Opinión

  • | 2007/04/27 00:00

    Banco Mundial: ¿Ejemplo de inmoralidad pública?

    Wolfowitz debe irse, así lo demandan la ética y la moral que deben caracterizar a cualquier servidor publico.

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Un gran escándalo ha sacudido en las últimas semanas al Banco Mundial. El abuso de poder de su presidente en favor de su interés particular al beneficiar económicamente a su amiga sentimental Shaha Ali Riza ha sido registrado en diferentes medios de comunicación alrededor del mundo. En la prensa europea la noticia ha estado en las primeras planas y ha sido motivo de editoriales solicitando su renuncia.

Paul Wolfowitz, ex -subsecretario de Defensa, quien junto con Donald Rumsfeld diseñó la estrategia de lucha contra el terrorismo y la invasión de Irak, fue nombrado en el cargo de presidente del Banco Mundial (BM) en 2005 por el presidente Bush con la misión de luchar contra la corrupción existente en muchos gobiernos de países en vías de desarrollo con los préstamos otorgados por el Banco y para condicionar muchos de estos préstamos a un buen gobierno. Este discurso contenía además, implícitamente, un mensaje de desconfianza sobre el desempeño de los funcionarios de la institución.

Su nombramiento generó innumerables protestas y reacciones a nivel mundial, sin embargo, el peso económico de los aportes del socio mayoritario, los Estados Unidos, terminó por imponerse. Así ha sido a lo largo de la historia del Banco.

La señora Ali Riza, quien trabajaba desde hacía un largo tiempo como oficial de comunicaciones en el BM, fue transferida por instrucciones de Wolfowitz al Departamento de Estado con un salario anual de más de $400 millones, exentos de impuestos. Allí su supervisora inmediata era Elizabeth Cheney, hija del actual Vicepresidente de los Estados Unidos. La amistad entre Cheney y Wolfowitz data de muchos años atrás.

Una vez estalló el escándalo, Wolfowitz pidió excusas públicas ante los funcionarios del Banco por lo que él consideró un error poco relevante, esperando así superar el impasse. Explicó que lo que había tratado de hacer cuando llegó al Banco era evitar un conflicto de intereses, situación que había consultado con los encargados de la ética al interior de la institución.
 
Esto fue desmentido por los mismos funcionarios. En realidad lo que Wolfowitz había hecho era enviar un memorando al Vicepresidente de recursos humanos dándole la orden con los detalles y términos en que debía hacerse la contratación de su novia.

La situación, además de haber generado la más fuerte reacción en la asociación de empleados del Banco, que inmediatamente solicitó su renuncia, pone en serios aprietos a la junta de Gobernadores del Banco y, en particular a la administración Bush, que ya se ha pronunciado y ha expresando su total confianza en Wolfowitz.

El escándalo ha coincidido con las reuniones anuales del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial y la presencia de los ministros de Finanzas de los países dueños del Banco quienes, al momento de escribir esta columna, se habían reunido con carácter urgente y habían dado a conocer públicamente los memos de Wolfowitz.

Son muchas las especulaciones que se han tejido en estos días sobre la permanencia de Wolfowitz en el Banco: para los países europeos, en el mejor de su pragmatismo, es preferible tener un Presidente debilitado que les permita algún tipo de juego y por lo tanto no es extraño que puedan convivir con la situación.
 
Además, es una manera de desgastar políticamente, un poco más, al ya maltrecho gobierno de Bush. Para Bush y Cheney, por su parte, mantener a su amigo no es de extrañar; en tanto que los países en desarrollo, sin tener mucho que hacer, ven con felicidad la desgracia en que ha caído uno de sus verdugos. Wolfowitz había suspendido la ayuda a países como India, Kenya, Chad, entre otros, por las razones ya expuestas.

Wolfowitz debe irse, así lo demandan la ética y la moral que deben caracterizar a cualquier servidor publico. De no hacerlo, la situación se convierte en ejemplo y patente de corzo para que muchos funcionarios públicos que no dan importancia a este tipo de situaciones encuentren una justificación más para su comportamiento irregular.
 
 Sin embargo, no hay muchas razones para ser optimistas puesto que las actuaciones mostradas por este burócrata a lo largo de su carrera, así como el apoyo de sus amigos, presagian todo lo contrario.
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