Opinión

  • | 1998/03/04 00:00

    Consenso ético

    Directivos y empleados deben hablar el mismo lenguaje y tener objetivos comunes para garantizar que la empresa va a actuar con responsabilidad social.

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La empresa, constituida por accionistas, administradores y trabajadores y concebida como institución socio económica que tiene una responsabilidad moral con la sociedad, debe sumar al fortalecimiento de la confianza de la opinión, la necesidad de tomar decisiones en las cuales prevalezca la responsabilidad a largo plazo, lo que a su turno se convierte en una garantía de supervivencia de la organización.



Dentro de las empresas deben explorarse mecanismos que conduzcan a fortalecer la ética en los negocios, entendiendo que ésta no se limita a las prohibiciones sino que, de igual modo, se ocupa de la promoción de valores positivos que contribuyen al éxito de la empresa y de las personas que la integran, como lo afirma Octave Gélinier.



Entre los medios más utilizados para discutir y afianzar el consenso ético entre los integrantes de una empresa pueden mencionarse:



1. La promulgación de misiones empresariales que sinteticen los compromisos éticos y formen parte de una filosofía expresa y formal, aplicada en una organización transparente, respaldada con integridad y ejemplo de los directivos. Estos últimos deben estar dispuestos a asumir los riesgos que tanto la sociedad como la empresa les exigen a quienes ejercen tales responsabilidades.



2. La adopción de códigos de ética o de conducta, o la redacción de una carta ética empresarial, permite la discusión sobre el tema ético, la claridad y la generación de un consenso sobre conductas adecuadas. Los códigos de ética son declaraciones corporativas que ayudan en la resolución de conflictos, en la orientación de las decisiones, en la aclaración de las responsabilidades, en la integración de las personas en un proyecto de cooperación y en la regulación de la conducta de quienes trabajan en la empresa y son, además, elementos que fortalecen los nexos transparentes de la organización con la comunidad, el gobierno, los clientes, los empleados, los accionistas, los proveedores y los contratistas.



Hacerlo explícito refuerza la obligatoriedad de las normas y permite conocer las consecuencias de su incumplimiento. Para Adela Cortina, la adopción de estos códigos intenta plasmar un "ethos" cooperativo sustentado en una unidad diferenciada que se convierte en un proyecto integrador, en la medida en que consiga potenciar las capacidades de los miembros de la empresa.



Los códigos de ética deben contener definiciones sobre conducta de los empleados, conflictos de interés, control de información confidencial, prohibición del uso de información privilegiada, integridad en registros contables y prohibición de dar y recibir dádivas. Es igualmente necesario establecer y vigilar claramente los límites entre los territorios empresariales y los personales para evitar abusos y desviaciones.



3. Es indispensable la inclusión en los contratos de trabajo con los empleados de elementos individuales explícitos en lo referente a su responsabilidad en el mercado, en la vida social y en lo correspondiente al respeto del medio ambiente y la seguridad y calidad de los productos de la empresa. Es necesario que el trabajo de los empleados sea compatible con sus propios proyectos personales.



4. La educación en ética debe formar parte de los programas de capacitación y formación del personal de las empresas. Igualmente, la cátedra de ética debiera estar incorporada al contenido académico en colegios y universidades, los cuales podrían, además, enfatizar en proyectos que desarrollen la sensibilidad sobre el tema, como lo hace ­por ejemplo­ en Colombia el Programa de Excelencia Profesional, PEP.



5. La aparición y nombramiento del defensor de los clientes (ombudsman) contribuye a aclarar la conducta de la empresa y de los empleados frente a sus consumidores. Su misión será exitosa en la medida en que dispongan de la independencia y autoridad profesional y moral suficientes para ordenar correcciones y cambios en la organización institucional.



6. La integración en los gremios de comités sectoriales de ética que regulen la competencia entre los afiliados puede ser un instrumento interesante, tal cual ha venido operando con resultados positivos en algunas profesiones liberales, como la medicina y el derecho.



7. Debe ejercerse en forma explícita el control a las contribuciones políticas para evitar que se conviertan en mecanismos que deformen los principios éticos del buen gobierno. Si la sociedad no ejerce una vigilancia severa de las financiaciones privadas a las campañas políticas, se puede generar un intercambio recíproco de favores que significa una deformación perversa de los postulados éticos de la vida democrática, como bien lo ha expresado Fernando Cepeda Ulloa.



8. El fortalecimiento de la justicia y el sistema de sanciones para disuadir los comportamientos contrarios a la ética y las conductas empresariales originadas en prácticas corruptas y en uso de información privilegiada. El legislador colombiano ha venido expidiendo normas sobre medio ambiente, lavado de activos, delitos de iniciados y prácticas monopólicas. También debería incluir en el futuro otras disposiciones para preservar los derechos de los consumidores y enfrentar la corrupción.



9. El cumplimiento estricto por parte de las empresas para operar en condiciones seguras frente a las comunidades, el personal que trabaja en ellas y el acatamiento a las normas ambientales y legales propias de su actividad.



10. El control severo por parte de la alta dirección de las empresas para impedir los beneficios indebidos, la competencia desleal, las prácticas engañosas o inmorales y las transacciones con personas o entidades cuyo comportamiento esté judicialmente cuestionado.



11. La equidad que debe distinguir a la dirección de las empresas al considerar su compromiso con la totalidad de los accionistas, respetar las minorías y cuidar celosamente el proceso de transferencias entre compañías asociadas, procurando siempre que se hagan en condiciones de mercado y se consulte el interés general.



La puesta en marcha de estos mecanismos para lograr el consenso ético dentro de la empresa, contribuirá con toda seguridad a que firmas y empresarios pongan su grano de arena para el mejoramiento de las condiciones de vida de la sociedad, y para que sus actuaciones contribuyan a la paz y al progreso del país.
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