Opinión

  • | 2004/06/11 00:00

    Calificando a los ricos

    El Índice de Compromiso con el Desarrollo mide qué tanto están haciendo los países ricos en favor del mundo en desarrollo.

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En los años sesenta y setenta estuvo en boga en América Latina la "teoría dependentista", cuya tesis consistía en echarles la culpa a los países ricos por las desgracias de los países pobres. Ahora, la tesis opuesta es la dominante entre los líderes del mundo desarrollado y las burocracias internacionales: lo único que cuenta para los países pobres son las políticas que adopten ellos mismos.

Ambas posiciones son extremas y así lo reconoció un grupo de entidades internacionales, encabezado por el Centro para el Desarrollo Global, con sede en Washington, que lidera Nancy Birdsall. Con el apoyo de académicos y expertos en desarrollo económico, el Centro construyo el Índice de Compromiso con el Desarrollo, cuyo propósito es medir la calidad de las políticas de los países ricos según su contribución al desarrollo de los países pobres.

La ayuda externa en dinero, alimentos o medicinas se ha considerado el principal instrumento de apoyo a los países pobres. En este nuevo índice, la ayuda externa cuenta, pero se califica según su calidad: si responde a la necesidad de los países receptores y no está condicionada a los intereses del donante.

Pero la ayuda externa es solo una de las siete áreas de política que considera el índice. Además están la apertura a las exportaciones de países en desarrollo, políticas y estrategias de inversión en el mundo en desarrollo, políticas hacia inmigrantes, el ambiente para el avance de tecnologías que pueden beneficiar a los países en desarrollo, políticas de seguridad internacional y políticas de protección ambiental.

Dinamarca, Holanda y Suecia son los más comprometidos con el mundo en desarrollo, según la segunda edición del índice, publicada en Foreign Policy. Entre los 21 países calificados, España y Japón ocupan los dos últimos lugares pues no son generosos, no son abiertos a la inmigración y poco contribuyen a resolver los problemas de seguridad mundial.

Para América Latina, Estados Unidos es el país que más cuenta. Por desgracia, su compromiso con el desarrollo de los demás es modesto: entre 21 países ocupa el séptimo lugar, empatado con Alemania, Noruega y Francia. Pierde puntos por su mezquindad en materia de ayuda externa y por su falta de compromiso con los acuerdos de protección ambiental.

Sin embargo, el índice no capta algunos de los canales más importantes de influencia de Estados Unidos (y otros países ricos) sobre las economías del mundo en desarrollo. No hay variables macroeconómicas que reflejen el buen efecto en estas economías del crecimiento y la estabilidad de los países ricos (punto a favor de Estados Unidos), o de las tendencias de endeudamiento público que pueden absorber los recursos de ahorro mundial en detrimento de los países en desarrollo (punto en contra).

El índice tampoco capta la calidad del ambiente financiero internacional, del cual depende que hoy Brasil o Colombia luzcan fiscalmente sostenibles y mañana puede que ya no. Esto no es decisión de un país desarrollado en particular, sino de las reglas y prácticas del sistema financiero mundial. Tampoco aparecen en el índice las políticas de los países ricos sobre tráfico de drogas y lavado de dinero, fenómenos que perjudican a Colombia.

Estas áreas problemáticas están en discusión entre los académicos y asesores que participan en la elaboración del índice. Pasará algún tiempo antes de que se decante su metodología, pero los pasos que se han dado en estos dos años son decisivos. El índice ha despertado el interés de los países mejor calificados, como Dinamarca, que lo ha incorporado a los criterios de evaluación de sus políticas internacionales, y ha estimulado la curiosidad de casos menos destacados -Japón o Irlanda-, que examinan sus implicaciones.

Estados Unidos aún prefiere mantenerse al margen de las reglas que exige a otros que respeten y aún esgrime los argumentos más falaces para justificar la protección a la agricultura, el acero y las confecciones. Pero instrumentos de información pública como este índice son argumentos que pueden ayudar a cambiar las cosas. Al fin de cuentas, será más fácil sostener la opulencia del Norte en la medida en que las condiciones de desarrollo del Sur mejoren.



Nota: El autor está vinculado al BID y es miembro del consejo asesor del Índice de Compromiso con el Desarrollo. Sin embargo, esta columna no compromete a estas organizaciones.
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