Opinión

  • | 2006/07/20 00:00

    China y Colombia

    Nota sobre el significado para Colombia del crecimiento desaforado del país que, en dos generaciones, será la principal economía mundial.

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Por disciplina e interés profesional sigo desde hace años la economía china y en estos días leí China S.A., el libro del periodista Ted C. Fishman, escrito el año pasado, que revela nuevas y sorprendentes facetas del desarrollo de ese país. Después de esa lectura, creo más que nunca que en las próximas décadas Colombia será más afectada por China que por las tendencias del mundo desarrollado, a las que aquí suele brindársele mucha más atención.

Para mí, China, cuyo Producto Interno Bruto real se duplica cada 7 u 8 años, plantea siempre las mismas dos preguntas básicas, porque todas las respuestas que obtengo son parciales y discutibles. Primera, qué combinación de políticas permite tal crecimiento en un gigante que ni los mayores accidentes económicos o naturales ni los mayores golpes de suerte parecerían capaces de desplazar un palmo. Segunda, qué significa ese crecimiento para el mundo en general y para Colombia en particular.

Respecto a la primera pregunta Fishman trae a cuento los colosales excedentes de la mano de obra rural, mayores que la suma de la población laboral de Estados Unidos y de la Unión Europea, que le permiten a China producir muy baratos casi todos los bienes del resto del mundo. También destaca la potente y entusiasta respuesta de esa economía a los estímulos del mercado. Pertinente pero insuficiente pues todos sabemos que Colombia y América Latina contaban con excedentes de mano de obra cuando el gigante todavía tenía las manos atadas por el comunismo de Mao y la Banda de los Cuatro, pero eso llevó a más miseria. Además, algo especial tiene que haber en una política "macroeconómica" que permite sostener durante décadas, un crecimiento por arriba del 8% anual cuando aquí somos incapaces de crecer al 5% tres años seguidos.

En cuanto a los efectos económicos del crecimiento chino sobre el mundo en desarrollo es claro que serán diferentes por países. En un extremo está Chile, cuya producción está orientada por ventajas comparativas definidas y encontrará en China un inmenso mercado y un proveedor barato de las cosas que hoy le compra al resto del mundo. En el medio están países como Argentina y Brasil, capaces de exportar a China bienes agrícolas pero cuyas industrias resentirán la competencia de las importaciones de ese origen. Y, casi al otro extremo están Colombia y México, que no producen muchas cosas que a China le interese comprar y cuya industria amenaza ser barrida por la competencia de ese país. Fishman trae varias historias de la ruina de las industrias mexicanas que deberían servir para ir poniendo nuestras barbas en remojo.

Los efectos de China sobre los países emergentes también serán diferentes a mediano y a largo plazo. China tiene hoy un ingreso per cápita muy similar al de Colombia pero dentro de 20 años habrá multiplicado por cinco su nivel de vida y mirará desde arriba a Colombia. Ello, aunque suena triste, no es malo, pues Colombia podrá venderles a los afluentes chinos algo de café y paisajes. Pero en el entretanto vivirá tiempos difíciles. Estimo que en los próximos diez años nuestras importaciones desde China se multiplicarán por un factor de 20 ó 25, y algo tendrá que ceder.

No digo que Colombia no pueda responder a ese reto. Tampoco creo que el resultado inevitable sea un deterioro del nivel de vida de Colombia aunque esa es una posibilidad si las cosas se manejan mal. Solo recalco que no concibo que el ajuste pueda efectuarse sin una modificación en los precios relativos y, en particular, en el tipo de cambio.

Si alguna falencia analítica encuentro en el documento de Planeación Nacional Visión 2019 es que pasa olímpicamente por alto la necesidad de ajustes de los precios relativos: el salario, las tasas de interés y el tipo de cambio para responder a las condiciones de la economía mundial con el "efecto chino". Estimo que en los próximos 20 años ese efecto hará subir el tipo de cambio real de Colombia al menos en 40%, con enormes implicaciones financieras.

Mi esposa, que suele ser crítica de estas notas, me dice que, con esto de la devaluación, ya me parezco a Juanito con su cuento del elefante: comience por donde comience una narración, siempre llega Juanito al elefante, porque es de lo que realmente le gusta hablar. De acuerdo, pero pregunto: después de que este año, cuando nadie lo esperaba, el dólar metió su trompita por la ventana ¿no merece Juanito que le oigan su cuento del elefante?
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