Opinión

  • | 2007/02/02 00:00

    Bienvenido a casa

    Hoy, ya libre, Fernando Araújo es una lección de coraje, disciplina e inteligencia, virtudes que le permitieron sobrellevar exitosamente una de las más condenables y peores tragedias del ser humano: el secuestro.

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Son muchas las cosas que han sucedido en Colombia y el mundo en los últimos 6 años. Si tuviéramos que cerrar los ojos en 2001 para abrirlos nuevamente en 2007, nos encontraríamos con realidades totalmente diferentes. Eso es lo que le pasó al ex ministro Fernando Araújo, según sus propios testimonios, en medio de la inimaginable felicidad de reencontrarse con sus seres queridos.

En sus 6 años de privación de la libertad, derecho fundamental de todo ser humano, Fernando Araújo no tuvo ningún otro contacto con la realidad externa que uno que otro libro y un pequeño radio, que le permitía, además de distraer el paso del tiempo que se hacía infinito, escuchar los mensajes de sus familiares y amigos así como oír las noticias todos los días sobre el acontecer regional, nacional y, a veces, cuando lograba capturar alguna emisora extranjera, el acontecer internacional. Su encierro y la estricta vigilancia por parte de los guerrilleros no lo dejaban otra opción que gozar, en medio de su angustia, de los sonidos de la naturaleza, la observación de los astros, el movimiento del Sol y la Luna, y esto solo cuando el reducido espacio y el dosel de los árboles del campamento de turno así se lo permitían.

En su visita a Bogotá para reencontrarse con sus amigos, manifestó su admiración por la ciudad que encontró, tan distinta a la que había vivido en sus épocas de ministro. La nueva configuración urbana y las grandes avenidas con el sistema de TransMilenio, los parques y áreas verdes lo sorprendieron. Y no solo la capital colombiana cambió, la realidad que dejó el ex ministro era otra. En abierta contradicción con su secuestro y con el de tantas otras personas, en 2001 Colombia aún guardaba las esperanzas de lograr un acuerdo de paz con la guerrilla de las Farc; la crisis económica de fin de siglo aún se hacía sentir y apenas empezaba a insinuarse la negociación de un TLC; se había recuperado el prestigio internacional de nuestro país; el medio ambiente era parte fundamental del modelo de desarrollo; la situación de millones de colombianos desplazados por la violencia aún no estaba en la agenda; clandestinamente se firmaban acuerdos secretos para refundar la patria entre dirigentes políticos y los delincuentes más buscados del país; Shakira y Carlos Vives comenzaban a sonar internacionalmente, Serpa lideraba las encuestas presidenciales con el 40% de popularidad; nadie imaginaba el cambio de la Constitución para la reelección presidencial; recién finalizaba la era Clinton y Bush llegaba a la Casa Blanca luego de un polémico resultado electoral; Fernando Henrique Cardoso era el presidente de Brasil y Chávez iniciaba en Venezuela su primer mandato; la ONU y el multilateralismo guiaban la agenda global; todos habíamos visto por televisión la caída de las Torres Gemelas en Nueva York y la solidaridad internacional con los estadounidenses no se había hecho esperar; aún no se hablaba del eje del mal y mucho menos de la guerra preventiva contra el terrorismo, nadie creía en la importancia del cambio climático y solo hasta ese momento los temas de pobreza e inequidad empezaban a incluirse en las agendas de desarrollo. Esta era la situación cuando se produjo el secuestro del ex ministro, quien vio su vida y esperanzas detenidas en el tiempo.

Cuántas cosas no habrán pasado por la mente de Fernando Araújo desde el momento de su liberación. Sus primeras declaraciones, las cuales tuve la oportunidad de escuchar en directo, mostraron el gran señor que siempre ha sido. Destacó la intervención de la Fuerza Pública, sin la cual su fuga nunca se hubiera podido dar, a la vez que reafirmó la necesidad de un canje humanitario para poner fin al sufrimiento de las víctimas del secuestro y la angustia de sus familiares y amigos. Haciendo uso de su gran calidad humana, Araújo no ha expresado ningún rencor y, por el contrario, en sus relatos ha manifestado cómo, en medio de la penuria, el sentido de gratitud hacia la vida le permitió sobrevivir. Hoy, ya libre, Araújo es una lección de coraje, disciplina e inteligencia, virtudes que le permitieron sobrellevar exitosamente una de las más condenables y peores tragedias del ser humano: el secuestro. ¡Bienvenido, Fernando, de nuevo a casa!
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