Opinión

  • | 2004/04/16 00:00

    Cojera ideológica

    Mientras se insista en resolver el déficit de la cuenta corriente por la vía de reducir el desequilibrio fiscal el país sigue teniendo un buen chance de volver a despeñarse.

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Aumentan la producción, el empleo y las reservas internacionales. Bajan la inflación y el dólar. Caen los costos de la deuda pública. Mejora la balanza comercial. La bolsa estalla de euforia. La pregunta es obvia: ¿qué podría salir mal?

Veo que la Junta del Banco de la República tiene la misma inquietud. Su más reciente informe al Congreso señala que "a pesar de que las perspectivas económicas son positivas, no deben subestimarse los riesgos que enfrentará el país en los próximos meses. El principal de ellos es el de un cambio sustancial en el frente externo que podría revertir las tendencias actuales de los flujos de capital. Si esto llegase a ocurrir, aún hay aspectos débiles en la economía que se verían afectados negativamente por una reversión abrupta de estos flujos para Colombia. El país se caracteriza por tener un grave problema estructural y es que su tasa de ahorro es muy baja, lo cual incrementa su dependencia del financiamiento externo, el cual es volátil por naturaleza. Parte del problema del bajo nivel de ahorro interno está asociado con el alto déficit de las finanzas públicas".

Casi de acuerdo pero me extraña -o más bien, me rebela, pues era previsible- la formulación oficial del problema. Lo que debería expresarse diciendo que la recuperación es vulnerable por el creciente déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, en el lenguaje del banco central se presenta como un problema de insuficiencia de ahorro, ligado al déficit fiscal.

Ya me imagino a los colegas: "¿Qué le pasó a Fernández? ¿Olvidó que el déficit de la cuenta corriente es el ahorro externo usado por el país, y que es lo mismo decir que Colombia tiene un faltante de ahorro doméstico que decir que tiene un déficit en la cuenta corriente?".

Pues no, no lo olvidé. Pero no es productivo intentar sacarles a las identidades contables más jugo del que tienen, y creo que la resistencia oficial a definir el problema como de balanza de pagos no es casual, sino que sigue la línea de pensamiento políticamente correcta, impuesta por las entidades multilaterales.

Si un tipo con su pierna derecha unos milímetros más corta que la izquierda está bajo inspección de los chamanes de la tribu ¿debe preocuparle que concluyan que su pierna derecha es más corta o, alternativamente, que la izquierda es más larga? Pues sí, debe preocuparle si la consecuencia de formular el problema como "pierna derecha corta" es que le aconsejarán una sandalia derecha con la suela más gruesa, mientras que la consecuencia de formular el problema como "pierna izquierda larga" es que le rebanarán una tajada, para emparejarlas. Y eso, más o menos, es lo que pasa con este rollo del "exceso de déficit corriente" o la "deficiencia de ahorro".

Cuando el problema se formula como escasez de ahorro todo se orienta a la reducción del déficit fiscal, aunque en casos extremos puede llevar a la idiotez de elevar las tasas de interés, para "fomentar el ahorro". En cambio, cuando se reconoce que el problema está en la cuenta corriente la atención se centra en la competitividad cambiaria, la apertura de nuevos mercados, la reducción de los costos de la deuda externa y, eventualmente, la reducción de las importaciones. No es difícil entender que el FMI y el Banco Mundial, que responden a los intereses de los países desarrollados, eviten sugerir que otros países deberían actuar para mejorar sus balanzas en cuenta corriente.

Como la falacia de los llamados "déficits gemelos", que dice que el déficit de la cuenta corriente de la balanza es casi la imagen en el espejo del déficit fiscal, se volvió parte de la sabiduría convencional local, quiero señalar que hoy la mayoría de los países asiáticos tienen déficits fiscales mayores que el colombiano, que coexisten con enormes superávits en cuenta corriente.

Me parece absurdo sugerir que el déficit de la cuenta corriente de Colombia, que coincide con un crecimiento económico que en los últimos cuatro años no le llega a las rodillas al promedio asiático, es atribuible a "exceso de gasto". Y creo que las perspectivas de resolver el problema serán pocas mientras se insista en formularlo como una consecuencia del déficit fiscal.

Un comentario final: es incorrecto presentar las cosas como si el riesgo contra el que debemos estar en guardia es una reducción del flujo de capitales. Un alto déficit de la cuenta corriente, que implica un ritmo excesivo de crecimiento de los pasivos netos del país, es un problema real incluso si hay financiación abundante. La abundancia de financiamiento solo sería más cuerda para ahorcarnos.
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