Javier Fernández Riva

| 9/20/2002 12:00:00 AM

Con el pecado y sin el género

El inesperado cierre del crédito externo e interno para el gobierno amenaza convertir la política tributaria, la de gasto y hasta la monetaria en una colcha de retazos.

por Javier Fernandez Riva

Al ritmo que vamos, cuando usted esté leyendo esta nota, unos días después de que la envío a Dinero, ya habrán explotado otras cargas de profundidad en materia fiscal, por el estilo de la propuesta de referendo para hacerle el quite a la última reforma constitucional sobre las transferencias regionales. O la del aumento del impuesto a la renta. Y algún funcionario aficionado a las metáforas habrá dicho que no, que esto no es el Titanic, como dijo el director del DNP, sino el dirigible Hindenburg de manera que, si no hacemos lo que él dice, no vamos a ahogarnos sino a asarnos.



Me han dicho que el equipo económico está tratando de alinear al Presidente con su programa, que tiene muy poco que ver con el Manifiesto de 100 puntos de Uribe. Puede ser. Pero creo que muchas de las salidas en falso del gabinete se explican porque tropezó con algo inesperado, perdió el equilibrio y todavía no se recobra.



Lo inesperado fue el cierre del crédito. Aquí estábamos acostumbrados a que cada año el gobierno obtenía créditos nuevos por encima de los vencimientos y financiaba los intereses con más deuda. En los últimos cinco años el gobierno no pagó un peso o un dólar de intereses que le hubieran financiado.



No va más. El crédito externo se cerró. Y la colocación de deuda interna (TES) se tornó imposiblemente cara debido, entre otras cosas, a errores de manejo que son la comidilla en los círculos especializados. El gobierno aún conserva la esperanza de que mejore la situación brasileña y que, cuando ello ocurra, el mercado internacional vuelva a abrir sus puertas. Además, está haciendo lo posible para estirar la cuerda, diseñando proyectos de inversión muy discutibles, y que ni siquiera requieren divisas, para "llenar la tubería de proyectos con las entidades multilaterales". Esto es, para conseguir unos cuantos dólares más y continuar pedaleando. Cuando el equipo económico se dio cuenta de que de todas maneras no le cuadraban las cuentas su primera reacción fue subir a lo que fuera los impuestos, nada menos que en $4 billones. Por fortuna el Presidente desautorizó esa propuesta, que habría precipitado al país en una recesión terrible. Ahora se anuncia que el gobierno buscará que los contribuyentes adelanten para el 2003 los pagos del impuesto de renta del 2004. Y que congelará los gastos por dos años, así sea recurriendo a un referendo.



Debido a la renuencia a utilizar en forma abierta los mecanismos legítimos de financiamiento disponibles en una emergencia, como hizo Junguito en 1985, el país ha comenzado a tejer una colcha de retazos de impuestos "transitorios" y "congelamientos" de gastos, en lugar de abocar la tarea de fondo de definir el Estado que puede y quiere financiar, y de efectuar una reforma tributaria con criterios de largo plazo, que permita financiar el Estado totalmente con impuestos una vez la economía ascienda a una senda de pleno empleo.



El equilibrio fiscal que debe buscarse es bajo pleno empleo, pues de otra manera la recesión empeoraría, como lo intuyó el Presidente, y con ella la situación fiscal. El inevitable déficit mientras el país continúe operando por debajo del pleno empleo debe financiarse al menor costo posible, y eso incluye cierto grado de emisión. Contra lo que creen los ingenuos, que se escandalizan de la palabreja, lo cierto es que hace rato que el Banco de la República viene emitiendo para el gobierno, con gran hipocresía, total carencia de criterios de largo plazo y sin control alguno por parte del Congreso y de la opinión pública. La continuación de las emisiones subrepticias para el gobierno, en lugar de su incorporación programada y limitada en el presupuesto, solo logrará que el país se quede con el pecado y sin el género.
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