Opinión

  • | 2004/09/03 00:00

    Colombia - Venezuela, la asignatura pendiente

    Para preservar las cruciales relaciones comerciales colombo-venezolanas, será necesario armonizar las normas del mercado ampliado con las de un TLC sin Venezuela.

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No creo que muchos colombianos sepan que el vigoroso crecimiento de la industria este año se explica, más que por cualquiera otra circunstancia, por la explosiva recuperación de las ventas a Venezuela. Que el aumento anual de las exportaciones a Venezuela fue siete veces mayor que el aumento de las exportaciones no tradicionales a Estados Unidos. Que para muchas industrias -y muchos empleos- de no ser por la demanda venezolana la situación y el panorama serían negros.

La rapidez y la intensidad de la recuperación del comercio bilateral, después de que al inicio de 2003 se desplomó cuando la oposición venezolana hizo su mejor intento de quebrar a su país -por supuesto, con la mejor de las intenciones del mundo, como era defenestrar a Chávez- es la mejor prueba de la solidez de sus fundamentos. Sin embargo, aunque no es la primera vez que las exportaciones colombianas al país vecino se derrumban, nunca antes había visto por estos lados algo tan próximo al consenso sobre que el mercado bilateral estaba herido de muerte y que la integración andina no tenía futuro.

Hay que reconocer que el pesimismo sobre las relaciones colombo-venezolanas y la idea de que era más productivo mirar a otra parte, y abandonar la integración andina no fueron exclusivos de Colombia. Cierto que aquí, ante la frustración de los exportadores que habían perdido su mercado, el TLC pasó a convertirse de la noche a la mañana en el camino, la verdad y la vida, a pesar de que ni siquiera había sido mencionado en el Plan de Desarrollo, publicado unos meses antes. Pero en Venezuela también cundió la desesperanza y volvió a hablarse de "un cambio de modelo" para la reducción de la dependencia petrolera. El viejo sueño.

No voy a hablar de "nuestro" TLC, pues pienso cumplir mi promesa de no tocar ese tema durante largo rato, mientras observo cómo la historia va decantando la realidad de las ilusiones. Respecto al cambio de modelo venezolano para reducir la dependencia petrolera opino que no tiene ninguna viabilidad. Cuando un país vive sobre un mar de reservas probadas de petróleo montar una industria que sustituya importaciones o que exporte es apacentar rebaños de elefantes blancos. La única manera eficaz de "sembrar el petróleo" es dándoles a los venezolanos una educación de óptima calidad para que, cuando algún día se les agote el petróleo, puedan vivir bien, como viven muchos otros pueblos educados que no tienen una gota de crudo. De todos modos ese será un problema o una oportunidad de los nietos de Chávez, porque las perspectivas petroleras de Venezuela nunca habían sido tan promisorias.

Infortunadamente, mientras el clima de pesimismo que hace año y medio llevó a muchos a desahuciar las relaciones bilaterales carecía de justificación real, y por ello desapareció como un berrinche, la decisión de Colombia de entrar en un TLC con Estados Unidos, en el que Venezuela no tiene nada qué ganar y no participará bajo ninguna circunstancia, sí plantea un problema de fondo.

No se necesita bagaje técnico para darse cuenta de que, una vez Colombia entre en un TLC con Estados Unidos los venezolanos, que continuarán gravando con aranceles las importaciones provenientes de ese país, no estarán muy felices de que los colombianos importen esos mismos bienes con cero arancel desde Estados Unidos y luego los reexporten a Venezuela aprovechando el libre comercio bilateral: la conocida "triangulación" del comercio. Permitirlo sería absurdo para Venezuela porque, como mínimo, les estaría cediendo a los exportadores colombianos el ingreso fiscal que habría obtenido aplicando aranceles.

Hace cosa de quince meses, cuando por primera vez llamé la atención sobre el riesgo de que la firma de un TLC de Colombia con Estados Unidos con exclusión de Venezuela hiciera volar en pedazos la zona bilateral de libre comercio colombo-venezolana la preocupación fue desestimada como académica porque las exportaciones al país vecino estaban por el suelo y no se le veía futuro. Espero que, a la luz de las nuevas cifras de ventas a Venezuela, el gobierno acepte que la búsqueda de la difícil armonización de las normas del TLC con las relaciones con nuestro segundo socio comercial en importancia es una tarea prioritaria.
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