Combatir el desempleo

| 3/16/2001 12:00:00 AM

Combatir el desempleo

La responsabilidad no es de todos ni del Ministro de Trabajo. Es de todo el gabinete.

por Hugo Lopez

Desde 1999, la tasa nacional de desempleo en Colombia ha estado por los lados del 16%, la de las cabeceras del 19% y la de las grandes ciudades del 20%.



Las cifras del DANE de enero, además de su agravamiento estacional, confirman la persistencia de un mal que ha sido fruto de tres factores principales. El primero ha sido la crisis (la mayor del siglo); y aunque la economía ha comenzado a recuperarse, el repunte dista mucho de ser vigoroso: los datos del último trimestre del año pasado sugieren que en el 2000 no crecimos a más del 2,8%. Segundo, los salarios. Su alza real, durante los 90, le restó dinamismo a la ocupación y, más recientemente, ha acentuado el desempleo. Aunque el mínimo real --que no varió hasta 1998-- se elevó desde entonces contribuyendo a acentuar la desocupación de la mano de obra no calificada, la responsabilidad central fue de los salarios calificados y, muy en particular, de las personas con educación superior, que aumentaron de manera vertiginosa. El tercer factor --absolutamente decisivo-- ha sido el incremento de la participación laboral de los hogares que respondieron a la coyuntura crítica, empujando a sus mujeres y jóvenes a buscar trabajo.



A sanear



Para reducir el desempleo, en primer lugar, hay que crecer rápidamente. Con una media del 4,2% en el próximo quinquenio, la tasa nacional de desempleo quedaría, prácticamente, estable (15,7%) hasta el 2005. Pero con un crecimiento del 5,6% caería al 11,8% (aunque seguiría siendo del 14,1% en las cabeceras). Para ello, amén de mantener una adecuada política cambiaria, hay que sanear, Dr. Fernández Riva, las finanzas públicas. Además de elevar el recaudo (el propósito de la reforma tributaria que se acaba de aprobar y que no logró eliminar los descuentos y beneficios tributarios sobre la renta y el IVA, en particular para los grandes contribuyentes), hay que reducir el gasto de funcionamiento para incrementar la inversión en infraestructura (se despide un burócrata y se crean tres empleos de salario mínimo). Hay que reformar el sistema de transferencias territoriales y hay que sanear el pasivo pensional...



Si, además de crecer rápidamente, se agregaran al menú un paquete de ambiciosas políticas educativas (escolarizar en cinco años el 50% de los jóvenes que hoy están por fuera de las aulas, financiar con crédito educativo unos 50.000 bachilleres pobres que hoy se quedan por fuera de la universidad para que realicen carreras cortas, capacitar jóvenes desempleados), podría sustraerse de la fuerza laboral unas 407.000 personas en el quinquenio. Sumado al impacto de un rápido crecimiento económico este efecto permitiría reducir la tasa de desempleo nacional un punto más hasta el 10,9%. Pero, sobre todo, permitiría bajar más rápidamente la tasa urbana hasta el 12,9% (frente al 14,1% en el escenario anterior).



Adicionando reformas al sistema de parafiscales y algunas modificaciones a la legislación laboral, así como programas de emergencia especiales (manos a la obra, subsidios condicionados), el desempleo podría llegar al 10% en el 2005 y, sobre todo, se podría bajar su cronograma futuro pues el país no puede esperar cinco años para reducir sustancialmente esa tasa.



Tiene toda la razón el Dr. Fernández Riva cuando afirma que "la responsabilidad no es de todos". Es del Estado, del Presidente y de todo el gabinete. Planeación Nacional debe trazar un plan general (ya lo tiene; ¿por qué el gobierno no se compromete explícitamente con él?) que asigne metas a cada quien. Hacienda y Desarrollo deben encargarse --en armonía con el Banco de la República que ha sostenido la buena bandera de la lucha antiinflacionaria-- de la política macroeconómica. Educación, de la implementación de las políticas educativas que se mencionaron. El Ministro de Trabajo tiene, también, mucho qué hacer: pensar (ya lo dijo Dinero) en los 3,2 millones de desempleados y en los 6,1 millones de subempleados, informales, y no solo en los 900.000 sindicalizados e impulsar las reformas laborales, pensionales y de apoyo a la capacitación laboral que se necesitan. Pero, paradójicamente y en contra de lo que afirma un editorial de esta revista (No. 127), Mintrabajo no es el único responsable.
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