Opinión

  • | 2009/11/13 12:00

    Colegios en concesión

    La suma de recursos públicos y privados, y el acceso a metodologías y técnicas que mejoren la calidad deben ser prioritarios.

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Llevamos casi diez años desde que comenzaron los colegios en concesión y vale la pena hacer algunas reflexiones sobre cómo ha sido su evolución.

El punto de partida es comprender que la calidad de la educación en Colombia es muy deficiente al compararla con diferentes estándares internacionales; sin embargo, hay instituciones que tienen buenos resultados.

Lo que se busca es que instituciones de probada experiencia, calidad y efectividad, participen con el Estado a través de contratos de administración para mejorar la calidad de la educación en colegios públicos.

Este proyecto se inició en 2000, en Bogotá, donde hoy existen nueve concesionarios, con 25 colegios que cubren aproximadamente el 3% del total de la matrícula pública.

En Bogotá, quienes obtuvieron colegios en concesión se pueden clasificar en tres grupos:

Comunidades religiosas: Don Bosco con cinco colegios; Fe y Alegría, con dos; y La Salle y Calasanz, con uno cada uno.

Cajas de compensación: Colsubsidio, con cinco, y Cafam, con cuatro.

Instituciones educativas privadas: Asociación Alianza Educativa (AAE, conformada por tres colegios: Colegio Nueva Granada, Colegio San Carlos y Colegio Los Nogales y la Universidad de los Andes), con cinco colegios, y los colegios Nuevo Retiro y Gimnasio Moderno, con uno cada uno.

La Secretaría de Educación Distrital (SED) construyó los colegios, con excelentes especificaciones, los dotó y abrió licitaciones para escoger los concesionarios más idóneos, remunerándolos con un valor por estudiante atendido, y propuso un modelo escolar distinto al de los colegios oficiales, colegios más pequeños (940 alumnos), jornada única, 40 alumnos por salón, entre otras cosas, con la expectativa de mejorar la calidad de la educación. Lamentablemente, en el transcurso del contrato, por la presión de la SED para ampliar cobertura y la necesidad de los concesionarios de mejorar sus ingresos, algunos de estos puntos básicos del modelo inicial han tenido que modificarse, haciendo más difícil a los concesionarios cumplir con las obligaciones de resultados académicos con las que se han comprometido.

Si la institución educativa tiene como propósito formar seres humanos integrales, capaces de definir una filosofía de vida, construir su proyecto de vida y avanzar en su proceso de mejoramiento personal, esto implica desarrollar la capacidad de comprender, comunicarse, convivir y satisfacer sus necesidades, para lo cual se deben desarrollar competencias académicas, laborales y ciudadanas.

Sin embargo, la valoración de un colegio se ha hecho principalmente por los resultados del Icfes, y de la prueba SABER, que miden los resultados académicos y dan algunas indicaciones sobre competencias ciudadanas.

Hay que resaltar que los resultados académicos vienen mejorando significativamente; en el caso de la AAE, los resultados del Icfes han venido superando el promedio nacional, cada año por mayor puntaje que el anterior, desde el segundo año que se presentaron y vienen también superando consistentemente los promedios de Bogotá.

Pero los resultados de un colegio en la formación de seres humanos integrales resultan mucho más difíciles de medir. Por ejemplo, en el comportamiento de los alumnos y profesores, el liderazgo de sus ex alumnos, la demanda de cupos de la comunidad, la satisfacción de estudiantes y padres, el acceso a educación superior y el mantenimiento del colegio.

De los primeros bachilleres egresados de la AAE en 2002 solo el 20% continuaron su educación. De los egresados en 2007 y 2008, el 56% y el 58% ingresaron a estudios superiores.

Algunos proyectos e indicadores de resultados que vale la pena destacar son:

— Formación y desarrollo de maestros

— Capacitación de madres comunitarias

— Trabajo con padres de familia

— Índices de desnutrición

— Nivel de violencia escolar

— Embarazos en adolescentes

Es evidente que, si queremos mejorar la calidad de la educación, se requiere de la participación conjunta de Gobierno, universidades, colegios públicos y privados, cajas de compensación, comunidades religiosas, empresarios y en general de toda la sociedad y que modelos como este deben afinarse y multiplicarse.

La suma de recursos públicos y privados, nacionales e internacionales, el acceso a experiencias, conocimientos, metodologías y técnicas que mejoren la calidad deben ser prioridad, a manera de pruebas piloto inicialmente para después poder multiplicarlas.

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