Opinión

  • | 1998/12/14 00:00

    Cooperativas y honestidad

    La economía solidaria puede trabajar con la misma eficiencia del sector privado y ser un vehículo para la solución de los problemas de la comunidad.

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El sector cooperativo es una buena opción para las reformas micro que requieren tantas instituciones estatales que han fracasado. Se constituye en un modelo asociativo ideal para la subsistencia de la pequeña empresa, que permite que ésta se beneficie de las economías de escala, individualmente inalcanzables. La economía solidaria es un punto intermedio entre el mercado salvaje y el Estado absoluto, al cual pueden concurrir el interés colectivo, la creatividad individual y la competitividad.



Las defraudaciones y quiebras de varias de estas entidades podrían matar una esperanza. De perder la ciudadanía confianza en el modelo, que es la más visible expresión de economía solidaria, se crearía un gran vacío de instrumentos de fraternidad que ayuden a resolver las agudas contradicciones de nuestra sociedad.



Ojalá el Gobierno y la Fiscalía tomen las más drásticas determinaciones a fin de curar el mal. La revolución silenciosa no puede ser maltratada por corruptos. Lo mejor para el cooperativismo y para el país es que éstos vayan a la cárcel con sus cómplices de instituciones públicas y privadas.



Las dificultades dan la oportunidad de aplicar todos los correctivos para reconstituirlo como una forma de organización de la economía popular, necesaria por razones sociales y por ser más adecuada al funcionamiento transparente del Estado. Por supuesto, necesita como incentivo ese sentimiento de servicio público, propio de las más elevadas causas, inexistente en muchos casos pero no anulado como regla.



La decisión del Gobierno de crear el Fondo de Garantías para el Cooperativismo es sana y oportuna; se estaba en mora de contar con esta institución. Con prescindencia de que sea un fondo propio o de la tesis alternativa de que se constituyera en una cuenta del Fondo de Garantías, el hecho de exigir la afiliación de los sectores financieros solidarios le devuelve a la comunidad la confianza que la crisis pudo anular, con lo cual nos habrían privado del instrumento cooperativo para luchar por la armonía social.



Colombia posee buenos ejemplos de cooperativas y empresas solidarias en el sector agropecuario, como en el mercadeo e industrialización de leche; en industrias, como la de impresores; en educación, en la cual padres de familia y educadores se han unido para superar falencias oficiales; en salud, con empresas promotoras y solidarias, y en el sector financiero. Estos deben multiplicarse.



Para ello el Estado tiene que promover, vigilar y sancionar con eficacia. Y la comunidad cooperativa debe comprometerse en enaltecer un valor: la honestidad.
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