Colaborar para competir

| 12/9/2002 12:00:00 AM

Colaborar para competir

La colaboración entre empresas de un mismo sector es esencial para poder competir en un mundo globalizado.

por Luis Fernando Andrade

Por lo general, la colaboración entre empresas de un mismo sector ha sido vista con sospecha por nuestros gobiernos, temiendo que resulte en "carteles" que afecten al consumidor. Además, en América Latina, las influencias de la izquierda política han llevado a identificar la colaboración del gobierno con las empresas como un ejercicio para favorecer a los más adinerados.



Sin embargo, la colaboración entre el gobierno y las empresas de un mismo sector es esencial para poder competir en un mundo globalizado. Es la única forma de contrarrestar en parte las desventajas que tienen nuestras empresas en comparación con las de países desarrollados, que cuentan con mayor escala, acceso a mayores mercados, mejor infraestructura en sus países, menor costo de capital, mayor acceso a tecnología, etc. Por eso, creemos que el desarrollo de estrategias sectoriales, en las cuales colaboran las empresas y el gobierno, es clave para generar competitividad.



El primer elemento clave de oportunidad de una estrategia sectorial es el desarrollo y la colaboración de la cadena de valor. El modelo tradicional de competencia en economías emergentes se ha enfocado en la competencia por mercados locales limitados en tamaño y exigencia de sus consumidores, lo cual ha llevado a la mayor parte de las compañías en América Latina a actuar de manera independiente y con bajos niveles de competitividad frente a los mercados internacionales. Una estrategia sectorial adecuada puede liberar un enorme potencial de valor sin romper la dinámica competitiva interna de las industrias. Este potencial está relacionado con múltiples factores dependiendo de la industria. Sin embargo, en términos generales hay oportunidades en iniciativas como la identificación y transferencia de mejores prácticas en la industria, el desarrollo de segmentos claves de la cadena de valor y/o el acceso conjunto a mercados internacionales con industrias conexas, entre otros.



La industria láctea en Nueva Zelanda es un ejemplo de una estrategia sectorial exitosa. Esta industria evolucionó durante la última década a un modelo integrado de competencia, al agrupar la operación comercial final de más de 13.000 productores de leche y mantener la dinámica competitiva interna del sector. Los productores de leche en Nueva Zelanda compiten en los segmentos intermedios de la cadena, al tiempo que comercializan productos finales de manera conjunta por medio del grupo Fonterra. Bajo este esquema, Fonterra ha penetrado mercados en más de 140 países con 12 marcas reconocidas de derivados lácteos y ventas anuales cercanas a los US$14.000 millones.



El segundo elemento clave de generación de valor mediante una estrategia sectorial está relacionado con el nivel de asociación con el sector gobierno. Típicamente, la gestión regulatoria de las compañías y/o los gremios se ha orientado a la protección de los mercados locales tradicionales, objetivo no siempre alineado con la política de los entes regulatorios. El potencial de colaboración entre empresas y gobierno se deriva de elementos como el apoyo en políticas de competitividad de los sectores en los mercados internacionales (con la consecuente generación de empleo e ingresos per cápita del país), lineamientos de acción bajo una visión de largo plazo que pueda trascender las limitaciones de los períodos presidenciales, coordinación en la atracción de inversión extranjera, etc.



Los 40 convenios de competitividad exportadora que se han firmado a la fecha como parte del plan estratégico exportador 1999-09 del Mincomex en Colombia son un paso significativo en la identificación de valor adicional en las cadenas productivas y en la integración de acciones con el sector gobierno. Una vez sentado este precedente de colaboración, el siguiente paso consiste en plantearse metas realmente ambiciosas por sector, y colaborar estrechamente para lograrlas, como lo hicieron los productores de leche en Nueva Zelanda.

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