Opinión

  • | 2010/05/14 12:00

    Bosques naturales, una alternativa de desarrollo sostenible

    El REDD es un nuevo enfoque para evitar la deforestación y promover la conservación de los bosques mediante el desarrollo de mecanismos financieros que permitan contrarrestar los efectos del cambio climático.

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La importancia de los bosques naturales no solo radica en que estos albergan más del 50% de todas las especies terrestres del planeta, sino también en que evitan la erosión y permiten estabilizar los suelos, mantienen el suministro constante de agua limpia y fresca, fijan el carbono atmosférico y ayudan a estabilizar el clima mundial, pero también proporcionan leña, alimentos y plantas medicinales a más de mil millones de personas en todo el planeta. En otras palabras, según el Centro para la Investigación Forestal Internacional (Cifor), los bosques sostienen la economía de muchas naciones y de miles de comunidades en países en vías de desarrollo. Este es un asunto que la junta directiva de este Centro, de la cual hago parte, ha examinado a finales de abril con especial atención.

Sorprendentemente, la deforestación y degradación de los bosques en estos países es responsable anualmente del 20% del total de las emisiones de gases efecto invernadero que van a la atmósfera y contribuyen al cambio climático global. Una cifra que supera las emisiones provenientes de todos los sistemas de transporte del mundo. Dentro de las investigaciones que viene adelantando Cifor, cuya sede está localizada en Indonesia, hay una iniciativa de especial interés para nuestro país. Se trata del desarrollo de una serie de estudios comparativos de largo plazo que buscan, en primer lugar, medir las emisiones a la atmósfera ocasionadas por la deforestación y la degradación de los bosques, e igualmente apoyar procesos y estrategias nacionales para reducir estas emisiones.

Mejor conocido como REDD -reducción de emisiones provenientes de la deforestación y la degradación forestal- este novedoso enfoque busca evitar la deforestación y promover la conservación de los bosques y sus servicios ambientales mediante el desarrollo de nuevos mecanismos financieros que permitan contrarrestar los efectos del cambio climático y estimular a países y comunidades a conservar sus bosques.

Los actuales mecanismos financieros para la reducción de emisiones -acordados dentro del Protocolo de Kyoto, el cual expira en 2012- tan solo han contemplado hasta el momento proyectos de plantación de árboles o reforestación en países en vías de desarrollo como una forma para que los países industrializados, principales emisores de carbono a la atmósfera, compensen o reduzcan sus emisiones. Sin embargo, esto no parece suficiente.

Según los expertos, si definitivamente se quieren tomar en serio los esfuerzos para combatir el cambio climático es imperativo que dentro de los nuevos mecanismos financieros para la reducción de emisiones se incorpore el concepto de REDD.

Las señales hasta el momento son positivas. A pesar del fracaso que las negociaciones de cambio climático tuvieron en Copenhague, algunos gobiernos se comprometieron a aportar recursos por US$3.500 millones para dar inicio a REDD durante un periodo de cinco años. Tanto las Naciones Unidas, con un Fondo para el Programa REDD, como el Banco Mundial y su mecanismo para una Cooperación por el Carbono de los Bosques, vienen financiando el fortalecimiento de capacidades nacionales a varios países para la implementación de proyectos REDD.

Más recientemente los negociadores han buscado ampliar el concepto de REDD a REDD Plus, adicionándole componentes tales como la conservación del carbono que almacenan los bosques, el manejo forestal, la plantación de árboles y la rehabilitación de tierras degradadas.

Este es un tema que no ha generado resistencia en las negociaciones y todo pareciera indicar que REDD y REDD Plus serán aprobados formalmente en la próxima Cumbre de Cambio Climático que se llevará a cabo a finales del año en Cancún.

Para Colombia, que aún conserva cerca del 50% de los bosques naturales, muchos de los cuales pertenecen a las comunidades indígenas y afrocolombianas, REDD se convierte en una gran oportunidad económica para mantener los ecosistemas estratégicos y los servicios ambientales que estos ofrecen. Y por su visión de largo plazo para garantizar procesos de desarrollo sostenible.

Lo lamentable es que dentro de los 38 países seleccionados a nivel piloto, Colombia no aparece. Por el contrario, el modelo de desarrollo que se viene impulsando ha fomentado el avance de la deforestación y la degradación de los ecosistemas. Un cambio en este campo es urgente y necesario.

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