Opinión

  • | 2008/03/14 00:00

    China: ¿Canal de contagio o muralla de protección?

    Los efectos de la recesión de Estados Unidos no se han sentido aún en América Latina gracias a los altos precios de los productos básicos. Eso cambiaría si China tuviera un resbalón. ¿Es probable?

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Los precios de todos los productos básicos están disparados. El petróleo está por encima de 100 dólares el barril, el carbón ha subido cerca de 50% desde comienzos del año, y el trigo y la soya han llegado a récords recientemente. Desde la década del setenta no se veía algo semejante. Puesto que las materias primas tienen un peso muy alto en las canastas de exportación de los países latinoamericanos (cerca del 60% en Argentina, Brasil y Colombia y más del 75% en Chile, Ecuador, Perú y Venezuela), la región tiene mucho que ganar de este auge de precios.

De ahí que no se hayan sentido los efectos de la recesión de Estados Unidos. Pero existe el temor de que, cuando se desaceleren las exportaciones de China, por la menor demanda de Estados Unidos, los precios de los productos básicos regresarán a sus niveles de hace tres o cuatro años y América Latina sentirá el coletazo de la recesión. Y eso ocurrirá cuando la competitividad de la región ya esté debilitada por la abundancia de dólares, dificultando el surgimiento de otras exportaciones.

Un escenario factible, pero muy poco probable en el mediano plazo.

Las exportaciones no son actualmente el motor del crecimiento chino. Tan solo dos puntos del crecimiento, de cerca del 11% que tuvo la China en 2007, se debieron a las exportaciones netas; el resto fue el resultado del dinamismo de la inversión, que representa 40% del PIB y está creciendo al 12% anual, y del despegue del consumo privado, que es otro 40%, aproximadamente, y que, según el valor de las ventas del comercio minorista, está creciendo casi 20%. Las exportaciones a Estados Unidos pueden caer 10 ó 15% sin afectar más de un punto el crecimiento económico total.

La recesión de Estados Unidos no será una razón para que China detenga los grandes proyectos de inversión en infraestructura que tiene planeados para los próximos años, que van desde terminar las faraónicas obras para las Olimpiadas de este verano en Beijing, concluir las de la polémica represa de las Tres Gargantas, hasta completar el plan de autopistas más grande del mundo y construir miles de kilómetros de ferrocarril para trenes de alta velocidad.

Durante más de una década, China ha tratado sin éxito moderar su tasa de crecimiento, pero los engranajes políticos están montados para invertir, invertir e invertir. Eso sería insostenible en América Latina, donde las tasas de ahorro no llegan al 20%. Pero China ahorra el 50% de su ingreso nacional, de modo que le sobra para pagar toda su inversión y, además, acumular reservas internacionales a un ritmo endemoniado: superan actualmente los 1,6 billones (millones de millones) de dólares.

El gobierno chino no tiene ninguna preocupación en cuanto a que se desaceleren las exportaciones. Al contrario, está permitiendo una fuerte apreciación del renminbi para moderar la acumulación de reservas y reducir la inflación, que ya supera 7% y que constituye el verdadero dolor de cabeza de las autoridades. La beligerancia popular contra los aumentos de precios fue un aliciente para las revueltas de la Plaza de Tiananmen en 1989, una experiencia que el gobierno no quiere repetir.

Los chinos seguirán invirtiendo, sus salarios reales seguirán aumentando y la demanda de productos básicos, desde la energía hasta los alimentos se mantendrá muy firme. China no será el canal de contagio de la recesión de Estados Unidos, sino la muralla de protección.
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