Opinión

  • | 2004/07/09 00:00

    Comprometerse o dar la espalda

    Casi siempre es más sencillo terminar una relación de pareja, de amistad o de trabajo, que asumir el costo de cambiar; no a la otra persona, sino cambiar uno mismo.

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Quise muchísimo a mi suegra. Fue mi amiga y consejera. Era una mujer inteligente, generosa, abierta, comprensiva. Siento que me ayudó a educarme, a comprender muchas cosas de la vida, sobre todo respecto a las relaciones interpersonales y a la educación de nuestra hija. No tuve con ella esa relación de "suegra" que describen los libros y de la cual hablan algunas de mis amistades. Una de sus principales enseñanzas me viene a la cabeza al ver en la terapia el trato que les dan a los problemas que tienen en común.

En alguna oportunidad, cuando nuestra hija tenía 3 ó 4 años, después de llamarle la atención por algo y de recibir alguna respuesta suya que yo encontré displicente, me levanté para dejarla sola, después de manifestarle mi desagrado. Entonces mi suegra me dijo algo como lo siguiente: "Si al tener un problema con ella, te volteas y te vas, no solo le enseñas a no hacerles frente a las dificultades, sino que la dejas sola con el malestar, en lugar de enfrentarlo las dos y encontrar una salida. No le des la espalda".

Con frecuencia, atiendo en terapia a parejas recién casadas -un año o dos de casadas- con la palabra separación a flor de labio. Cualquier dificultad de esos primeros años de convivencia los lleva a querer "dar la espalda" ante situaciones difíciles, que requieren el esfuerzo generoso de cada uno para superarlas. Quieren salir corriendo, sin trabajar por encontrar soluciones, alternativas, ensayar cambios que generen bienestar, y cuando se resuelven a ensayar el cambio, parecen estar todo el tiempo buscando el error del otro o la repetición de la falta para poder decir, con justificación a sus ojos, que ya no aguantan más. Lo primero que les digo un poco en chiste y muy en serio, es que les queda prohibido usar la palabra separación por lo menos durante los próximos 6 meses. Pretendo con esto que pospongan la carrera hacia la salida, para ver si asumen el riesgo de comprometerse con la relación.

En las organizaciones se pretende obviar el esfuerzo de trabajar las relaciones y de confrontar las diferencias de criterio o de opinión, mediante normas, políticas y procedimientos. Considero que de esta forma se le hace el quite a la exigencia personal que conlleva relacionarnos directamente y trabajar las diferencias. Y ahora con el maravilloso e-mail hemos reducido mucho más nuestras relaciones con colegas y vecinos de oficina. Lo usamos hasta para comentar una reunión a la que acabamos de asistir.

De los jóvenes me llama la atención que sean capaces de asumir el riesgo que exigen los deportes extremos y las actividades que liberan altas dosis de adrenalina, pero no parezcan dispuestos a correr el riesgo de asumir una relación comprometida. Por el contrario, en busca de situaciones límite, parecen preferir arriesgar una relación estable por una experiencia momentánea, que correr el riesgo de comprometerse. El riesgo al que me refiero es el de mirarse uno mismo, modificar y revisar tanto su forma de ser como algunas conductas cotidianas, cuestionarse y hacer conciencia de que lo que le pasa a cada uno y lo que cada uno siente -en la relación de pareja, de amistad y en el trabajo- es responsabilidad propia y no del otro. Este es un riesgo exigente, que requiere trabajo diario, de manera sostenida, comprometida y sin decaer. Quizá por eso algunos prefieren 'pegar carrera' o aplicar la norma, porque en cierta forma es más fácil echarles la culpa a otras personas o a las circunstancias -económicas, de espacio, de falta de tiempo- o a las normas, que asumir el costo de relacionarse directamente, revisarse a sí mismo y si es necesario, cambiar. Esto exige hacer consciente la forma en que reaccionamos frente a los demás y sus necesidades, y revisar la validez de nuestras propias creencias al verlas confrontadas con las del otro, todo lo cual nos puede llevar a dejar de ser esa persona que hemos definido que somos, pero vale la pena porque de por medio están el crecimiento y desarrollo personal, la compañía y el goce de tenerla.

Siempre me impresionó una afirmación de un gran maestro espiritual: tenemos la energía suficiente para llegar a la luna, pero no tenemos la necesaria para cambiar un pequeño hábito.



conniedesantamaria68@hotmail.com
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