Opinión

  • | 2000/03/10 00:00

    Capacitación contra el desempleo

    Mientras las estrategias macroeconómicas dan sus frutos, se requierenprogramas de capacitación para ayudar a los jóvenes pobres desempleados.

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Colombia cuenta actualmente con una población cercana a los 40 millones de habitantes, de los cuales 30,6 millones están en edad laboral; su fuerza de trabajo es de 18,2 millones: 15,2 millones de ocupados y casi 3 millones de desocupados. Pero aunque, en todo el país, el desempleo afecta al 16,3% de la fuerza de trabajo, golpea, sobre todo, a los jóvenes, las mujeres, los bachilleres y los pobres. En las decilas I y II, que contribuyen con el 35,3% de los desempleados de las diez áreas metropolitanas principales, alcanza niveles del 43,5 y 32,9%, respectivamente. Cuando se combinan esas condiciones de vulnerabilidad, la desocupación alcanza niveles exorbitantes. Para los jóvenes (18-25 años) de esas ciudades, la tasa de desempleo era en junio de 1999 del 62,8% (decila I) y del 52,8% (decila II).



Para poder crear los empleos que necesitamos, el país tiene que adoptar un programa macroeconómico que, además del ajuste cambiario (ya el peso ha sido devaluado y flota), corrija el desequilibrio fiscal (todavía aguardamos reformas estructurales por el lado del gasto), aumente la oferta de personal calificado (falta una reforma al Sena y a la financiación de la educación superior) y que, por tanto, permita recuperar, en el mediano y largo plazo, una senda de expansión alta. No obstante, y en espera de que esas estrategias macroeconómicas den sus frutos, se requieren programas de emergencia y, en particular, uno de capacitación dirigido a jóvenes pobres desempleados. Es uno de los componentes previstos por la Red de Protección Social que el Gobierno de Colombia está diseñando en cooperación con los bancos Interamericano de Desarrollo y Mundial. Aun si no creara ningún empleo nuevo, contribuiría a focalizar los enganches de reemplazo --que son muy numerosos-- hacia los jóvenes pobres, que a falta de conocer un oficio, solo acceden al 5,1% de las vacantes asalariadas abiertas cada año por el sector privado. Y contribuiría a elevar sus salarios pues estos crecen con el nivel de calificación. Pagaría a las entidades capacitadoras y a las empresas por el enganche privilegiado de esta población.



Aunque el costo de la simple capacitación se aproxima a US$350 por joven beneficiario, el total puede ser cercano a unos US$700, de los cuales US$70 corresponden a gastos administrativos y US$280 a los auxilios para alimentación, transporte y seguros. Así, con US$70 millones se podrían cubrir unos 101.000 jóvenes (cerca del 60% de la población potencial en las 7 ciudades principales). Para lograr una cobertura plena se requerirían cercan de US$116 millones.
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