¿Clinton tiene crédito en el boom de Estados Unidos?

| 8/4/2000 12:00:00 AM

¿Clinton tiene crédito en el boom de Estados Unidos?

El Presidente comprendió antes que la mayoría de los políticos y los economistas que la fortaleza económica se derivaba de combinar ciencia, innovación tecnológica y educación de alta calidad.

por Jeffrey Sachs

Un asunto central para discutir en las elecciones presidenciales de Estados Unidos es si la prosperidad de ese país es el resultado de las políticas de la administración Clinton o de cambios más profundos que surgen de la nueva tecnología y la globalización. En resumen, ¿quién debe recibir el crédito por el boom de Estados Unidos: Bill Clinton o Bill Gates?

Los éxitos económicos del período de ocho años de Clinton son innegables. Estados Unidos goza de la expansión económica más prolongada de su historia, que ya lleva nueve años. El crecimiento económico se ha situado en promedio en 3,6% anual entre 1992 y 1999, muy por encima del 2,9% anual entre 1980 y 1992. Se crearon 15 millones de empleos entre 1992 y 1999; la tasa de desempleo, actualmente en el 4%, es la más baja de los últimos 30 años. El desempeño del mercado accionario es legendario, con plusvalías de capital que totalizan US$7 billones (¡US$7 millones de millones!) a partir de comienzos de 1996.



Es claro que ningún gobierno puede ser totalmente responsable por tendencias tan prolongadas.



Aún así, la administración Clinton fue más que un espectador. El presidente Clinton recibió una herencia favorable en los resultados de las políticas de los gobiernos anteriores, así como en las tendencias globales y las innovaciones en ciencia y tecnología, y hábilmente ideó un modo de gobierno económico bien diseñado para una economía basada en el conocimiento. Su administración merece mucho del crédito, tanto por las políticas adoptadas como por los errores que se evitaron.



Primero, la herencia. Un buen punto de partida fue el final de la Guerra Fría que permitió a Estados Unidos reducir el gasto militar en aproximadamente un 2,5% del PIB (comparando 1990 y 2000), un ahorro con un costo aproximado de US$225.000 millones por año. Esto ayudó a Clinton a reducir el déficit de presupuesto de una manera bastante sencilla. La segunda herencia la constituyó una economía flexible, no regulada, con tasas de impuestos marginales bastante bajas, un legado de la era Reagan-Bush. La tercera herencia fue la baja inflación.



Cuando Clinton se posesionó, no existía la necesidad de políticas heroicas de estabilización. Así las cosas, Clinton y el Consejo de la Reserva Federal, bajo la dirección de Alan Greenspan, pudieron dedicarse al crecimiento económico sin preocuparse del recalentamiento de la economía.



El primer logro claro de la Administración Clinton lo constituye la adopción de algunas opciones clave en la determinación de políticas. Cuando Clinton se posesionó en 1993, debía decidir entre varias opciones clave:



1. ¿Promover el libre comercio, en consonancia con las políticas de las administraciones de Reagan y Bush o tornarse más proteccionista como le urgían sus aliados de los sindicatos obreros?



2. ¿Reducir el déficit presupuestal, en concordancia con el pensamiento económico principal o impulsar el gasto gubernamental, como muchos economistas de centroizquierda argumentaban?



En ambos casos, las presiones de los republicanos así como de los demócratas centristas ayudaron a llevar a la administración Clinton por el camino correcto: apoyar el libre comercio, a pesar de los poderosos aliados proteccionistas del Partido Demócrata; apoyar la reducción del déficit presupuestal en lugar de los programas de gran gasto fiscal. El apoyo de la administración Clinton al Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte con México, la terminación de la Ronda de Uruguay sobre comercio multilateral y los recientes acuerdos tendientes a admitir a China en la Organización Mundial de Comercio constituyen logros en pro del comercio global.



Más recientemente, Clinton defendió la corriente económica principal del ataque de los conservadores republicanos, que urgían profundos recortes en impuestos que habrían minado el superávit fiscal de los últimos años. Estos conservadores también presionaban la adopción de agudos recortes en el gasto del gobierno, lo que habría afectado a los pobres. Así mismo, Clinton se mantuvo firme en contra de estos excesos.



Sin embargo, la administración Clinton ha hecho mucho más que defender la economía de extremistas ideológicos. Ideó, paso a paso, una clase de política industrial para la Nueva Economía del Conocimiento. Clinton comprendió antes que la mayoría de los políticos y economistas que la fortaleza económica estadounidense se derivaba de una combinación de ciencia, innovación tecnológica y educación de alta calidad. Por tanto, su Administración definió el papel del gobierno en el apoyo a la generación y difusión del conocimiento en todas las esferas de su creación.



Primero, Estados Unidos incrementó el grado de apoyo gubernamental a la ciencia y alcanzó una suma de US$85.000 millones en el presupuesto anual. La investigación auspiciada por el gobierno dio forma a avances científicos en tecnología de la información y la biotecnología, dos campos críticos en los que Estados Unidos posee el liderazgo científico mundial.



Segundo, las políticas de Clinton auspiciaron el desarrollo y expansión de internet como estrategia central del crecimiento económico. Clinton presionó y logró un período de exención de impuestos en el comercio electrónico. Su administración creó el ambiente de control para lograr la rápida adopción de las actividades basadas en internet y lideró programas gubernamentales para ayudar a los colegios y bibliotecas a estar conectados a la red. Abogó por la liberalización de permisos de trabajo para extranjeros expertos en tecnologías de internet.



Tercero, Clinton urgió la expansión de varios programas de apoyo a una educación mejor. El porcentaje de estudiantes estadounidenses que acceden a la educación superior después de terminar secundaria es ahora del 67%, 10% más que en la década anterior. La administración reconoció que una educación mejor constituye el sine qua non para una economía de alta tecnología.



La lección básica del éxito de Estados Unidos debe reconocerse: estabilidad macroeconómica; prudencia presupuestal; comercio global, competencia y desmonopolización de las telecomunicaciones y las finanzas; y una política industrial activa instrumentada hacia una economía basada en el conocimiento, apoyándose en la ciencia, la investigación y el desarrollo, la tecnología de la información y una educación mejor. Así mismo, todo esto depende de continuar con la reducción de las tensiones mundiales.



Lo anterior no quiere decir que todo está bien ahora en la determinación de políticas en Estados Unidos o que el camino por recorrer se encuentre libre de riesgos. El movimiento al alza de los precios del mercado de los años anteriores fue parcialmente una burbuja financiera y podría tener un precio que pagar. Más aún, a pesar de los éxitos económicos domésticos, Estados Unidos ha descuidado sus responsabilidades morales y prácticas como proveedor de ayuda a los países pobres. Este es un triste punto en contra para los éxitos domésticos de Estados Unidos.



Estados Unidos ha descuidado sus deberes morales y prácticos con los países pobres.



Jeffrey D. Sachs es profesor de Economía en Galen L. Stone y director del Centro para el Desarrollo Internacional, Harvard University



© Project Syndicate, Junio del 2000.
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