Cadenas competitivas

| 11/29/2002 12:00:00 AM

Cadenas competitivas

La competitividad no viene del Estado ni del mercado, sino de la asociación constructiva entre el gobierno, el sector privado y la academia.

por Eduardo Lora

Mejorar la competitividad es la única forma de sobrevivir en una economía globalizada. Ha quedado atrás la época de los tipos de cambio artificialmente devaluados, de los subsidios fiscales a empresas ineficientes o de los controles a los precios de los insumos claves. Pero también está quedando atrás la idea de que el Estado debe limitarse a allanar el terreno para que las fuerzas de la competencia resuelvan milagrosamente los problemas de coordinación que implica llegar con éxito a los mercados mundiales.



La opción que parece tener mejores posibilidades de éxito es el esfuerzo conjunto de los sectores público, privado y académico para sacar adelante programas de competitividad orientados a la identificación y solución de problemas concretos y al logro de objetivos predeterminados en materia de producción, calidad, innovación y exportaciones.



Brasil, Chile, Colombia y otros países están experimentando con programas de competitividad enfocados en cadenas productivas. Estos programas son parte de estrategias más ambiciosas de competitividad en los niveles nacional o regional que se orientan a resolver los problemas más comunes del conjunto de sectores productivos, como la falta de financiamiento, las deficiencias de infraestructura básica de servicios o las rigideces de la legislación laboral.



El BID acaba de realizar un taller de discusión de programas de competitividad. Aunque no hay aún evaluaciones rigurosas, es posible identificar algunas lecciones para que los líderes en el sector privado y el gobierno echen a andar programas de apoyo a cadenas productivas:



* Apuéstele al éxito. Puesto que es necesario concentrar los esfuerzos en unas pocas cadenas productivas, es necesario apostarles a aquellas que ya tienen una estructura básica conformada y algunos logros en materia de innovación y exportaciones. Si le apuesta al éxito, los sectores tenderán a seleccionarse por sí solos con base en el interés y la capacidad de algunos empresarios.



* No desprecie los sectores tradicionales. Si las posibilidades de éxito están en la minería o en las actividades pecuarias, es ahí donde debe trabajarse (como, de hecho, lo está haciendo Chile). Cualquier sector puede ser una fuente de encadenamientos y de innovación.



* Busque el liderazgo de las grandes empresas. Las pequeñas empresas no son un mundo aislado, ellas seguirán a los líderes y aprenderán de sus éxitos. Las grandes empresas ayudarán a desarrollar a las pequeñas para tener mejores insumos y más flexibilidad operativa y para poder concentrarse en las labores de innovación, organización, estrategia y mercadeo que requieren más escala. Además, serán las grandes empresas las que le den continuidad al programa, no el gobierno de turno, ni las microempresas que surgen y desaparecen como las flores en primavera.



* No trate de lograr consensos, sino de identificar problemas claves. Una cadena productiva es, por definición, una mezcla de objetivos comunes divididos por intereses contrapuestos. Por consiguiente, los consensos son difíciles y cuando se logran pueden ser contraproducentes (un consenso usual es pedirle más subsidios al gobierno o que intervenga ciertos precios claves). Mejor es poner las energías en resolver problemas críticos que requieren coordinación; por ejemplo, remover obstáculos burocráticos, resolver problemas de calidad y certificación, o consolidar ofertas dispersas para exportación.



* Fíjese metas y comunique resultados. La clave del éxito de los programas de competitividad en Colombia han sido los mecanismos de rendición de cuentas mutuas entre el gobierno, el sector privado y la academia sobre los compromisos adquiridos. Cuantificar metas y logros ayuda además a informar y educar al público, lo cual es clave para fortalecer la cultura empresarial y competitiva.



Colombia se ha ganado ya un cierto reconocimiento internacional por sus programas de cadenas productivas y por sus recientes esfuerzos de cooperación entre el sector público, el privado y la academia. Pero apenas está en los primeros kilómetros de la maratón de la competitividad.



* Esta columna no compromete al BID,

entidad a la cual está vinculado el autor.




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