Opinión

  • | 2004/04/16 00:00

    Contrarreloj

    Las bajas tasas de interés internacionales no durarán mucho tiempo. Es hora de reducir la deuda pública y mejorar su perfil de plazos y tasas.

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Ha regresado el optimismo a América Latina. Hay señales de recuperación en muchos países, y Colombia no es la excepción. Las principales causas son de origen externo. Los precios de las materias primas están en su punto más alto en seis años, y el costo de los recursos de financiamiento externo ha bajado a niveles que no se habían visto en varias décadas. Estas condiciones están propiciando tasas de devaluación moderadas y menores tasas de interés domésticas.

En el frente fiscal, reina una sensación de alivio, pues están aumentando los ingresos tributarios y se ha reducido el costo de servir la deuda pública. No sorprendentemente, desde la Patagonia hasta el Río Bravo están aumentando las presiones políticas para incrementar el gasto público, con el argumento de afianzar la recuperación económica, crear empleo y aliviar las deudas sociales.

Sería insensato ceder al canto de las sirenas. Con niveles de deuda pública por encima del 50% del PIB, Brasil, Colombia y otros países están en una posición muy vulnerable frente a perturbaciones externas que podrían afectar los ingresos tributarios o encarecer el servicio de la deuda. El factor de riesgo más evidente en la actualidad es un posible aumento de las tasas de interés internacionales. Es preciso tener en cuenta que la tasa de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos es la más baja en los últimos 45 años. Aunque la Reserva Federal ha anunciado que tendrá paciencia en modificarla, casi todos los analistas dan por hecho que habrá aumentos de consideración en los próximos 18 meses. La razón es que tan bajas tasas de interés están induciendo excesos de gasto en Estados Unidos que se manifiestan en un déficit externo del orden del 5%, el cual será cada vez más difícil de financiar.

La experiencia pasada da pie para pensar que un aumento de 200 puntos básicos en la tasa de intervención de la Reserva Federal se traduciría en un encarecimiento de 500 puntos del financiamiento externo para la región y tal vez mayor en las fuentes de financiamiento doméstico. En estas condiciones, dados los actuales niveles de deuda pública, los gobiernos se verían abocados a lograr ajustes fiscales equivalentes a varios puntos del PIB, que se traducirían rápidamente en caídas abruptas del crecimiento.

Por consiguiente, los gobiernos cometerían un error si no aprovechan el mayor crecimiento actual para fortalecer lo más rápido posible los resultados fiscales. Solo así recuperarán el espacio que necesitarán cuando sobrevenga un evento externo o interno desfavorable, como tarde o temprano ocurrirá. Sería un evidente mal negocio agregar algo de leña fiscal a la llama del crecimiento, que por sí sola ya está tomando fuerza, en lugar de guardar algunas reservas para evitar más adelante un enfriamiento abrupto de la economía.

Aparte de sus abultados niveles, las deudas de los gobiernos latinoamericanos presentan otras características indeseables que deben tratar de corregir ahora que los mercados internacionales y domésticos se muestran favorables a la región. En la mayoría de los países, una proporción muy alta de las deudas está denominada en monedas extranjeras, o atada a las fluctuaciones de los tipos de cambio. Esta característica es en buena parte responsable del aumento en los coeficientes de deuda de los últimos años por el efecto de la devaluación y es uno de los causantes del inadecuado comportamiento cíclico de las políticas fiscales en la región. Otra característica indeseable de las deudas públicas es su corta duración, lo cual expone el costo del servicio a las vicisitudes de las tasas de interés internas y externas. Por supuesto, la cabal solución de estos problemas solo será posible si se desarrollan los mercados de capitales domésticos y si los países acceden a los mercados internacionales de capitales con títulos denominados en sus monedas.

Estas limitaciones refuerzan la necesidad de aprovechar la fase de recuperación económica para fortalecer la posición fiscal y para mejorar el perfil de monedas y los plazos de las deudas. Aunque las tendencias hacia la apreciación cambiaria pueden crear la apariencia de que la deuda en dólares es más barata, los gobiernos no deberían ignorar que a menudo esta ganancia es solo aparente, pues tiende a deshacerse justamente cuando se termina la fase de recuperación y cuando -por tanto- es más necesario contar con una sólida posición financiera.
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