Opinión

  • | 2004/11/26 00:00

    Comentarios a un comentario sobre Brasil

    Las medidas tomadas en Brasil por el Ministro de Hacienda no son un repertorio exclusivo del neoliberalismo, ni son incompatibles, como instrumentos, con la propuesta socialdemócrata.

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Algunas semanas atrás, el Ministro de Comercio planteó que deberíamos seguir los pasos de China porque su volcamiento hacia el comercio exterior era la clave del éxito. Recordé entonces que tal estrategia fue posible porque dependía de un régimen político que para quienes defienden el libre mercado es imposible. Igual que en el caso de los tigres asiáticos (Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Hong Kong), el milagro de los crecimientos vertiginosos se había logrado, pero gracias a que bajo un régimen autocrático la ausencia de participación ciudadana permite una concentración, una discrecionalidad y una continuidad del poder impensables en un modelo democrático1.

Ahora, un editorial de Portafolio (publicación bastante alineada con un neoliberalismo económico a ultranza), bajo el título Neoliberalismo en el lugar menos pensado, hizo referencia a las medidas que han permitido que Brasil entre en una onda de 'notable recuperación'.

Señala entre ellas la garantía a acreedores e inversionistas extranjeros de una 'conducción con responsabilidad' de la economía; un crecimiento basado en tres pilares -superávit fiscal primario, inflación bajo control, balanza comercial positiva-; reducción de la volatilidad macroeconómica; flexibilidad cambiaria; disminución del gasto público; simplificación de la legislación tributaria; integración económica; estabilidad en las reglas del juego, y reformas estructurales.

A esto atribuye resultados como el crecimiento anual por encima del promedio latinoamericano; una disminución de la inflación del 10,6% al 6,5%; aumento de las exportaciones del 15 al 25%; expansión del consumo privado y formación bruta de capital fijo; caída del costo del 'riesgo país', y fortalecimiento de la moneda en un 25%.

Su argumento lo resume en "no más carreta ideológica, es la hora del pragmatismo", porque siente que con enunciar estas medidas ha demostrado que:

1. Los datos favorables de esa gestión se deben únicamente a estas medidas y para nada al cambio en el manejo social y político de un país en crisis y convulsionado por autoridades que habían minimizado otras dimensiones de las relaciones sociales y de las obligaciones del Estado.

2. Y que eso equivale a un acto de contrición que aunque parezca increíble se dio en 'la Nación de Lula, el líder de izquierda y del Partido de los Trabajadores'.

Suena curiosa esa suposición de que determinada medida o propósito, si son buenos es porque son de la receta neoliberal. La realidad es que si las consecuencias de estas medidas no fueran buenas o malas, según los casos, probablemente todo el mundo estaría de acuerdo a ciegas con ellas. Los dinosaurios cepalinos o keynesianos seguramente no están en contra de dar confianza al capital extranjero, ni de que la inflación se mantenga bajo control, ni de que se produzcan superávits comerciales. Tampoco prefieren la volatilidad a la estabilidad macroeconómica, ni pretenden agravar la situación de las finanzas gubernamentales. Ni son defensores del aislamiento, o de complicar al máximo el régimen tributario, o de manejar el país con permanentes reformas coyunturales y reglas del juego cambiantes.

Algunos señalarían que la relación causa-efecto que pretendió establecer el editorialista es discutible: todas las monedas, no solo la brasileña, se fortalecieron en un porcentaje parecido o mayor durante ese tiempo; el aumento del ahorro y del consumo interno pudo ser más origen que consecuencia de ese crecimiento; la inflación cayó en varios países en proporción mayor, etc.

Pero las visiones difieren en el análisis de la función y la prioridad que se asignan a estas medidas.

Mientras para nuestros expertos neoliberales estas a veces son premisas y a veces objetivos por considerar que son equivalentes o sinónimo de desarrollo económico, para quienes no profesan ese credo son simples instrumentos u opciones que son convenientes según la ocasión y el fin que se persiga: cuando el objetivo es el bienestar social (en el sentido de la satisfacción de las necesidades básicas de cada individuo, y político, en el sentido de buenas condiciones de convivencia ciudadana) ese catálogo que como esencia del 'Consenso de Washington' se presenta como imperativo, asume un simple papel funcional y opcional.

La perspectiva cambia al dejar de considerar la multiplicación de los ciudadanos bajo la línea de pobreza, o el incremento de la desigualdad, o el deterioro de los indicadores cuantitativos y cualitativos del empleo, como variables de ajuste, 'costos necesario' -o en el lenguaje en boga, 'daño colateral'- dentro de la búsqueda del desarrollo económico, y al reconocer que, por el contrario, combatirlos es una razón de ser del Estado.

Entonces, los manejos de la inflación y del déficit se entienden como instrumentos para lo que requieran los propósitos definidos como prioritarios; la libertad cambiaria y la seguridad del capital foráneo dependen de que su defensa no sea en perjuicio de los nacionales; el endeudamiento y las políticas comerciales se adaptan y son consecuencia de las políticas sociales y no al revés; el sistema tributario deja de responder únicamente al criterio de equilibrar ingresos y egresos y asume una función redistributiva, asumiendo las complicaciones que esto pueda implicar; las reformas dejan de ser iniciativas de cada gobierno para optimizar el fine tuning macroeconómico y aprovechar o adaptarse a coyunturas de mercado, y se insertan dentro de un contexto estructural de un verdadero modelo de desarrollo a largo plazo.

En resumen, las medidas tomadas en Brasil por 'el realismo de su Ministro de Hacienda, el médico Antonio Palocci' ni son un repertorio exclusivo del modelo neoliberal, ni son incompatibles, como instrumentos, con una propuesta socialdemócrata.

Esto nos deja en la posición de tener que evaluar dentro de cuál de los dos contextos se tomaron esas medidas y por qué produjeron esas consecuencias. ¿Será, como lo presume o sugiere el editorialista de Portafolio, que Lula y su Ministro recibieron la iluminación, abandonaron sus programas, sus prioridades y sus convicciones, y se entregaron a la 'verdad neoliberal'? ¿O será lo contrario, y lo que muestra el caso brasileño es que es posible mejorar las condiciones sociales y políticas de una Nación y obtener resultados positivos sin 'daños colaterales' utilizando estos instrumentos, pero siempre y cuando sean vistos solo como tales y dentro de un contexto en que esa sea la orientación del Estado y no el simple desarrollo económico?

La respuesta la debería poder dar el editorialista de marras, aunque hasta donde se ha visto (por ejemplo, en el artículo ya mencionado sobre China), como al marido que le aconsejaban que incluso en caso de que lo atraparan en un motel con una amante había siempre que decir 'mi amor, no es lo que te imaginas' y nunca aceptar la verdad, los neoliberales se aferran a cualquier argumento o presentación para negar la evidencia hoy absolutamente contundente de que su modelo, lejos de cumplir las expectativas, produjo efectos lamentables, y que es indispensable una revisión muy, muy profunda del mismo.



1. 'Comentarios a un comentario sobre China', Dinero, 29 octubre.
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