Opinión

  • | 2008/07/18 00:00

    Bienvenidos a la libertad, un nuevo aire para el país

    Ojalá que el optimismo nacional y el justo reconocimiento internacional a Colombia y a su Gobierno le permitan al presidente cambiar de actitud frente a sus contradictores.

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Escribía esta columna cuando mi esposa me llamó para decirme que prendiera la radio, que habían liberado a Íngrid. En medio de la incredulidad, empecé a escuchar la tan esperada y alentadora noticia. Era verdad, habían liberado a Íngrid y a varios de sus compañeros secuestrados. No hice más que, como la mayoría de ciudadanos, alegrarme profundamente y estar pendiente del desarrollo de las noticias, fueron momentos de júbilo y emoción.

No se trataba de un milagro, como lo expresó Íngrid en sus primeras declaraciones al regresar a la libertad con sus compañeros secuestrados. Se trataba de un impecable operativo militar que burló y engañó todos los niveles del Secretariado de las Farc. Un operativo que merece el reconocimiento y sinceras felicitaciones al Presidente, su ministro Santos, los comandantes de las Fuerzas Armadas y sus hombres. Un operativo que nos permite a todos los colombianos pensar y soñar, aunque sea por un momento, en que la paz está cada día mas cerca. Un operativo que mejora la percepción internacional sobre Colombia y da un nuevo aire al Gobierno para su manejo interno. Con el operativo se fortalece la política de seguridad democrática y se da un mensaje claro a las Farc para que liberen, sin condición, a los que aún permanecen encadenados en el monte y piensen en sentarse a la mesa para una negociación política del conflicto armado que aún no llega a su fin.

El operativo se produce en uno de los momentos más difíciles del Gobierno del presidente Uribe, el desprestigio del Congreso y la caída de la reforma política, el caso de la Yidispolítica y el enfrentamiento con la Corte Suprema de Justicia, cuyo fallo condenatorio por cohecho plantea que la votación del Acto Legislativo que aprobó la reelección presidencial estuvo viciado por la compra de votos por parte de algunos miembros del Gobierno, a quienes ya la Procuraduría también abrió pliego de cargos, sembrando un manto de duda sobre la legitimidad de la reelección y la forma en que el Gobierno busca alcanzar sus objetivos. A esto se sumaron, de manera precipitada y equivocada, las acusaciones contra los magistrados y la propuesta del referendo que ha despertado más preguntas que respuestas y plantea numerosos interrogantes sobre el futuro de nuestra democracia y la institucionalidad en que ella se basa.

En el frente económico y social, las noticias tampoco han sido las mejores. La inflación se ha desbordado y ya compromete la canasta familiar de los más pobres que aumentó 7,99%, en tanto que el salario mínimo solo fue ajustado en un 6,41%. El precio de los alimentos no cede y la revaluación del peso parece no tener solución. Las medidas económicas que aparentemente tendrían efectos positivos, se derrumban al día siguiente y el dólar cae nuevamente en picada con sus efectos sobre las exportaciones y el empleo. Y el frenón en el crecimiento del PIB, que se ubicó en el primer trimestre en 4,1% con relación al 9,1% del mismo periodo el año pasado, son situaciones que no auguran buenos tiempos y por el contrario presagian nubarrones en el horizonte.

Igualmente, la extradición de los jefes paramilitares, que puso en entredicho la Ley de justicia y paz y el derecho de las víctimas a conocer la verdad y ser reparadas, no evita que las Cortes continúen con sus investigaciones sobre la parapolítica; la expansión de los grupos emergentes y las cifras de Acnur sobre desplazamiento, segundo país a nivel mundial en número de desplazados después de Sudán, así como el crecimiento en el área cultivada de coca, que a pesar de los programas de erradicación aumentó en un 27% el año pasado, muestran que aún falta mucho camino que recorrer.

Ojalá que el optimismo nacional y el justo reconocimiento internacional a Colombia y a su Gobierno le permitan al Presidente cambiar de actitud frente a sus contradictores, quienes también reconocen los éxitos de su política de seguridad democrática ejemplificada en la operación "Jaque". Este nuevo aire se debe traducir en el manejo de todos estos problemas; en una sucesión serena del poder y el fortalecimiento de las instituciones democráticas. Con la liberación de Íngrid y el éxito de Juan Manuel se abre un nuevo abanico de posibilidades y una salida por la puerta grande para Uribe.
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