Opinión

  • | 2005/10/15 00:00

    Cosecha inesperada

    El desplome de las tasas de interés fue un resultado no programado de la sustentación cambiaria, pero mejora mucho las condiciones para el desarrollo y merece conservarse.

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¿Qué cambió en este país para que un precio clave para el desarrollo y la distribución del ingreso, la tasa de interés real de largo plazo, cayera a menos de la mitad en seis meses? En abril de este año, cuando la inflación era 5,0%, los bonos públicos (TES) de 10 años de plazo pagaban 12,6%. En ese momento una "tasa real" de 7,6% se consideraba baja. Seis meses más tarde, la inflación sigue en 5,0% pero, a pesar del nerviosismo del mercado por la posibilidad de que la Corte tumbe la reelección, los mismos bonos pagan 8,8%, solo 3,8 puntos sobre la inflación.



Pocas personas habrían creído posible, hace un año, un descenso de esa magnitud y no recuerdo casos de otros países donde las tasas reales de interés se hayan desplomado de esa manera. Es un desarrollo económico de la mayor importancia por lo que revela sobre el funcionamiento de la economía y por las posibilidades que abre.



Respecto a las causas de la caída, para beneficio de los lectores menos familiarizados con la economía colombiana me limito a señalar que aquí no ocurrió nada parecido a un aumento súbito de la preferencia de los inversionistas por la deuda pública frente a la deuda privada, como podría concebirse tras fraudes corporativos tipo Enron. Ambas clases de bonos, públicos y privados, siguieron vendiéndose a precios cada vez mayores. Tampoco jugó un papel el cambio en las expectativas de inflación, que fueron más o menos estables.



Mucho menos podría hablarse de una mejora fiscal que hiciera reducir las emisiones de deuda pública. Según el memorando semanal del Banco de la República, durante el último año el saldo de TES en circulación creció 25%, 20 puntos por encima de la inflación.



Lo que estamos viendo es un gran aumento de la oferta de ahorro externo, en magnitud más que suficiente para atender la demanda pública y privada y presionar la baja de las tasas de interés. Pero no fue solo eso, pues no es difícil imaginarse un escenario donde esa oferta de fondos externos, en lugar de desplomar las tasas de interés, hubiera tumbado el dólar, digamos a $1.500, mientras dejaba las tasas de interés arriba. Para ello habría bastado que la Junta renunciara a sustentar el dólar y operara, como recomendaban algunos, "con las reglas de la flotación".



Por fortuna no lo hizo. Bajo presión del Presidente de la República y de un sector de la opinión, la Junta optó por sustentar el dólar mediante la acumulación masiva de reservas adquiridas con emisión monetaria. Y al hacerlo indujo el exceso de liquidez que se requería para quebrarles el pescuezo a las tasas de interés. Estamos en vísperas de la 'solución final' que preví hace tres o cuatro entregas de esta revista.

¿Hay algo de malo en tener tasas tan bajas? Aunque todos sabemos que no hay almuerzos gratuitos me parece que en este caso los efectos positivos superan en mucho los negativos. El alivio fiscal ya se está cosechando y le vendrá de perlas a gobierno. A medida que la economía colombiana se globaliza es más importante que los productores colombianos no estén en tanta desventaja frente a los asiáticos, que siempre han tenido tasas bajas. El impacto de las bajas tasas de interés sobre la distribución del ingreso es progresivo, pues no suelen ser los más pobres quienes viven del capital. Respecto al posible daño al ahorro y la acumulación, estoy convencido de que el ahorro de largo plazo, el que las personas efectúan para su retiro, responde en forma inversa a las tasas de interés: no hay como tasas de interés bajas para convencer a los futuros pensionados de que tienen que ahorrar más si aspiran a asegurar una vejez decorosa.



Pero hoy los mercados están nerviosos. Hay mucha riqueza en juego y un manejo incorrecto de las tasas, que no reconozca que el bajo nivel de las tasas al que llegamos casi por accidente debe preservarse, podría causar o permitir una catástrofe financiera y económica, comenzando con un desplome de los precios de los activos.



No propongo tasas fijas y no descarto que, bajo ciertas circunstancias, un aumento moderado pueda contribuir a mantener la salud de la economía. Las tasas de interés son un precio y la economía de mercado no funciona con precios rígidos. Pero toda la experiencia mundial muestra que un país puede lograr que ese precio clave ejerza sus funciones sin que, para ello, tenga que salirse de rangos razonables. Las condiciones para mantener el 'logro fortuito' más reciente de la política económica, tasas de interés bajas, deberían recibir alta prioridad en las discusiones futuras.
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