Opinión

  • | 2006/04/12 00:00

    Cómo aumentar el gasto social

    No es con alivios de deuda -sino con esfuerzo fiscal propio- como se logra elevar y mejorar el gasto social.

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Los gobiernos latinoamericanos gastan en promedio unos US$450 per cápita en educación, salud y protección social. Aunque es bastante más que los US$300 per cápita que se dedicaban a estos propósitos a comienzos de los 90, sigue siendo poco para los patrones mundiales y para las necesidades sociales de países con tanta pobreza y desigualdad como los latinoamericanos.

Aunque hay mucho por mejorar en la eficiencia con que se usan estos recursos, es importante preguntarse por qué Bolivia, Chile, Colombia, México y República Dominicana lograron duplicar y hasta triplicar el gasto social per cápita en los últimos 15 años, mientras que en los demás países aumentó mucho menos, y en el caso de Ecuador cayó.

Dos razones obvias son el crecimiento económico y el nivel ya alcanzado de gasto social. Chile y República Dominicana no necesitaron un gran esfuerzo para multiplicar el gasto social porque tuvieron excelentes tasas de crecimiento económico. México tampoco tuvo que hacer un gran esfuerzo sencillamente porque su nivel inicial de gasto social era muy bajo. En el extremo opuesto, Argentina, Brasil o Panamá no tuvieron grandes aumentos de gasto social porque ya le estaban dedicando bastante a comienzos de los 90.

Pero estas explicaciones obvias no ayudan a pensar en una estrategia para aumentar el gasto social. Una propuesta muy popular es dedicar al gasto social los fondos que hoy se destinan a servir la deuda pública. Este es el argumento que respalda iniciativas de alivio de deuda para los países altamente endeudados (HIPC, por su sigla en inglés), y que ha llevado a personalidades tan influyentes como Jeffrey Sachs a afirmar (en forma un poco altisonante) que "ningún país civilizado le exigiría el pago de las deudas a gente que se está muriendo de hambre, enfermedad y pobreza".

Para saber si estas propuestas tienen sentido, vale más el análisis empírico que la pasión. Resulta que el gasto social ni sube ni baja cuando los países reciben alivios de la deuda. O sea, por ahí no es. Los US$100.000 millones de perdones de deuda de los últimos 15 años pueden haber sido muy útiles para fines políticos o diplomáticos, pero no han hecho mayor cosa para aumentar el gasto social1.

Sin embargo, sí hay algo muy cierto de lo que dicen los activistas sociales y los políticos de izquierda: cuando aumenta la deuda pública, se reduce el gasto social. Y esto es no tanto porque haya que pagar más intereses (aunque eso importa, especialmente en América Latina), sino porque la deuda financia otras cosas, desde obras públicas hasta armamentos, que los gobiernos y los políticos consideran más importantes y rentables, y que terminan desplazando el gasto social porque hay que dedicarles parte de los recursos fiscales propios2.

El efecto adverso que la deuda pública tiene sobre el gasto social no desaparece porque se incumplan las obligaciones de la deuda. Sorprendentemente, ese efecto adverso ocurre, incluso con mayor fuerza, cuando las deudas provienen de las entidades multilaterales, como el Banco Mundial o el BID, quizás porque estas entidades exigen que los programas de gasto (que solo en parte son de gasto social) se lleven a cabo y se financien en una cierta proporción con "recursos de contrapartida", es decir, con esfuerzo fiscal propio.

La conclusión de todo esto es que la mejor forma de aumentar el gasto social es evitar endeudarse, y si la deuda ya es alta, reduciéndola cuanto antes. Los países que han logrado aumentar el gasto social lo han hecho con base en esfuerzo fiscal propio, es decir, cobrando impuestos y dedicándolos a lo que la gente más necesita. A fin de cuentas, los sistemas de control público funcionan mejor cuando los electores saben que el gasto público se paga con sus impuestos y, por eso mismo, tienen incentivos para vigilar a los políticos que toman las decisiones. De ahí que cuando el gasto social se paga con impuestos no solo aumenta en cantidad sino en calidad.

Nota: El autor está vinculado al BID, pero sus opiniones no comprometen a esta institución.

1. Nicolas Depetris Chauvin y Aart Kraay, "What Has 100 Billion Dollars Worth of Debt Relief Done for Low-Income Countries?", septiembre, 2005.

2. Eduardo Lora y Mauricio Olivera, "Public Debt and Social Expenditure: Friends or Foes?", abril, 2006.
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