Opinión

  • | 2007/10/12 00:00

    Competitividad, biodiversidad y desarrollo sostenible.

    Asumir la biodiversidad como un producto de clase mundial y enmarcar la competitividad con una visión de desarrollo sostenible, propuesta del Alto Consejero Presidencia, es vital para el progreso del país.

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Algo inesperado sucedió en Expogestión, escenario en el cual Michael Porter —el gurú de la competitividad—, acompañado por otro selecto grupo de expositores nacionales y extranjeros, ofreció ante un auditorio al que no le cabía un alma más —y entre el que se encontraba el Presidente Uribe, todo el alto gobierno y cerca de 2.000 empresarios del más alto nivel— una fascinante cátedra sobre los retos que enfrenta Colombia para dar el salto e insertarse dentro de los países que compiten a nivel global con productos de clase mundial.

Cabe recordar que hace un par de años en Cartagena se realizó una reunión de Porter con empresarios interesados en impulsar un proceso de competitividad. Allí se sembró una primera semilla que con el tiempo empezaría a germinar. A partir de ese momento, el gobierno nacional reestableció la Comisión Nacional de Competitividad y creó la Alta Conserjería Presidencial para la Competitividad en cabeza de Fabio Valencia Cossio. Por su parte, los empresarios, siguiendo los consejos de Porter y con el aval del gobierno, conformaron el Consejo Privado de Competitividad. De manera compartida, estas instancias lograron ponerse de acuerdo sobre una visión conjunta para desarrollar sectores de clase mundial y dar un salto en la productividad y la formalización laboral y empresarial. Igualmente, acordaron como estrategias: avanzar en ciencia y tecnología y mejorar el entorno de los negocios, entre otros aspectos.

Lo inesperado, en esta edición de Expogestión, fue que, en su discurso, el Alto Consejero Presidencial planteó la necesidad de asumir la biodiversidad como un producto de clase mundial y enmarcar la competitividad dentro de una visión de desarrollo sostenible. Además, propuso crear una mesa de trabajo para estudiar este tema e incluirlo dentro de la política nacional de competitividad que próximamente dará a conocer el gobierno.

Sin duda se trata de una expresión y de una voluntad política fundamental para un país que se caracteriza por su extraordinaria biodiversidad (número uno a nivel mundial por kilómetro cuadrado) y también por los altos índices de deterioro ambiental que, de continuar así, pueden comprometer el futuro desarrollo económico y social, así como la sostenibilidad ambiental y los servicios ambientales de los que depende gran parte de la población colombiana.

El Instituto Von Humboldt, dentro de su iniciativa de biocomercio sostenible, ha recopilado información sobre los mercados mundiales de productos o derivados de recursos biológicos que muestra lo acertado de la propuesta de Valencia Cossio y que debe sin duda entusiasmar incluso al más pragmático de los empresarios: en 2004, la industria farmacéutica global alcanzó un mercado de más de US$500.000 millones, basados en recursos biológicos. La industria biotecnológica algo más de US$50.000 millones, en tanto que el sector de protección de cultivos US$27.000 millones y el de horticultura US$12.000 millones, con un crecimiento del 28% entre 2001 y 2005. Por su parte, el mercado de plantas vivas alcanzó los US$5.000 millones, mientras en 2002 el mercado de plantas medicinales a nivel global llegó a la cifra de US$25.000 millones, campo en el que Colombia, el país de la biodiversidad, solo exportó durante el periodo 1999 y 2002 US$3,7 millones.

La biodiversidad ofrece una gama infinita de productos, entre los que se encuentran los aceites esenciales, las gomas, látex, resinas, tintes, colorantes, follajes etc. Es evidente que el desarrollo de estos mercados requiere de inversiones importantes en ciencia y tecnología; otro de los temas que ha quedado rezagado en la agenda pública y donde el sector privado puede hacer la diferencia generando aportes económicos dirigidos a fortalecer la capacidad de las universidades y los institutos de investigación.

Nuestra diversidad biológica ofrece una doble oportunidad: al valorarla como uno de los productos de clase mundial con que cuenta el país, se abren múltiples posibilidades para un crecimiento económico y una competitividad basada en lo propio y, a la vez, se da un gran paso en la protección y uso sostenible de nuestros recursos naturales, de los cuales también depende la prosperidad colectiva del pueblo colombiano.
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