Opinión

  • | 2004/02/06 00:00

    ¿Compensacion justa a la familia?

    Cuando no hay un esquema racional de compensación, hay un síntoma de problemas tanto empresariales como familiares.

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on José tiene a sus tres hijos trabajando en su negocio. El negocio crece por el arduo trabajo que los cuatro realizan día a día. Sin embargo, los otros trabajadores, con responsabilidades similares gozan de mejores salarios. Antonio, uno de los hijos, dice que si sus salarios fueran iguales a los de los demás, habría "aún más resentimiento de parte de nuestros compañeros". Don José argumenta que sus hijos tienen, además del salario, los dividendos que resultan de las utilidades de la empresa. Pero si los hijos se fueran a trabajar a otro lado podrían tener salarios superiores, además de los dividendos, ya que su preparación académica y talento son sobresalientes.

Don Facundo, otro empresario familiar, tiene a sus dos hijas como vendedoras y las favorece con todo tipo de prebendas. No solo reciben un salario superior al de sus compañeras, sino que -con fondos de la empresa- les paga las empleadas del servicio doméstico, y el mantenimiento de sus apartamentos y la cuota de sus clubes. Aunque las dos tienen una buena relación, sus sentimientos se vuelven complicados cuando de compensaciones se habla. Marta, la menor, vende casi el doble que su hermana mayor Laura. Además, asistió a la universidad y se graduó con honores. Se especializó en mercadeo y aplica muchos de sus conocimientos en el trabajo. Laura, por su parte, no solo llega tarde todos los días, sino que por cuestiones de familia tiene que ausentarse del negocio con frecuencia. Marta se queja de que su salario, aunque es bueno y superior al promedio del mercado, es igual al de su hermana que no tiene los mismos conocimientos ni vende lo mismo.

En la fábrica de los sucesores de don Marcelo también sucede algo especial. Don Marcelo tuvo seis hijos, cinco de los cuales se fueron del país por cuestiones de seguridad. Secundino, quien administra la sociedad, vive en Colombia y ha aumentado el capital de la familia de una forma importante. Don Marcelo resolvió que, por "justicia e igualdad", sus seis hijos devengarían lo mismo, a pesar de que cinco de ellos ni siquiera viven en el país, ni trabajan en el negocio. Cada uno de los cinco que viven en el exterior tiene su negocio particular. Arsenio, el hijo mayor de Secundino, se pregunta por qué sus tíos viven "tan bueno" en el exterior a costa del trabajo de su papá. Secundino se quiere retirar porque no considera justa la situación, pero sus hermanos no han podido entender qué le sucede, si "todo marcha tan bien".

En otros casos, los familiares ni siquiera tienen salario, y el dinero que sacan de la compañía va por cuenta de utilidades futuras. Hay una verdadera confusión entre salarios y ganancias de la empresa, con un aparente beneficio por cuestiones de impuestos y aportes parafiscales. Don Benito, por ejemplo, fundador de su empresa y con 78 años, no puede retirarse, porque como nunca tuvo un salario y nunca aportó a ningún fondo de pensiones, no cuenta en este momento con una pensión apropiada. Debe seguir trabajando como un empleado más, a pesar de su edad, y ahora lamenta no haber cotizado al Seguro Social, aunque hubiera tenido que pagar impuestos.

El tema de la compensación a los miembros de la familia que trabajan en la empresa debe ser tratado con sumo cuidado porque, cuando no hay un esquema racional de compensación, hay un síntoma de problemas tanto empresariales como familiares. Como se aprecia en los casos mencionados, esto produce resentimientos, inconformidades o injusticias. Además, el mercado hoy es abierto y agresivo, y si los salarios que se pagan a los familiares no son reales, es muy difícil saber si la empresa es competitiva.



Señor empresario: estas disputas se podrían resolver si a los miembros de la familia se les pagara lo que se le pagaría a un no familiar que ocupara el mismo cargo, todo con base en mercado, conocimientos y competencias. Ni menos ni más. Incluso, sería recomendable que el pago de las personas de la familia estuviera supeditado a los resultados esperados en una planeación estratégica integral de empresa y familia.
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