Capital Social

| 7/19/2001 12:00:00 AM

Capital Social

El principio esencial que está detrás del nuevo andamiaje reconoce que las personas y las organizaciones son protagonistas del desarrollo.

por Sergio Fajardo

La expresión está de moda: "Capital Social". En el mundo académico todavía hay discusiones acerca de la definición del concepto, pero organizaciones tan poderosas como las Naciones Unidas y el Banco Mundial ya han incorporado el Capital Social como una de las principales categorías en sus programas. La novedad consiste en reconocer, explícitamente, que los recursos sociales son parte fundamental, indispensable, para el desarrollo de una sociedad. Por supuesto, estos recursos se han utilizado, pero cuando se reconocen en esta forma les estamos dando una trascendencia y relevancia que merecen nuestra atención. Me declaro convencido de la gran importancia que tiene el Capital Social para el avance de nuestra sociedad y dedicaré este y el próximo artículo a compartir con ustedes mi entusiasmo. En el primero, hago una pequeña ubicación conceptual y en el segundo, les contaré cómo encontramos el Capital Social en las calles de Medellín.



La definición dada por Robert Putnam, uno de los pioneros en el desarrollo de las bases de la teoría del Capital Social, es la siguiente: "Son los aspectos de las organizaciones sociales, tales como las redes, las normas y la confianza, que facilitan la acción y la cooperación para beneficio mutuo". Dice mucho y no dice nada. Una definición sin ejemplos tiene poco valor pedagógico. Ya lo veremos.



A primera vista, es evidente que, en contraposición con las formas conocidas de Capital --Natural, Físico y Humano--, medir y valorar el Capital Social presente en una comunidad o sociedad es una tarea que obliga a utilizar nuevos parámetros y herramientas, que van más allá de los métodos que manejan los economistas tradicionales. Como ocurre con toda nueva teoría que se sale del marco convencional, el Capital Social enfrenta el escepticismo de algunos y encuentra resistencia en muchos, pero poco a poco se irán superando.



Siempre es útil y necesario identificar cuáles son las inquietudes básicas, para orientar una exposición. En este caso, los interrogantes son: ¿cómo se crea, incrementa o destruye el Capital Social? ¿Quién lo puede hacer? En principio, es sencillo edificar escuelas, pavimentar calles, hacer represas y hospitales, vacunar niños, repatriar cerebros y ubicarlos en laboratorios universitarios, diseñar una política de apoyo a las pymes, etc. Destruir, en cualquier tema, siempre ha sido y será fácil. Pero construir confianza, fortalecer la cultura cívica, desarrollar el sentido de pertenencia y la capacidad asociativa son actividades de una naturaleza muy diferente.



El principio esencial que está detrás de todo este nuevo andamiaje reconoce que las personas y las organizaciones son los principales protagonistas del desarrollo. Esto obliga a un cambio fundamental en la concepción del papel del Estado en la sociedad. Tiene entonces pleno sentido otra expresión usada en todos lados, Sociedad Civil. Se participa y se asumen responsabilidades. En palabras de Adela Cortina, "la solidaridad y la justicia no surgen de un mundo en el que cada uno es fin para sí mismo y los demás no son nada para él". Por tanto, el cultivo del Capital Social nos da "una riqueza que nos sitúa más allá del individualismo egoísta y del colectivismo indeseable".



En el próximo artículo, veremos entonces el Capital Social en acción y, con ejemplos, encontraremos respuestas a los interrogantes.
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