Opinión

  • | 1999/04/23 00:00

    Con los dedos cruzados

    Ya se ve una luz al final del túnel para la recuperación de América Latina.

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Lo peor de la crisis latinoamericana parece estar quedando atrás. Según los pronósticos del Banco Mundial, el PIB de toda América Latina tendrá una reducción de 0,8% en 1999, causado directa e indirectamente por Brasil, cuya economía se contraerá entre 3% y 4%. El efecto más doloroso de esta recesión será el desempleo, que aumentará unos 5 puntos en Brasil y alcanzará el 10% para la región en su conjunto.



Sin embargo, los mayores temores han empezado a despejarse y parece haber luz al final del túnel. La insostenibilidad del tipo de cambio brasileño era una espada de Damocles que pendía sobre América Latina desde hacía años y cuya fuerza ya se ha descargado. La devaluación de cerca del 50% del real brasileño tendrá efectos sobre el comercio con sus vecinos y producirá una caída del 2% en la economía argentina y reducciones en el crecimiento de los países vecinos. Pero ya es claro que no producirá una sequía de financiamiento externo generalizado para toda América Latina, como se llegó a creer.



Al contrario, el propio Brasil ha regresado ya al mercado con emisiones de bonos de dos grandes empresas privadas, y Argentina y otros países han empezado a lograr colocaciones aisladas pero significativas. La temida crisis brasileña resultó teniendo menores efectos de contagio financiero que la inesperada moratoria rusa de agosto de 1998. En parte esto fue así porque los fondos de inversión ya habían reducido sus posiciones en América Latina y el efecto estaba descontado. Pero esto es sólo parte de la historia. De hecho, los aumentos de spread de los bonos latinoamericanos fueron menores y más pasajeros que después de la crisis rusa.



El incipiente regreso de la confianza ha tenido su origen en los buenos desarrollos de Brasil y en la notable resistencia de la ortodoxia macro en prácticamente todos los países. Brasil ha hecho muy rápido los avances para lograr las metas acordadas con el Fondo Monetario, que implican un fuerte superávit fiscal, una corrección de la excesiva devaluación que sufrió el real y una reducción de las tasas de interés.



El escenario externo también ha empezado a mostrar señales de mejoría. Además del gradual retorno del financiamiento externo, se ha empezado a observar alguna recuperación en los precios de los productos primarios, aparte del petróleo cuya cotización aumentó cerca del 30% en el último mes. El sostenido crecimiento de Estados Unidos y el retorno del crecimiento en los países de Asia han propiciado esta corrección.



Aunque promisorias, estas buenas señales distan de ser definitivas. En especial, habrá que mantener los dedos cruzados para que el esperado aumento de las tasas de interés en Estados Unidos se postergue y no se produzca un derrumbe de sus mercados accionarios. Con la luz al final del túnel, cualquier país que se ponga a ensayar nuevos rumbos cometería un error. Aquellos que han mostrado mayor compromiso por la estabilidad fiscal y por mantener las reformas estructurales, como Argentina y Chile, tienen las mejores posibilidades de salir al otro lado, a pesar de los remezones que están sufriendo.
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