Opinión

  • | 2009/05/15 00:00

    Cómo evitar el distanciamiento y los trastornos familiares en tiempos de sucesión

    Insista en recibir asesoría de tres profesionales: el abogado para la parte tributaria y legal; el planificador patrimonial para la asesoría financiera y el asesor o consultor familiar para la parte de la familia.

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En nuestro último artículo visitamos a la familia Álvarez, en cuyo triste caso los padres habían testado las acciones del negocio en partes desiguales entre sus cuatro hijos. Además del gran conflicto existente entre los dos varones que trabajaban en el negocio, los otros dos recibieron una cantidad significativa de acciones; lo que, en última instancia, les dio el voto decisivo en los asuntos más importantes. Aunque los padres sabiamente habían buscado asesoría tributaria, la familia se desintegró por los conflictos familiares que, a la postre, destruyeron la empresa y la fortuna.

¿Cómo planificar correctamente la sucesión y el traspaso de la fortuna? ¿Cómo puede una familia -especialmente los padres- crear un plan que no solo evite la guerra familiar, sino que verdaderamente vaya en pro de sus mejores valores y redunde en el bienestar de la familia? Específicamente, ¿cómo alcanzar este objetivo si la mayoría de los bienes está ligada al negocio familiar?

Es obvio que cada familia es única y tiene una historia específica. Toda familia tiene una rica historia de pintorescas personalidades: los que han vencido grandes dificultades y los que no lograron vencerlas. Cada cónyuge, además, trae consigo la cultura de su propia familia, lo que incluye la repartición de funciones entre hombres y mujeres, la forma de distribuir y emplear el dinero, de tomar decisiones y de interrelacionarse con otros para tomar decisiones financieras. Cada pareja arrostra un acervo de tareas atinentes a la distribución de fondos para diversas necesidades: la inversión en el negocio, la educación universitaria o el mejoramiento del nivel de vida.

La mayoría de los padres desean emplear su fortuna financiera para el bienestar de sus hijos y nietos y, ¿por qué no

, también de la comunidad. Lo típico es hacer la planificación patrimonial en secreto. Son numerosos los ejemplos de cómo se toman en secreto, entre el patriarca y el abogado, las decisiones concernientes al traspaso de la fortuna a la siguiente generación, sin conocimiento alguno por parte de los miembros de la familia. En una familia a la que entrevisté hace poco, los dos sucesores del negocio (primos entre sí), a la edad de 45 años todavía no sabían qué porcentaje de acciones heredarían de sus padres. Una situación como esta es terreno abonado para grandes conflictos en la siguiente generación.

Explicar cómo hacer las cosas correctamente es asunto que abarcaría más de un libro. Sin embargo, podemos adelantar unos principios esenciales:

1. Identifique sus valores y los de su familia en cuanto al dinero y la fortuna. Este es un ejercicio interesante que debe generar más de una controversia. Los miembros de la familia deben hablar sobre cómo han tomado las principales decisiones financieras, con sus consecuencias positivas y negativas. Más interesante aún es examinar la situación a lo largo de dos o tres generaciones.

2. La familia debe determinar los valores que regirán sus decisiones futuras.

3. La familia debe redactar su propia Misión de la fortuna familiar.

¡Estos tres pasos son, quizá, los que más se eluden, y también los más difíciles! Empero, solamente si se cultiva la capacidad de dialogar a conciencia sobre estos temas, podrán abocarse los problemas de los lazos familiares y las dificultades históricas, y podrá empezar a diseñarse un plan para traspasar la fortuna en consonancia con los valores que más desean infundir los progenitores.

Es tal la complejidad de este tema que rebasa el ámbito de un solo profesional. Insista en recibir asesoría de tres profesionales que lo ayuden en esta travesía: el abogado para la parte tributaria y legal; el planificador patrimonial para la asesoría financiera y el asesor o consultor familiar para la parte de la familia. ¿Le parece costoso? La respuesta es sí, pero, independientemente del costo, será entre 10 y 100 veces menor que el precio que implicaría la destrucción familiar en agotadores pleitos legales causados por el más baladí de los asuntos: el dinero.

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