Opinión

  • | 2007/03/16 00:00

    ¿Cómo definimos el riesgo?

    Todos queremos ganar mucho sin arriesgar, pero lamentablemente, eso no existe.

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En la más reciente columna en la que traté la forma de inversión que utilizan las grandes universidades en Estados Unidos, quedó pendiente un análisis más extenso del concepto del riesgo. Por ello, en este artículo intentaré desarrollar en profundidad las distintas formas de entenderlo.

Es curioso ver cómo un término tan extendido en la sociedad actual es de tan difícil explicación y aún más si intentamos cuantificarlo de una forma matemática o estadística. En el día a día, casi sin percibirlo, estamos acostumbrados a afrontar un sinfín de riesgos que, por lo general, lidiamos de una forma casi automática. Cualquier actuación que se salga de nuestro curso de acción habitual implica un cambio y, por tanto, un riesgo. El miedo a lo desconocido es una realidad en la sociedad actual, si bien gracias a la globalización, los extremos cada día están más cerca.

El riesgo desde el punto de vista financiero tiene diferentes formas de entenderlo. La primera y más clara es la posibilidad de perder el capital, total o parcialmente. Casi todos los inversionistas quieren utilizar dos variables, que en la mayoría de los casos, están inversamente relacionadas: el retorno y la posibilidad de pérdida. Todos queremos ganar mucho sin arriesgar, pero lamentablemente, eso no existe. Cuando se consideran los ahorros de toda una vida y, en algunos casos, el patrimonio de generaciones, cobra un interés —si cabe— mucho mayor. La segunda y con una connotación financiera más clara se puede identificar como la volatilidad, más técnicamente llamada "desviación estándar"; es decir, cuán volátil es una inversión frente a su media del pasado. Como es imposible saber el futuro, gran parte de las estrategias de inversión se basa en el estudio del pasado y en las estimaciones de las principales variables que van a incidir en un determinado activo. Como las series históricas son reales, consideramos un instrumento con baja volatilidad aquel que evoluciona de forma muy cercana a como lo ha hecho en el pasado; por ello, si en un alto porcentaje de casos se mueve dentro del mismo rango, tendrá una volatilidad baja. De ser así, y si ese activo tiene una volatilidad baja, es muy probable que en el futuro evolucione de forma similar y su comportamiento será predecible. (Gran número de los instrumentos financieros no tiene historia. Por ello, sus índices de referencia se utilizan por comparación).

Riesgo puede existir en cualquier instrumento financiero, desde uno de renta fija, como un bono, a por supuesto acciones bursátiles o en fondos de inversión alternativa y de capital de riesgo. Al hablar de bonos, el mayor riesgo es que el emisor no cumpla su compromiso de pago al vencimiento. Por ello, se intenta calificar a los emisores según su capacidad de pago y calidad de balance (ratings); también hay un riesgo ligado al plazo del instrumento: a mayor plazo, mayor será la posibilidad de caídas o subidas pronunciadas del instrumento. En los mercados bursátiles, el riesgo es más alto ya que está sujeto a subidas o bajadas de sus precios que, en muchos casos, pueden ser más especulativas que fundamentales.

Asumiendo este concepto, damos explicación a la frase tantas veces oída de "no poner todos los huevos en el mismo canasto". Efectivamente, la diversificación reduce la volatilidad en los portafolios. Si agregamos inversiones a un portafolio, su volatilidad se verá reducida, aunque las inversiones que incluyamos sean más riesgosas. Lo importante en este caso es que tengan poca correlación entre ellas.

Con el paso del tiempo, en especial en la última década, el mercado financiero se ha ido ampliando y abarca un espectro de alternativas inimaginable hace unos pocos años. Quién nos iba a decir que desde el computador de la casa, en el banco de la esquina, podríamos comprar opciones sobre el cobre en Chile, acciones de una textilera china o edificios en Australia por medio de un fondo de capital de riesgo. Un interminable menú de alternativas cada vez más complejas y sofisticadas que, con los medios y los conocimientos necesarios, podemos utilizar para conseguir mayores retornos en nuestro portafolio. Por otra parte, dado que estaríamos diversificando entre un vasto número de alternativas con baja correlación entre ellas, podríamos conseguir que este mayor retorno lo obtengamos con una menor volatilidad, es decir, riesgo.

Toda inversión implica algo de riesgo, por asumible que sea. Lo importante —y también complicado en estos casos— es que cada uno tenga bien definido su perfil y cuánto está dispuesto a arriesgar por un determinado retorno. El profesor Harry Markowitz ganó el Premio Nobel de Economía en 1990 por su teoría del manejo moderno de portafolios, que desarrolló el concepto de frontera eficiente, que busca obtener el máximo rendimiento de una inversión, mediante una diversificación adecuada, al menor riesgo posible para su perfil.



Santiago Ulloa, CEO, TBK Investments, Inc.

sulloa@tbkinvestments.com
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