Opinión

  • | 2003/09/19 00:00

    Colombia dentro de 10 años

    Será fruto, sobre todo, de las acciones y omisiones de la política económica.

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Cualquier cosa que uno escriba sobre la economía en el largo plazo debe ser dicha con humildad, porque es seguro que ocurrirán imprevistos. Sin embargo, hay relaciones de causa a efecto entre las políticas y los resultados aunque, a menudo, sean diferentes de las que acepta la visión oficial.

A comienzos de los 90 se presentaron proyecciones oficiales de aceleración del crecimiento a 5% anual, y mejoras del empleo y los salarios por la apertura económica, la baja de la inflación, la reforma laboral y otras cosas. Hoy los expertos oficiales estiman, sin que eso les genere preguntas incómodas, ritmos de "crecimiento económico potencial" del orden de 2,5%. "Potencial" significa que consideran que cualquier intento de elevarlo denotaría falta de realismo y atraería problemas.

Nunca he compartido la visión maniquea de que Gaviria salvó la economía, Samper se la tiró y Pastrana hizo lo posible por desempantanarla, con el escaso éxito que podría esperarse de su frivolidad y su falta de ganas. A diferencia de Samper y de Pastrana, Gaviria fue un buen Presidente, que hizo muchas reformas necesarias, pero también promovió una reforma constitucional que durante una década deterioró las finanzas estatales. Además, permitió un exagerado deterioro de la balanza de pagos con la apertura con revaluación, que redujo la inflación pero nos dejó endeudados con el mundo. Y, con el apoyo del Banco de la República, promovió un exagerado crecimiento del crédito para mantener una demanda vigorosa a pesar de la filtración hacia importaciones. Siempre he creído que, si Gaviria hubiera continuado, él mismo habría propiciado correcciones como la del tipo de cambio real y las de los elementos fiscales más nocivos de la Constitución de 1991, y que habría evitado el error de disparar las tasas de interés y estrangular a los deudores para tratar de frenar una devaluación, con tal de no sufrir un retroceso transitorio en la inflación.

Los próximos 10 años no serán menos complejos que los anteriores. Dos cosas van a influir mucho el resultado: nuestra capacidad o impotencia para lograr la reconciliación del país, y el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Un trabajo de la ONU, dirigido por Hernando Gómez Buendía, acaba de producir un montón de recomendaciones sobre las cosas que deberían hacerse para lograr la paz, adicionales al indispensable esfuerzo militar. La mayoría tiene implicaciones económicas. ¿Alguien, entre quienes manejan la política económica, les dará alguna bola a esas recomendaciones o la economía es demasiado seria para dejarse influir por ese tipo de estudios? No me siento optimista.

Ahora el TLC. A primera vista suena realista y cruda la afirmación del ex ministro Juan Manuel Santos de que el gobierno tendrá que decidir qué sectores morirán y cuáles sobrevivirán. Pero a mí me parece optimista: la dinámica de un TLC no dejará mucho campo para esas decisiones. Lo que el gobierno tiene que garantizar es que, cualquiera que sea el resultado sectorial, Colombia crezca a un ritmo decente y, sobre todo, que no empeore la suerte de los más pobres. De ello dependerá el éxito o fracaso del TLC, no de cifras de exportaciones.

A menudo las políticas económicas pueden "comprar tiempo" creando o manteniendo debilidades que luego comprometen el crecimiento durante muchos años. Son tantas las cosas que pueden ir mal cuando se adopta un horizonte de planeación estrecho que, a pesar de mi aversión a la política, voy a terminar con una recomendación de ese tipo: en medio del actual pantano de sangre del orden público y en vísperas de un TLC, creo que la reelección presidencial, o al menos la "continuación" por alguien comprometido con el programa, pero con el liderazgo político necesario para hacer los ajustes que van a requerirse, reduciría el riesgo de que volvamos a perder otra década.
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