Opinión

  • | 2003/09/19 00:00

    Cómo se perdió la estabilidad

    En los 90, se cerraron los espacios económicos y políticos para adoptar medidas estabilizadoras. El Referendo está tratando de recuperarlos.

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Durante décadas, Colombia fue la economía más estable de América Latina. Eso cambió en los 90. Primero pasó por un auge extraordinario, alimentado por una combinación de bonanzas de petróleo, narcotráfico y capitales externos, y luego se precipitó en una aguda crisis, de la cual no ha logrado salir. Tres grandes razones explican la incapacidad del país para volver a la estabilidad.

La primera razón fue la pérdida de discrecionalidad de las políticas macro. Por un lado, la independencia del Banco Central, la descentralización fiscal y la mayor independencia de los poderes Legislativo y Judicial frente al Ejecutivo redujeron el centralismo de las decisiones macro. Por otro lado, desaparecieron instrumentos de política como las licencias de importaciones, el control de cambios y los topes al crédito bancario. También desapareció el ritmo de devaluación del tipo de cambio como instrumento de política, primero con el sistema de bandas y luego con la libre flotación. Así, la macro fue víctima de otros objetivos que ganaron importancia, como la descentralización y la eficiencia.

La segunda razón fueron los aumentos de naturaleza permanente en el gasto público, en parte dictados por la Constitución de 1991 que creó nuevas entidades en los sectores de justicia y seguridad, prohibió cualquier corrección futura de los aumentos del gasto social, y respaldó con la tutela una serie de derechos que exigen gasto público. Esta tendencia fue impulsada además por la convicción en los gobiernos de César Gaviria y Ernesto Samper de que era deseable ampliar el tamaño del Estado para responder a las demandas sociales, y por la expectativa durante el primero de estos gobiernos de que la apertura, la liberación financiera y otras reformas estructurales elevarían en forma permanente las tasas de crecimiento económico. En adición, en los 90, afloraron los costos fiscales del generoso e ineficiente sistema de pensiones, cuyos problemas solo fueron parcialmente corregidos por la reforma de 1993.

En tercer lugar, una importante causa de origen político explica la incapacidad actual del país para responder a las crisis económicas. Se trata de la pérdida de cohesión de los partidos políticos. Con solo dos partidos sin mayor diferencia ideológica, hasta los 80 era fácil tomar decisiones en momentos críticos. Pero la cohesión partidista se resquebrajó gradualmente por efecto de un sistema electoral y de funcionamiento de los partidos que premia la diferenciación y la fragmentación, y que carece de mecanismos adecuados de selección y control de las jerarquías políticas y de sus fuentes de financiamiento.

El país ya no es el de antes, y es necesario repensar las instituciones y las políticas macro para las nuevas realidades. No será posible recuperar los instrumentos de estabilización que desaparecieron, y eso significa que aquellos que quedan disponibles deben ser mucho más eficaces. La tasa de interés y el nivel de gasto público deberían ser las dos variables clave de la política de estabilización, como lo son en los países desarrollados. Pero el margen en que pueden moverse estas variables en Colombia está muy limitado por niveles excesivos de deuda pública y por inflexibilidades del gasto. También es necesario que el país recupere los resortes políticos para responder a las crisis, lo cual requiere profundas reformas políticas. La iniciativa del Referendo es un paso acertado para ampliar los espacios económicos y políticos que se necesitan para recuperar la capacidad de estabilización. Pero, incluso si las reformas propuestas salen adelante, quedará mucho por hacer.



* Esta columna no compromete al BID, entidad a la cual está vinculado el autor.
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