Opinión

  • | 2007/09/28 00:00

    Barú, un “Momento de Verdad”

    ¿Será que los accionistas de la empresa que pretende construir el puerto de carbón son conscientes del efecto sobre la ciudad?

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Hay ocasiones en la vida que nos permiten actuar, o no, de acuerdo con los principios que creemos que tenemos, o aquellos que queremos proyectar.

La polémica desatada alrededor de la posible construcción de un puerto de carbón en la isla de Barú en Cartagena ha sido tratada en los medios de comunicación desde varios ángulos. Sin embargo, poco se ha hablado de la responsabilidad que tiene el sector privado en toda esta decisión. Parecería que el sector privado puede hacer todo lo que le permita el sector público sin importar si está bien o mal.

Es paradójico que la empresa que está detrás de tratar de construir el puerto sea justamente una empresa parte de la iniciativa Clinton- Giustra. Aquellos grandes filántropos canadienses que se unieron con Bill Clinton para crear la "iniciativa para el desarrollo sostenible", y de quienes tantos elogios hicimos en esta columna.

Por esto me pregunto si Serafino Iacono, su CEO, es consciente del potencial daño que se le puede hacer a la ciudad, a los proyectos turísticos que hay, y a su futuro. Porque una de las cosas más tristes de toda esta discusión, es que el carbón llega, el carbón hace el daño que va a producir, el carbón se acaba y la ciudad en cambio queda allí para las próximas generaciones.

La pregunta entonces es si en términos del desarrollo sostenible se justifica sacrificar toda una ciudad por 20 o 30 años de regalías y la creación de unos listados puestos de trabajo.

El argumento de que se debe hacer un balance económico entre las actividades, y que un potencial puerto podría ser fuente de empleo adicional para la ciudad es bastante pobre. Los puertos de carbón son básicamente la combinación de grandes áreas de almacenamiento con una gran cantidad de equipos muy costosos que tratan por todos los medios de llevar a cabo operaciones veloces y automatizadas.

Cualquiera que haya visto una operación de cargue de carbón sabrá que allí, afortunadamente, no hay grandes cantidades de operarios. Por lo tanto, lo cierto es que este tipo de actividades tienen una limitadísima capacidad de generar empleo.

Por el contrario, la actividad turística es una gran creadora de puestos de trabajo. Cada hotel o complejo turístico, por pequeño que sea, tiene la posibilidad de emplear 100 o 200 personas. Esto para no hablar de todos los servicios complementarios como transporte, entretenimiento, restaurantes, comercio, o simplemente la construcción de las obras asociadas a los mismos.

Cartagena necesita dos cosas; necesita empleo, puestos de trabajo, oportunidades, y necesita que la cuidemos como la joya que es. Está llamada a ser el más importante destino turístico del Caribe, tiene todos los ingredientes para serlo, no pongamos en juego el delicado equilibrio de su medio ambiente, que representa al menos la mitad del atractivo que tiene para los visitantes.

Una de las preguntas que más me he hecho en estos días es ¿por qué esta compañía insiste en llevar adelante el proyecto, más allá de que jurídicamente llegue a tener todos los permisos y licencias? ¿Por qué seguir adelante en desarrollar un proyecto que cuenta con la desaprobación de una porción tan grande de la comunidad? ¿Por qué desarrollar un proyecto con efectos colaterales tan fuertes sobre la ciudad? ¿Es cuestión de rentabilidad? ¿Será que esa mayor rentabilidad justifica el costo que nos quieren hacer pagar?

Siempre aparecerán los argumentos de que "este proyecto" sí va a ser totalmente limpio, y no va a tener efectos sobre la ciudad, pero todos sabemos que eso nunca será cierto. Siempre habrá la posibilidad de accidentes y derrames, de errores en operación, siempre nos podremos encontrar con un administrador que para ahorrar costos no cumpla con las normas ambientales, siempre habrá congestión en la infraestructura de transporte, y además tendremos para siempre un cambio en la apariencia de la ciudad, lo que es particularmente grave en el caso de una ciudad que vive de vender su imagen, como toda ciudad turística.

Estos "momentos de verdad" son los que nos muestran la verdadera entereza e integridad de las personas y de las organizaciones. En ellos es cuando se pone a prueba la verdadera responsabilidad frente a la sociedad y frente al desarrollo sostenible. Veremos cómo se comporta el señor Iacono en este caso. (1)

1 brucemacmaster@inverlink.com.co
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