Opinión

  • | 2008/10/24 00:00

    Corriendo a salvarse

    Los gobiernos latinoamericanos están tratando de reforzar sus defensas ante la inminencia de contagio de la crisis financiera global.

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En cuestión de un mes cambió radicalmente el panorama económico para América Latina, debido a las ramificaciones de la crisis financiera global. El efecto más visible ha sido el aumento del riesgo percibido en los mercados de deuda. Los márgenes de los títulos de deuda latinoamericana han pasado de 388 puntos básicos, antes de la fatídica quiebra de Lehman Brothers a mediados de septiembre, a cerca de 700 el 17 de octubre. Ni siquiera Chile ha escapado a estos aumentos. Sus títulos de deuda se cotizan con márgenes de más de 300 puntos, en vez de los 180 puntos de hace un mes. Países considerados de bajo riesgo, como Brasil, Colombia, Costa Rica, México y Perú, enfrentan márgenes en torno a los 500 puntos. Colombia saltó de 248 a 521 puntos. Con márgenes de más de 1.300 puntos Argentina, Ecuador y Venezuela están en la práctica excluidos de los mercados de crédito externo.

Por este canal, el contagio se está transmitiendo rápidamente a los mercados cambiarios y crediticios internos. En unas pocas horas, en la segunda semana de octubre, México perdió más del 10% de sus reservas tratando de defender el tipo de cambio. Desde la quiebra de Lehman, el peso mexicano se ha devaluado 21%. El real brasileño va en 19% de caída desde el mismo momento y, el peso chileno, que el 15 de octubre tuvo la devaluación más grande en 19 años, se ha devaluado 17%. La inestabilidad cambiaria ha causado pérdidas enormes a cientos de empresas.

Las grandes empresas, que ya no pueden conseguir crédito en el exterior, están poniendo en el congelador sus programas de inversión, mientras tratan de cubrir sus necesidades inmediatas de financiamiento en los mercados domésticos. Las empresas medianas y pequeñas están siendo desplazadas y perdiendo el acceso al crédito. La calidad de las carteras bancarias se está deteriorando, contribuyendo al encarecimiento y la escasez del crédito. Todo este apretón crediticio afectará el crecimiento.

Las proyecciones publicadas en las dos primeras semanas de octubre reconocen que el crecimiento disminuirá, pero aún son relativamente optimistas. El Fondo Monetario Internacional espera que la región crezca 4,6% en 2008 y 3,2% en 2009. LatinFocus habla de 4,5% en 2008 y 3,3% en el 2009. Todavía estas proyecciones pueden ser realidad, si surten efecto las decisiones que están tomando los gobiernos y se refuerzan a tiempo con otras medidas todavía más ambiciosas.

El Banco Central de Brasil ha decidido respaldar con reservas internacionales los créditos comerciales para las exportaciones otorgados por los bancos brasileños en el exterior. También ha ampliado las líneas de crédito de preembarque para las exportaciones que ofrece su principal banco de desarrollo, el Bndes. En Chile se han abierto cuantiosas subastas de depósitos para ampliar la liquidez del sistema bancario. Colombia eliminó los requisitos de reservas para el financiamiento externo a los bancos. Varios países han reducido los coeficientes de reservas sobre depósitos.

El objetivo común de todas estas medidas es inyectar recursos al sistema financiero y proteger los flujos de crédito para los sectores productivos. El riesgo que se está asumiendo es una fuga de capitales alimentada con estos recursos. Es un riesgo que hay que correr, so pena de sufrir un infarto crediticio como el que tiene en coma a los sectores productivos de Estados Unidos y como el que sufrieron muchos países latinoamericanos con la crisis rusa de fines de los noventa.

Por suerte, en este momento el dinero no tiene mucho a donde huir. Para prevenir este riesgo lo crucial es disipar cualquier duda de que faltarán reservas internacionales o de que el gobierno no podrá financiarse. Los ministerios de finanzas de toda la región se han puesto ya en acción para buscar recursos externos con ese propósito. Y aquí es donde entran los organismos internacionales.

El Banco Interamericano de Desarrollo, junto con la Corporación Andina de Fomento y el Fondo Latinoamericano han ofrecido US$9.300 millones de uso inmediato, y sumas adicionales según evolucionen las condiciones de mercado en los próximos meses, para ayudar a los bancos centrales y a los sectores financieros a mantener el flujo de crédito a los sectores productivos. Estos recursos serán decisivos para los países medianos y pequeños de la región, pero no serán suficientes para prevenir las dificultades que podrían tener las economías de mayor tamaño. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, con el apoyo de los gobiernos de los países desarrollados, tienen todavía la responsabilidad de coordinar paquetes de ayuda para las economías más grandes, a fin de evitar que se hundan en un círculo vicioso de falta de crédito, temores de devaluación y huida de capitales.

EL AUTOR ESTÁ VINCULADO AL BID PERO SE EXPRESA A TÍTULO PERSONAL

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