Opinión

  • | 2005/08/19 00:00

    Con los ojos desde el extranjero

    La palabra paramilitarismo es la segunda identificación de Colombia. Y tanto por su actualidad, como por su vaguedad, es lo que más preguntas despierta.

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Unos pocos días en el extranjero ayudan mucho a distanciarse de las abrumadoras noticias diarias, pero también a reflexionar mejor sobre los procesos que vive Colombia; paradójicamente se puede decir que uno se aleja de los problemas pero puede concretar mejor lo que piensa respecto a ellos.

Obviamente, los interlocutores que uno encuentra no están ni focalizados ni mayormente informados sobre lo que acontece en Colombia; pero también naturalmente lo poco que les llega de noticias (y el hecho de que uno sea colombiano) hace que se interesen casi como en una película de suspenso en cómo es el país y qué es lo que aquí pasa; les intriga todo, desde lo que sucede, el porqué sucede y el qué se supone o se espera sucederá después.

Además, al igual que aquí, el hecho más notorio al pasear por el extranjero es la polarización que se ha venido produciendo, en el sentido de que la gente está alineada a favor o en contra del nuevo orden mundial que se ha venido creando (según cómo la afectan temas como la globalización, el terrorismo y las confrontaciones que genera la política de Bush), y tiene posición tomada respecto a todo lo que le interesa oír; en alguna forma 'interpreta' lo que uno conversa de acuerdo con el prisma que cada cual tiene.

Esto hace que, acostumbrado a tratar nuestros temas con personas empapadas e inmersas en ellos, sea un enriquecedor ejercicio intentar transmitir a terceros y en resumido tanto la información como la visión que uno tiene. No solo se entiende cuál es la percepción externa sino complementa uno el propio análisis -que usualmente hace con lo que conoce desde adentro- con una inclusión obligada de cómo se relaciona con lo de afuera.

Visto en cabeza ajena y escudriñando la percepción que tienen, entiende uno más la dificultad que se presenta para comprender lo que pasa en nuestro país.

Ante todo, para ellos es sorprendente que con unos mismos datos se puedan dar interpretaciones absolutamente contrarias y, por supuesto, los confunde cualquier presentación que se intente.

Todas las noticias que salen son referidas a una guerra, con datos sobre batallas, emboscadas, soldados muertos, procesos de paz, etc. (aunque Pablo Escobar aún es lo más conocido ya ni él ni la droga son temas vivos), pero simultáneamente el Presidente viaja expresamente a convencerlos de que aquí no hay guerra ni conflicto armado.

La palabra paramilitarismo es la segunda identificación de Colombia y tanto por su actualidad, como por lo vago de ella, es lo que más preguntas despierta.

'Autodefensa' y 'paramilitar' tienen universalmente un sentido diferente al que aquí les damos: son entendidos respectivamente como una forma de aplicar el principio de la 'defensa propia' de manera colectiva, y como característica de grupos que tienen una estructura similar a la militar y pueden cumplir funciones paralelas al servicio del Estado, dirigidas o no por las fuerzas armadas, en principio legales, aunque pudiendo desviarse hacia la ilegalidad. No se entiende por esos términos una subversión de derecha o una organización privada que para preservar un orden que les beneficia (pero que está siendo atacado incluso por la vía de las armas), violenta e ilegalmente acude a los mismos métodos o a unos más bárbaros. Al dialogar alrededor de estas aclaraciones comprende uno que se inició tendiendo a lo primero y hoy tiende a lo segundo; actualmente es una especie de propuesta o partido político armado con autonomía y autosuficiencia militar, económica y política, que compite por imponerse en el poder.

'Desmovilización', como palabra inusual para extraños, requiere explicación. En cuanto a la mecánica es fácil decir que es entrega de armas contra garantías de ciertos privilegios que el resto de la población no tiene: subsidios en dinero, empleo, oportunidades de educación, etc. En cuanto a lo que implica o significa es más difícil de precisar pues de las apariencias surgen desprevenidamente las dudas: ¿es la entrega del paramilitarismo al Estado o al revés?, ¿esas prebendas que otros no reciben son la retribución a un servicio prestado?, ¿el gobierno que adelanta ese programa se identifica o en alguna forma simpatiza con ellos? La respuesta para esto se complica pues la aclaración de que el país respalda abrumadoramente al Presidente solo genera nuevas inquietudes: ¿es toda la nación la que tiene esa condescendencia con el paramilitarismo?

De lo nuestro, lo poco que mueve el interés de los medios de opinión que circulan afuera son los editoriales y columnas alrededor de la ley de 'justicia y paz' -todos en contra-. De donde la pregunta casi automática: ¿cómo se puede estar en contra de ellas? El diálogo con esos terceros desprevenidos hace caer en cuenta y entender mejor que, teniendo normas (Constitución y Ley 752) que contemplan amnistías o indultos para los delitos de rebelión, sedición y asonada, el propósito de esta es dar una 'alternativa penal' y legalizar un tratamiento especial a otros delitos característicos del conflicto que tenemos, como los crímenes atroces o la vinculación con el narcotráfico; que juntar los dos conceptos no es para significar que están complementados y que se buscan ambos, sino que, por el contrario, el planteamiento es que la relación entre ellos debe entenderse como que es necesario sacrificar el uno para lograr el otro; que por ello es consistente que, en cuanto a lo primero, la norma no incluya a las víctimas de la confrontación y prácticamente desaparezca el castigo para los culpables; y que en cuanto a lo segundo, a pesar de su nombre, se trata es de la protocolización de una maniobra dentro del contexto de la guerra, un acuerdo entre partes que no están enfrentadas, para seguirla y no para acabarla.

Algo similar pasa respecto a la situación económica del país y el momento por el que pasa, cuando, sin controvertir sobre los hechos mismos, se producen interpretaciones absolutamente contrarias: nunca había llegado el capital extranjero en las cantidades que estamos viendo, pero para unos es porque los inversionistas son atraídos por la pujanza del país y la confianza que inspira, mientras que otros, sobre la base de que el negocio que hacen no es propiamente inversión para la creación de empresas sino compra de las existentes, lo entienden como que el país está en remate, que los primeros en desconfiar de él son los nacionales que venden, y que lo interesante para quien trae la plata es que todo se puede conseguir a menor precio; para los unos, las cifras de crecimiento por ser las más altas del último lustro muestran lo magnífico de la gestión actual, mientras para los otros por ser la primera que vez en la historia que están por debajo de las de todos los países comparables la realidad es lo contrario; para el gobierno, que alcancemos un nivel de reservas como nunca es un indicador del éxito del comercio exterior, pero para sus críticos, al señalar que su origen son las remesas de los exiliados y los altos precios de un petróleo cuya producción y reservas probadas disminuyen dramáticamente, lo que muestra, además de la crisis social y económica que detrás de esto se encuentra, es un pésimo manejo de estos recursos.

En fin, estos diálogos con terceros no involucrados y en los cuales hay que partir de cero ayudan a comprender que nuestro primer problema no es enfrentar la realidad, sino entenderla.
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