Opinión

  • | 2005/03/04 00:00

    ¡Buena ésa, Argentina!

    Con la renegociación de su deuda, Argentina recupera su viabilidad económica de largo plazo. Sería ideal que los mercados extrajeran las lecciones pertinentes.

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Como para matar y comer del muerto, dirán algunos. Que a uno no le paguen más que 30 centavos por cada peso que le deben -eso con pagarés o bonos para el día de san Blando- es duro. Que, encima, uno tenga que aceptar ese arreglo como una salida legítima del deudor, y declararlo a partir de ese momento al día en sus obligaciones, puede resultar intolerable para muchos. Se estima que la reestructuración argentina será exactamente eso, intolerable, para uno de cada cinco de sus acreedores (medidos económicamente, esto es, por sus acreencias), que no aceptará el acuerdo y preferirá litigar hasta el día del juicio final. Porque comprendo su sensación de haber sido cruelmente estafados sé que mis aplausos a la reestructuración argentina pueden sonarles ofensivos a los acreedores, y que algunos de mis colegas dirán que rayan en la apología del delito. No es mi intención, faltaba más, pero el éxito argentino deja dos o tres enseñanzas que quiero compartir con mis lectores.

Entre esas enseñanzas no incluyo, en absoluto, la posibilidad de hacer algo similar en Colombia. Lo de Argentina fue la amputación de una pierna gangrenada, y por el método antiguo, sin anestesia. Que algo tan espantoso le salve la vida no es razón para que se la propongamos a alguien sano. En Colombia cualquier intento de incumplir los compromisos de deuda pública externa solo precipitaría un terrible deterioro de las condiciones de la misma, sin ninguna esperanza de que los acreedores concedieran un alivio comparable.

Una enseñanza, en mi opinión, es que los acreedores, que masivamente decidieron aceptar el canje, no solo saben que la deuda argentina era impagable -porque eso lo sabían desde siempre- sino que además reconocen que la fenomenal "peluqueada" del 70% se aproxima a la requerida para recuperar la viabilidad financiera del país. Ello y no otra cosa es lo que hace que los nuevos bonos ofrecidos, por un valor equivalente al 30% del original, resulten aceptables. Debido a la coincidencia de la irresponsabilidad del gobierno del "abuelo Carlos" -las otras motivaciones de las que se habla no me constan: la codicia de la banca de inversión internacional por las comisiones y las acostumbradas anteojeras que a casi todos les impuso la famosa convertibilidad del peso- Argentina se endeudó muy por encima de sus posibilidades.

En mi opinión Argentina nunca habría podido pagar mucho más de lo que ahora acepta pagar. La única opción a la actual reestructuración "expoliadora" era desangrarse durante décadas sirviendo a trompicones una deuda impagable y ver como cada año esa deuda continuaba creciendo, como les sucedía a los caucheros de La Vorágine, endeudados con el comisariato de la plantación -y como me parece que le ocurre a Ecuador en la actualidad. Mediante el pago de intereses onerosos sobre una deuda excesiva- Argentina habría asegurado que su demanda interna siguiera famélica durante décadas y se habría condenado a sí misma al subdesarrollo perpetuo.

Pero esa opción, terrible para Argentina, habría sido muy del agrado de los acreedores, felices de poder seguir posponiendo contablemente su pérdida real. Para hacer efectiva la alternativa de un descuento masivo de la deuda se requería que el cauchero tuviera los recursos para no morirse de hambre si el comisariato de la plantación dejaba de venderle alimentos cuando se negaba a firmar nuevos vales.

Es ahí donde entra la decisión estratégica de apartarse de las recomendaciones o exigencias del FMI, el capataz de los acreedores, y asegurar las condiciones claves de gran superávit en la cuenta corriente y crecimiento vigoroso de la demanda interna, las cuales en la práctica solo pueden hacerse compatibles mediante un alto tipo de cambio real. Hace tres años muchos auguraban que esa pretensión era equivocada y que Argentina seguiría postrada durante décadas, pero las dudas se despejaron. Después de que Argentina acumuló un crecimiento de más de 19% en los últimos dos años, el pasado 25 de febrero leí una nota del banco Credit Suisse First Boston, según la cual "dado el vigor de la demanda doméstica y de los indicadores líderes hemos revisado nuestra proyección de crecimiento del PIB de 2005 de 5,5% a 6,5%". ¿Cuándo podrá decirse algo parecido de Colombia?

La 'atroz' amputación de la deuda argentina es la solución final de una colosal irresponsabilidad de años de los dirigentes de ese país y de los mercados de capitales. Si debido al costo de esa operación los mercados de capitales decidieran en el futuro ser más prudentes y dejar de embutirles crédito a países pobres y mal manejados ello, lejos de ser una cosa mala, sería sino una tremenda "externalidad" positiva.
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