Opinión

  • | 2004/11/26 00:00

    Caro, escaso y volátil

    Qué hacer para mejorar los mercados crediticios en América Latina.

COMPARTIR

El crédito bancario en América Latina equivale al 28% del PIB, mientras que en otras economías en desarrollo es 45% del PIB y en los países desarrollados 83%. Esta escasez se refleja en los costos del crédito: el margen entre las tasas de interés de los créditos y las de los depósitos es 50% mayor en América Latina que en el resto del mundo en desarrollo y tres veces más grande que en los países desarrollados. Además de caro y escaso, el crédito es 20% más volátil en América Latina que en otros países en desarrollo y más del doble de volátil que en el mundo desarrollado.

No es sorprendente así que el crédito sea la preocupación número uno de los empresarios latinoamericanos y que para muchas empresas medianas y pequeñas sea un obstáculo insalvable para crecer.

Con la liberación financiera, la entrada de bancos extranjeros y la menor participación de la banca pública, el sector bancario latinoamericano se transformó en las dos últimas décadas. Todas estas cosas mejoraron la eficiencia del sistema y ampliaron algo la oferta de crédito. Pero no ayudaron mucho a resolver el problema más grave: la propensión a las crisis.

Según el informe Desencadenar el crédito, que acaba de dar a conocer el BID, en los últimos veinte años ha habido en promedio más crisis bancarias en América Latina que en cualquier otra región del mundo, y la tercera parte de los países latinoamericanos ha tenido crisis repetidas. Las crisis bancarias no solo representan costos fiscales enormes, sino que dejan huellas difíciles de borrar. La desconfianza de los ahorradores, el temor de que los deudores no quieran o no puedan pagar y la incertidumbre sobre cómo reaccionarán las autoridades económicas y los jueces cuando vuelva a surgir algún problema son algunos de los legados de las crisis.

La propensión a las crisis es aún mayor cuando la inestabilidad pasada ha dejado como herencia altos niveles de endeudamiento público financiados por los bancos y una marcada preferencia del público a mantener sus ahorros financieros en dólares. Estas circunstancias ponen a los bancos en el ojo de los huracanes que cada cierto tiempo se desatan por cuenta de la incapacidad de los gobiernos para contener sus déficits o en razón de la inestabilidad de los flujos de capitales internacionales.

Por tanto, los principales desafíos para mejorar el funcionamiento de los mercados crediticios en América Latina siguen siendo macroeconómicos. Pero no son los únicos. Algunos otros que señala el informe del BID son:

- Mejorar la regulación prudencial y la supervisión: de los 30 principios contemplados en el Acuerdo de Basilea, los países latinoamericanos cumplen en promedio 6,8.

- Fortalecer los derechos de los acreedores: la legislación favorece excesivamente a los deudores en los procesos de liquidación de firmas en quiebra y en los procesos de recuperación de las garantías, en especial si son viviendas.

- Redefinir el papel de la banca pública: en vez de canalizar subsidios y competir en forma desigual con la banca privada, debería concentrarse en ampliar el mercado de crédito y en hacer atractiva la participación de la banca privada en el crédito popular.



Queda mucho por hacer y es urgente hacerlo: es crucial que el crédito se recupere cuanto antes de sus malos años recientes para que los buenos vientos que están impulsando a todas las economías latinoamericanas se traduzcan en inversión y en crecimiento sostenido hacia el futuro.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?