Opinión

  • | 2010/10/15 00:00

    Construyendo paz y armonía en el campo

    Para que la devolución de tierras sea exitosa, deberá estar acompañada de todas las garantías de seguridad para los campesinos y de programas de fomento y apoyo tecnológico que permitan una recuperación efectiva de la productividad del campo.

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El proceso de restitución de tierras no pinta nada fácil, tal como lo presagia el asesinato del líder campesino Hernando Pérez, en Necoclí, el mismo día en que el ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, entregara 34 títulos de propiedad a igual número de familias que habían sido amenazadas y despojadas de sus tierras, entre ellas la familia del líder asesinado.

 

En la región es vox populi que quien ordenó ese asesinato fue un ganadero de la región vinculado al narcotráfico, quien además, según se dice, ejerce gran influencia sobre la policía, la fiscalía local y hasta el mismo alcalde. Tanto el vicepresidente Angelino Garzón como el mismo Ministro han solicitado al Fiscal General integrar una Comisión Especial para investigar los hechos con el fin de que se haga justicia. Este es solo el comienzo de lo que será un largo viacrucis para lograr tramitar la ley de restitución de tierras, ya radicada en el Congreso de la República, acto legislativo que permitiría cambiarle la cara al país, pero ante el cual muchos enemigos han manifestado su rechazo.

Para que la devolución de tierras a sus dueños -cuya meta es alcanzar la cifra de 500.000 hectáreas al año a lo largo del cuatrienio- sea exitosa, deberá estar acompañada no solo de todas las garantías de seguridad para los campesinos, sino también de programas de fomento y apoyo tecnológico que permitan una recuperación efectiva de la productividad del campo en manos de ellos.

Un muy buen ejemplo que ha demostrado en la práctica cómo evitar el desplazamiento y, a futuro, consolidar los procesos de retorno, se puede encontrar en la experiencia desarrollada por programas como los que adelanta la Corporación para Estudios Interdisciplinarios y Asesoría Técnica (Cetec), entidad que, con 25 años de experiencia, trabaja en conjunto con la Asociación Regional para el Desarrollo Campesino Norte Caucano (Ardecanc), que agrupa a 29 asociaciones veredales de los municipios de Santander de Quilichao, Buenos Aires, Caldono, Caloto, Guachené, Villarrica y Jamundí en los departamentos del Cauca y del Valle. Estas asociaciones veredales, a su vez, agrupan a más de 1.200 familias, mayoritariamente de población afrocolombiana. El objetivo de Ardecanc, entidad de segundo piso creada en 1999, es representar y organizar a sus miembros en procesos de producción y mercadeo de sus productos, bajo principios como los de una convocatoria libre, sin discriminación, no a la violencia y toma de decisiones democráticas.

Los resultados son sorprendentes. En 2009 Ardecanc vendió 1.800 toneladas de productos, entre los que se destacan pollos, tomate, piña, panela, arroz orgánico y harina de yuca por más de $1.350 millones, los cuales se mercadean en los principales supermercados de Cali. En lo corrido de 2010 las ventas ya superan los $1.700 millones.

El éxito de estas comunidades se ha basado en una adecuada asistencia técnica por parte de Cetec, y en los fondos de capital semilla que han permitido el establecimiento de un fondo rotativo, con lo cual, los proyectos productivos han despegado y han permitido crear una sólida cultura de pago entre los afiliados, hasta el punto que, para el gerente del Banco Agrario de la zona sur del país, los créditos que solicitan los miembros de Ardecac son inmediatamente aprobados puesto que la cartera morosa no llega al 0,5%, algo que no pasa en ningún otro sector de la economía. Estas alianzas cuentan, además, con un sólido respaldo de cadenas, como Almacenes la 14, Superinter, Pollos Bucanero, entre otros, que garantizan el mercado y unos precios justos, ante la seriedad con que las comunidades han asumido sus procesos productivos.

Han sido tales los logros, que en la actualidad son las mismas comunidades las que prestan la asistencia técnica de alta calidad a sus vecinos, reduciendo costos de desplazamiento y dando una respuesta inmediata.

El ejemplo de Cetec y Ardecanc está listo para ampliarse a otras tantas regiones del país que están llenas de necesidades de asistencia técnica, no solo para aumentar la productividad, sino para garantizar el mejoramiento de las condiciones de vida de sus pobladores y su integración efectiva a una sociedad que les ha dado la espalda por décadas.

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