Opinión

  • | 2007/02/16 00:00

    Columnistas

    Quien no distribuya el capital en activos distintos a acciones, bonos y liquidez de corto plazo, va a dejar sobre la mesa una parte importante de las potenciales ganancias.

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Tradicionalmente, los fondos privados de las universidades (endowments) han invertido exitosamente comparados con sus referentes. Aunque es difícil vencer consistentemente los índices de referencia, los académicos lo han hecho muchos años, a diferencia de los fondos de pensiones o de inversión que continuamente lo intentan y muy pocos lo logran.

Un artículo de The Economist analizaba la situación y quiero comentar algunos de sus puntos más importantes.

Habiendo trabajado en el manejo de activos financieros por casi 20 años, siempre me he encontrado con inversionistas que comentaban sobre los excelentes resultados que obtenían las universidades más prestigiosas, Harvard, Yale, Stanford, etc., en el manejo de sus fondos de reserva. Pero no tenían en cuenta el entorno en el que se movían, ni los tipos de riesgos que estaban dispuestos a asumir.

En cualquier tipo de inversión, hay tres variables que inciden en el retorno que se obtenga. La primera es el tiempo (horizonte) que se está dispuesto a tener una inversión en el portafolio. Cuanto más largo sea, mayores posibilidades de obtener un mejor retorno. La segunda es, sin duda, la liquidez de la inversión; no significa que inversiones líquidas sean buenas o malas, sino que una falta de liquidez en el corto plazo puede significar mejores rendimientos en el largo plazo. Y por último, para mí, la más importante, el riesgo de los activos.

En otro artículo desarrollaré más el concepto del riesgo, pero básicamente se explica como la capacidad de recuperación del capital. Cuanto mayor sea el riesgo, mayor será el retorno teórico, pero también puede ser que el dinero no se recupere en el futuro.

Los endowments han utilizado estas tres variables de formas muy diferentes a las de cualquier inversionista tradicional, tanto particular, como fondos de inversión o de pensiones. Hay diferencias que les permiten hacerlo, la más importante es que su horizonte de inversión es ilimitado, no tienen que dar resultados anuales, lo que les permite invertir en activos muy ilíquidos sin que les afecte. Su única preocupación es crecer en el tiempo y tener un flujo de caja que les permita cubrir los gastos e inversiones de la universidad en los próximos ejercicios. Por ello, desde hace ya más de 40 años, muy por delante de la comunidad inversionista, están colocando dinero en fondos de capital de riesgo (private equity) y en fondos de inversión alternativa (hedge funds). Por su capacidad intelectual y por contar con los medios necesarios para investigar, decidieron apostar por diversificar sus activos en materias primas, energía, mercado inmobiliario, estrategias de cobertura, etc., que les han supuesto tasas de retorno muy elevadas en el tiempo.

Las teorías de diversificación de activos promovían colocar el dinero entre acciones, bonos y liquidez de corto plazo. Estas teorías están hoy desfasadas, y quien no distribuya el capital en otras clases de activos va a dejar sobre la mesa parte importante de las potenciales ganancias. Por ello, se habla de conceptos como creación de alpha, que se están extendiendo cada día más. Es decir, producir ganancias sostenidas en el tiempo frente al nivel de riesgo que se está asumiendo; ganar a los índices de referencia sin asumir su volatilidad. Creación de alpha con una beta reducida.

Las universidades cuentan con un capital intelectual de primer nivel, además de contar con los fondos suficientes para experimentar en nuevas inversiones. Todo ello, sin tener que dar cuentas a los inversionistas cada año. Los resultados son espectaculares, ganando varios puntos porcentuales, consistentemente, a sus referentes de más riesgo, como los bursátiles, pero con activos mucho más conservadores. Prácticamente, no tienen restricciones de inversión respecto a porcentajes de activos por clase de inversión, ni por tiempo, a diferencia de los fondos de pensiones. Estos últimos tienen que contar con unas carteras mucho más conservadoras, que generen un rendimiento sostenido sobre la inflación, que les permita generar un flujo para pagar las pensiones en el futuro.

En el último año, varios de los gestores estrella han dejado las universidades para crear sus propios fondos de inversión, como Jack Meyer, que gestionaba las reservas de Harvard o Michael Caffery, que hacía lo mismo en Stanford. La razón de su salida ha sido económica, ya que aun estando bien pagados, en el mundo privado podrían generar 10 veces más que en el académico. Habrá que seguir muy de cerca cómo es su evolución en los próximos años ya que las principales ventajas con las que han contado en el pasado, como tener el tiempo a su favor y no tener que dar cuentas, pueden ponérseles en contra al gestionar dinero para terceros. Tendrán que rendir cuentas y competir con los más de 8.000 hedge funds que existen hoy y posiblemente mirarán más el corto plazo, que al largo por lo que podrían perder una de las principales armas con las que han contado en el pasado.

Santiago Ulloa, CEO. TBK Investments, Inc.
Sulloa@tbkinvestments.com?
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