Creciendo sin inflación

| 7/21/2000 12:00:00 AM

Creciendo sin inflación

Si la Junta logra sus metas de bajar más la inflación sin hacer abortarla recuperación y sin ahondar la crisis financiera propondré que le hagan una estatua.

por Javier Fernández Riva

¿Alguien recuerda mayo? Todo lo que hoy hay de malo, como desempleo masivo, crisis de deudores, empobrecimiento de propietarios, barbarie subversiva e inseguridad rampante, más la novedad de bloqueos de las carreteras, enfrentamiento entre el Ejecutivo y el Congreso con amenazas de revocatorias mutuas, y augurios sombríos de analistas y empresarios que afirmaban que, debido al aplazamiento de las reformas fiscales, la recuperación había abortado y el país se iría al diablo.

No quiero ponerme cansón con el cuento, que ustedes ya me conocen, de los limitados efectos que el ambiente político y el pesimismo empresarial tienen sobre la economía, en comparación con factores positivos como las tasas de interés, el tipo de cambio real, el control del contrabando y el alcalde Peñalosa. Pero, después de dos años de haberle dado palo al Gobierno y a la Junta del Banco de la República por la crisis económica, no estaría bien pasar agachado frente a las excelentes cifras industriales de mayo, y las de la inflación a junio, que se conocieron casi al tiempo.



En mayo la producción industrial sin trilla de café fue 14,7% mayor que la de mayo de 1999, y la producción acumulada en los primeros cinco meses aumentó 9,7% anual. Sí, claro, veníamos de muy abajo pero eso lo sabían quienes afirmaban que este año no habría crecimiento. La novedad no es que las fábricas todavía estén operando a media marcha sino que cada mes están produciendo más.



Y no me vengan con que se trata de una recuperación de mentirillas, que solo existe en las cifras oficiales. En las tres o cuatro décadas que llevo mirando las estadísticas locales nunca he confirmado una manipulación. Presentaciones intencionadas, con cuidadosa selección de las comparaciones y estudiadas omisiones, sí, todo el tiempo, como en todo el mundo. Pero cuando las cifras básicas están disponibles la interpretación oficial es una fuente de diversión, no una limitación o un problema.



La equivocación más reciente del Dane, que acabó por costarle el puesto a su director, fue contra el Gobierno, cuando a comienzos del año esa entidad seguía hablando de una caída de la producción industrial mientras las encuestas de los gremios ya mostraban un crecimiento interesante.



En inflación los resultados de junio fueron inmejorables: una cifra negativa por primera vez en doce años. Cierto que la caída se explica por la corrección de los precios de la papa y otros alimentos, que se fueron al suelo después de haberse disparado a comienzos del año. Pero la inflación mensual excluyendo alimentos fue 0,27%. No recuerdo otra tan baja.



Yo, que tanto he criticado el manejo económico de los últimos dos años, quiero subrayar el logro de la estabilización. Siempre he creído que, salvo por desastres naturales o una crisis mundial, quien maneja la política económica, que aquí es el Banco de la República, es responsable de los resultados, tanto los buenos como los malos.



Una de mis principales coincidencias con el Banco de la República es que la reducción de la inflación no es un reflejo de la recesión, como suelen decir quienes se lamentan de que la estabilización de los precios salió demasiado cara porque destrozó la economía. La historia local y mundial muestra que la producción puede crecer rápido o estancarse, coincidiendo con cualquier ritmo de inflación.



La actual recuperación económica es consecuencia de la baja de las tasas de interés, que les dio oxígeno a los deudores, del aumento del dólar, que estimuló las exportaciones y orientó las compras hacia la producción local, del control del contrabando, que recuperó parte del mercado doméstico, y de las pocas obras públicas que sobrevivieron al apretón general.



El gran logro del Banco de la República en el frente de la estabilización es haber quebrado las expectativas inflacionarias. Detrás de ese quiebre están el compromiso de la autoridad monetaria con su meta de estabilización (al cual el mismo Banco le atribuye virtudes casi mágicas, por aquello de la "credibilidad"), los bajos reajustes de salarios, la eliminación de la devaluación gota a gota, el desplome de la tasa de interés nominal y buenas cosechas por dos años seguidos, que explican una inflación de alimentos de solo 10,3% en los últimos 24 meses.



Nada impide que la economía siga creciendo, con una inflación similar a la actual, mientras no suba mucho la tasa de interés. Ese es el único frente donde identifico un riesgo importante, porque creo que el tipo de cambio seguirá muy competitivo así el dólar caiga un poco, que el nuevo director de la DIAN mantendrá la lucha contra el contrabando y que la inversión pública no caerá mucho más.



Muchos de mis colegas insisten en que el responsable de un eventual aumento de las tasas de interés será el Gobierno, al no reducir su déficit fiscal, pero lo cierto es que la relación entre déficit fiscal y tasas de interés del mercado es tenue. En los últimos 18 meses las tasas de interés del sistema bancario se desplomaron, a pesar de un déficit fiscal creciente. Sea como fuere, el Gobierno tiene metas concretas de reducción del déficit fiscal. Y, para colmo, las está cumpliendo.



Es innecesario entrar aquí en una discusión de los determinantes de las tasas de interés. Si el Banco de la República mantiene un flujo de liquidez adecuado, y no sube sus propias tasas ni hace otras cosas por el estilo, nadie podrá echarle la culpa por una nueva recesión y un empeoramiento de la crisis financiera. Cada cual podrá culpar, entonces, al déficit fiscal, o a la bestia negra que deteste.



Pero si la Junta impulsa un alza de las tasas de interés, con la idea de mejorar sus chances de bajar más la inflación, pueden ocurrir tres cosas. Primera, que lo logre, sin hacer abortar el crecimiento y sin empeorar la crisis financiera. En ese caso propondré que le hagan una estatua. Segunda, que logre sus metas de inflación pero a costa de una nueva recesión y una crisis financiera más profunda. Tercera, la más probable, que fracase en bajar la inflación pero ahonde la crisis. En el último caso la mayoría de los lectores quizás estará de acuerdo en que estamos en mora de una solución de fondo.
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