Opinión

  • | 2009/04/03 00:00

    Bosques y conflicto armado

    Las selvas y sus bosques naturales han albergado tradicionalmente a los grupos armados y, a su vez, han servido de fuente de financiamiento para sus actividades.

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Poca es la literatura existente sobre bosques y conflicto armado. Sin embargo, al mirar el mapa global, cerca de una quinta parte de las áreas boscosas en el planeta han sido el escenario de conflictos armados. Pero, ¿qué tanto sabemos sobre los impactos de ellos en estas regiones y en sus habitantes?

Una respuesta a este interrogante lo trae el último boletín del Programa de Conservación de Bosques de la UICN -Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza- el cual está dedicado a este tema que, aunque no es ajeno a la realidad colombiana, por lo general es ignorado. El impacto en diferentes países del mundo, especialmente en algunos africanos tales como Sudán, Burundi, Congo, Sierra Leona, así como los casos de Cambodia, Nepal, Pakistán, Perú, Bangladesh, Myanmar y otros tantos que también han sufrido conflictos armados, se mencionan.

Las selvas y sus bosques naturales han albergado tradicionalmente a los grupos armados y a su vez han servido de fuente de financiamiento para sus actividades. Sin ir mas lejos, la situación que se ha vivido en el Chocó, en el bajo y medio Atrato, es un buen ejemplo. Allí los grupos paramilitares fomentaron y concentraron la tala de maderas finas para nutrir sus arcas, una situación que aún se mantiene con sus graves impactos sobre el tejido social y cultural de las comunidades afrocolombianas e indígenas. Con la pérdida de los bosques también viene la extinción de las especies de flora y fauna, en otras palabras de la biodiversidad de la cual depende a su vez la seguridad alimentaria de las comunidades nativas de esa región acostumbradas a vivir de los productos del bosque y su fauna asociada. Otro caso preocupante es la situación que vive la comunidad indígena Awá en la zona fronteriza con el pacífico ecuatoriano donde las Farc han asesinado recientemente a un importante grupo de ellos.

El boletín analiza igualmente los conflictos entre diferentes grupos sociales y culturales que se ven afectados por la desaparición de los bosques, su cambio de vida y la pérdida de sus tradiciones culturales, así como el impacto producido por comunidades desplazadas de sus territorios originales y la apropiación que hacen de estos territorios poderosos grupos que buscan capitalizar el conflicto a favor de su interés particular y un enriquecimiento rápido y fácil. Ejemplos de estas situaciones hay cientos en nuestro país. Según varios estudios académicos, cerca de cuatro millones de hectáreas han sido usurpadas a campesinos e indígenas.

La presión sobre estas comunidades que habitan las áreas boscosas conlleva un mayor deterioro de estos ecosistemas. Y es que la presión a la que se ven sometidas por el conflicto armado conduce a una sobreexplotación de los recursos naturales para lograr sobrevivir en el día a día, situación que a su vez trae terribles consecuencias en el incremento de la pobreza y el desarraigo en el largo plazo. Y qué no decir de los cultivos ilícitos, fuente de destrucción de nuestro patrimonio natural y combustible para el conflicto armado y la corrupción. Cientos de miles de hectáreas de bosque han sido taladas para este propósito y otros cientos de miles han sido fumigadas.

Un ejemplo dramático es el del Congo, donde el general Laurent Nkunga ocupó los territorios del Parque Nacional Virunga, expulsando de allí a los guardaparques, llevando al abandono a una de las últimas poblaciones de gorilas de montaña que quedó sin ningún tipo de protección. Una situación, tal como se menciona en el boletín de la UICN, que ha planteado a los ambientalistas la necesidad de pensar en soluciones creativas que conduzcan al establecimiento de mecanismos reales para garantizar la protección de los ecosistemas boscosos. Pienso que este no es solamente uno de los grandes desafíos para los ambientalistas sino para la sociedad en general. En el caso colombiano, este tema debería hacer parte del debate político ya que, como lo hemos visto, compromete no solo la estabilidad de las poblaciones locales y sus formas culturales, sino también la conservación de nuestra biodiversidad, base fundamental para el desarrollo de nuestra sociedad y del país en general.

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