Javier Fernández Riva

| 3/8/2002 12:00:00 AM

¿Compraría usted el futuro colombiano?

Como mínimo, los potenciales compradores externos esperarían, primero, a que los colombianos lo compraran.

por Javier Fernández Riva

Temo volverme cansón con esto de la economía del orden público pero acepto el riesgo porque, como están las cosas, cualquier otro tema me parece de una inaceptable trivialidad.



Para pensar con orden en lo que va a pasar se requiere una hipótesis sobre las razones que llevaron a las Farc, el 20 de febrero, a darle una bofetada pública al Presidente, que no le dejaba opciones distintas a romper o renunciar. Hay quienes creen que las Farc, pobres ingenuos, no previeron la reacción oficial. Mi hipótesis es que actuaron con su cálculo y frialdad habituales. No porque no les interesara la Zona de Despeje: les interesaba, y mucho, pero a condición de poder seguir usándola para fortalecerse, y de no tener que dar nada a cambio. Después del 20 de enero, cuando se fijó un plazo perentorio para llegar a acuerdos sobre la reducción o el cese de hostilidades, la guerrilla entendió que el gobierno creía tenerla contra la pared y pretendía que renunciara a dos importantes fuentes de ingresos --el secuestro y la extorsión-- sin entregarle, a cambio, el poder, que es lo único que le sirve. Las Farc siempre han creído que ganaron el Caguán como fruto de su guerra de décadas contra un establecimiento incompetente y una sociedad acobardada --y en buena parte tienen razón-- de manera que decidieron darle un recorderis al país sobre ese asunto. Pero, precisamente porque son calculadoras, provocaron al gobierno para que la decisión de romper corriera por su cuenta.



La guerrilla no volverá a negociar sino cuando esté derrotada militarmente --algo que hoy no le pasa por la mente a ninguno de sus cabecillas-- o cuando el establecimiento acepte volver a la mesa con el rabo entre las piernas. En ese objetivo se empleará a fondo, recurriendo incluso al terrorismo abierto puesto que ha abandonado toda aspiración a lograr apoyo popular. No sé si Tirofijo leyó alguna vez a Maquiavelo pero, por la forma como actúa, se ve que le viene natural aquello de que "es preferible hacerte temer que hacerte amar pues el temor depende de ti y el amor depende de los demás, y un príncipe prudente confía en lo suyo y no en lo ajeno".



Por supuesto, la pretensión de las Farc de llegar al poder por las armas es inaceptable en una democracia. Con independencia de lo que cada cual piense sobre el egoísmo, la miopía, la banalidad y la ineptitud del establecimiento --ojo, que no fue solo Pastrana-- es claro que la guerrilla carece de apoyo político. En un sentido bíblico hasta podría decirse que el establecimiento colombiano se "merece" la guerrilla como, quizá, el Egipto de Moisés merecía las plagas que Dios le envió. Pero eso no implica que el pueblo colombiano tenga que someterse a esa calamidad, ni que la peste sea una cosa buena.



Recuperar el orden público y garantizar que se cumpla la regla fundamental de una democracia --a la dirección del Estado solo puede llegarse mediante el voto-- es la inversión más rentable que puede efectuar un país. Incluso en los términos más prosaicos (el valor de la tierra, las casas, las empresas) la valorización del país sería colosal. Pero para la mayoría de la población hay un activo todavía más valioso: el futuro de sus hijos, el derecho a tener un país viable, democrático y seguro.



Lo malo es que ese gran activo de largo plazo no puede "titularizarse" en el sentido tradicional: para financiar la recuperación del orden público no es posible vender bonos respaldados, en términos convencionales, por el enorme valor futuro de un país en paz. Y a nadie de afuera le interesará financiar esa inversión, cuyos frutos más importantes serán intangibles, sin valor de mercado. ¿A quien diablos le interesa financiar el futuro de los hijos de otros? Mucho menos cuando ven que los mismos colombianos le sacan el cuerpo, y por eso tienen razones para temer que la inversión fracase por no alcanzar el nivel crítico requerido. Para decirlo crudamente: temen que las Farc finalmente ganen la guerra, en el sentido de forzar una negociación que incluya un default o que lleve, por el declive de la economía, a ese resultado.



Insisto. La recuperación del orden público tendrá que financiarse con recursos internos. Incluso los dólares que necesitaremos para comprar armas en el exterior tendrán que provenir de nuestras exportaciones. Nadie nos financiará la guerra que no queremos pagar. Pero hay medios. La competencia de la futura política económica se demostrará por su capacidad para allegar, en forma oportuna y suficiente, los recursos necesarios.
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