Opinión

  • | 2004/12/10 00:00

    Creación de la junta de su negocio familiar

    Las juntas directivas independientes pueden ser una de las mejores cosas que le ocurran a una empresa familiar.

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Es un hecho notorio que muchos negocios familiares no tienen una junta, y que muchas compañías privadas y públicas que sí las tienen frecuentemente las perciben como inefectivas. ¿Por qué? ¿Deben los dueños de las compañías familiares invertir tiempo y recursos en este asunto?

¿Cuál es el propósito de una junta? La mayoría de los expertos estaría de acuerdo en que las responsabilidades de las juntas incluyen la conformación de la visión y estrategia a largo plazo para la compañía; la identificación de las principales amenazas y oportunidades; la evaluación de fusiones, adquisiciones y ventas de ciertas divisiones; la supervisión y evaluación de la implementación de la estrategia; la contratación, evaluación y despido del CEO; la planificación para la sucesión, y la conformación de relaciones externas. Las juntas supervisan el desempeño legal y ético y ayudan al equipo de la alta gerencia a lograr sus objetivos.

En el negocio familiar, yo argüiría que las juntas tienen una naturaleza mucho más decisiva. ¿Por qué? Primero, porque por lo general aportan al equipo gerencial un mayor conocimiento. Segundo, porque estabilizan el negocio, debido a su actitud profesional consistente en separar la identidad de la familia o del empresario, de la del negocio. Tercero, porque disminuyen la dinámica familiar en ciertas decisiones críticas; y cuarto, porque pueden profesionalizar la sucesión, lo que por tanto, aumenta la armonía familiar.

Muchas compañías familiares encuentran que la creación de una junta profesional, con combinación de directivos integrantes y no integrantes de la familia, posibilita un pensamiento y unas decisiones más racionales. Por ejemplo, en una compañía en la que el padre era el presidente de la junta, el hijo mayor (de 50 años) ansiaba convertirse en el CEO. El padre estaba orgulloso de su hijo, pero estaba descontento con su desempeño en ciertas áreas decisivas. No obstante, siempre que el papá confrontaba al hijo, él culpaba a algunos de sus gerentes, a las condiciones económicas, etc.

Si el padre se rehusaba a promover a su hijo, podía perder no solo su relación con él, sino también con la nuera y los nietos. Pero no confiaba en el liderazgo de su hijo, situación que, por supuesto, el hijo percibió en su corazón y en su alma.



Una buena junta directiva podría ser de gran valor en este caso pues, ante todo, podría cambiar 'la decisión de papá' sobre la sucesión, convirtiéndola en 'la decisión de la junta', lo que mantendría la relación familiar, independientemente de la realidad del negocio.

Es obvio que este es solo un ejemplo, pero hay miles de negocios excelentes y bellas familias que se han arruinado, o que solo han crecido una fracción de su potencial real, debido a la falta de una junta efectiva. Muchas juntas de negocios familiares son muy inefectivas por la incapacidad de confrontar a los accionistas miembros de la familia, o porque estos últimos se sienten temerosos de recibir opiniones externas.

En un estudio reciente publicado por David A. Nadler en el Harvard Business Review en mayo de 2004, se halló que aunque uno de los principales criterios para determinar la efectividad de la junta era la evaluación permanente, esto sucede muy poco. Las juntas efectivas requieren tiempo, competencia y aprendizaje para crear una ventaja competitiva y aumentar las utilidades.

Si usted no tiene todavía una junta, créela. Y si ya la tiene, insista en la evaluación permanente. Podría ser lo más importante para su negocio y su familia.



Marc A. Silverman

marc@strategicinitiatives.net
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