar a nuestros antepasados, o más común en la mayoría de los países".



Varias décadas más tarde, la célebre Joan Robinson le atribuía el papel causal a la actividad económica al señalar: ".a donde la empresa conduce, la financiación sigue". Estas son dos de varias referencias incluidas en un importante artículo reciente que revisa la literatura sobre la relación de causalidad entre crecimiento y finanzas y sostiene que la financiación tiene en verdad un papel causal1.



Si bien la longitud del debate no augura muy bien la posibilidad de llegar a un consenso, el tema es de la mayor importancia para efectos de determinar la bondad de las estrategias de política económica. La pregunta clave es ¿qué ocurre con el crecimiento de largo plazo cuando hay alguna forma de represión del desarrollo financiero?



Por ejemplo, para muchos observadores, la inflación es un mal menor o apenas un impuesto para financiar gasto público excesivo. Para otros tiene consecuencias reales más graves, incluyendo un deterioro del crecimiento de largo plazo, al reprimir el uso del dinero, el cual está en el centro del desarrollo financiero.



La literatura económica ha destacado recientemente nuevos argumentos para precisar la relación entre crecimiento y finanzas. Tradicionalmente, esta relación ha sido vista en términos tan sencillos y directos como el dictamen de Joan Robinson citado anteriormente. Es decir, la financiación es vista como un acervo de dinero que puede o no tener impacto sobre el nivel de actividad económica.



Un ejemplo histórico es la famosa doctrina del crédito comercial, según la cual el aumento del crédito no tiene impacto inflacionario en tanto se destine a descontar obligaciones para financiar la producción. La literatura reciente argumenta que son los costos de obtener información y de efectuar transacciones los estímulos claves para el surgimiento de mercados e instituciones financieras, cuya función primaria es la asignación de recursos en un ambiente de incertidumbre.



Los componentes de esta función primaria incluyen el manejo del riesgo, la asignación de recursos, el seguimiento y control de la gestión empresarial, la movilización del ahorro, y el intercambio de bienes y servicios. En todas estas áreas, los instrumentos y mercados financieros generalmente reducen los costos de información y transacciones, lo cual conduce a un mayor ritmo de crecimiento, como consecuencia, por ejemplo de un mayor ritmo de acumulación de capital o de desarrollo tecnológico.



Para ilustrar, consideremos el caso del manejo de la liquidez, o sea, de "la facilidad y velocidad con la cual las personas o empresas pueden convertir activos en poder de compra a precios convenidos", según la definición del artículo citado. Si existen costos de obtener información sobre las necesidades individuales de obtener poder de compra (es decir, medios de pago) o costos de intercambiar activos ilíquidos por activos líquidos, se configuran incentivos para crear mercados de acciones o intermediarios financieros, cuyo efecto es el de facilitar el intercambio de obligaciones o transformar inversiones con riesgo de liquidez en depósitos líquidos. Ello permite que las necesidades individuales de liquidez no se conviertan en un obstáculo para financiar los proyectos de larga gestación que, presumiblemente, no encontrarían financiación de otra forma. Así las cosas, el establecimiento de instituciones y mercados financieros permitiría mayor inversión y desarrollo tecnológico para incrementar el crecimiento. Así mismo, otros argumentos explican cómo el desarrollo financiero mejora la asignación de recursos, la gestión empresarial, la movilización del ahorro y el intercambio de bienes.



Algunas pruebas estadísticas sugieren que, en verdad, el desarrollo financiero predice el crecimiento económico futuro. Es decir, los países que hoy tienen un mayor desarrollo financiero tendrían mayor posibilidad de crecer más rápido en el futuro.



Si de hecho existe un efecto importante del desarrollo financiero sobre el crecimiento económico, la política económica puede jugar un papel importante en sentar mejores bases de crecimiento, fortaleciendo las condiciones que permiten el desarrollo financiero. Estas condiciones son más o menos bien conocidas e incluyen principalmente finanzas públicas sanas, estabilidad monetaria, un marco regulatorio que proteja los derechos de propiedad y acomode el desarrollo de los varios instrumentos e instituciones financieras, y un sistema de transparencia y vigilancia que proporcione información idónea para el desarrollo de los mercados.



La configuración específica de instrumentos que pueda resultar dependerá seguramente de las particularidades del medio. Por ejemplo, es probable que el mercado de acciones continúe rezagado con respecto al desarrollo del mercado de renta fija. Esto es algo que, por cierto, parecería predecir la nueva literatura basada en los costos de información. De acuerdo con esta literatura, el contrato de deuda, en contraste con la financiación de terceros por emisión de acciones, es la modalidad óptima cuando los costos de obtener información sobre las empresas son altos, como parecería ser el caso en Colombia y varios otros países con mercados bursátiles débiles.



1 Levine, Ross, "Financial Development and Economic Growth: Views and Agenda", en Journal of Economic Literature, junio 1997, Vol. 35(2), pág. 688-726.
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