Opinión

  • | 2005/02/18 00:00

    Bache o despeñadero

    Hay una gran diferencia entre si el crecimiento disminuyó porque atravesamos un bache de oferta o de demanda, o porque la revaluación del peso está llevando la economía por un despeñadero.

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Todavía no hay una estimación oficial sobre el crecimiento económico de 2004, pues el Producto Interno Bruto que calcula el Dane solo llega hasta el tercer trimestre de ese año. Ello permite que se sigan presentando estimaciones variadas, aunque ya nadie espera que el crecimiento del año pasado exceda mucho la mediocre cifra de 2003, 3,8%, y muchos creemos que será inferior. De todas maneras, lo que realmente importa no es si el PIB creció unas décimas por debajo o por encima de eso sino lo que la tendencia nos dice sobre si la economía dispone o no del combustible requerido para avanzar y si va o no en la dirección correcta.

La persistencia de explicaciones alternativas sobre un punto en el cual la simple inspección de las Cuentas Nacionales debería clarificar las cosas tiene mucho qué ver con la insistencia de los funcionarios y otros interesados en omitir información esencial, que no resulta de su agrado, para poder, así, dedicarse a explicar una cosa diferente. Concretamente, se insiste en pasar por alto la información del Dane que dice que el PIB desestacionalizado (es decir, ajustado para corregir por las características económicas propias de cada trimestre, de manera que el PIB pueda compararse entre dos trimestres consecutivos) cayó entre el segundo y el tercer trimestre de 2004.

Como esa información no es del gusto de los funcionarios sencillamente se omite y se insiste en señalar que el PIB de julio-septiembre "creció" apenas 2,54% respecto al mismo de 2003. ¿Qué diríamos si alguien que hace 4 horas comenzó a escalar una montaña, y hace rato rebasó su cima de 2.000 metros y está bajando por el otro lado, pero todavía está 1.000 metros por encima de su punto de partida, nos informara que "en este momento estoy subiendo a un ritmo de 1.000 metros cada cuatro horas"? Como mínimo que el ejercicio lo mareó.

Una vez se prescinde de la crucial información que aporta el Dane sobre los cambios en el PIB y en los componentes del gasto de trimestre a trimestre es fácil incurrir en serios errores analíticos y estadísticos. Por ejemplo, en una conferencia del 7 de febrero el gerente del Banco de la República J. D. Uribe atribuye la "desaceleracion del PIB" a una supuesta disminución en el ritmo de crecimiento del consumo de los hogares. Para poner en evidencia la falta de validez de esa explicación basta señalar que, según el Dane, entre el segundo y el tercer trimestre de 2004 el crecimiento trimestral pasó de 0,37% a 0,85%, lo que equivale a pasar de un ritmo anual de 1,5% a uno de 3,5%.

El ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla, en una conferencia dictada en el seminario de ANIF del 10 de febrero, expuso sin piedad las falencias de los argumentos de quienes atribuyen la desaceleración del tercer trimestre de 2004 a una débil demanda agregada y destacó, con razón, que mal puede estar débil la demanda cuando las ventas reales al por menor crecen más de 6% anual, el crédito de consumo va disparado, las importaciones de ese tipo de bienes están explotando y las exportaciones siguen viento en popa.

El ministro Carrasquilla tiene toda la razón en lo que se refiere al vigor de la demanda, pero la explicación que nos ofrece de la "desaceleración" del PIB en el tercer trimestre de 2004 ("problemas de oferta") sufre del mismo mal que afecta la explicación del gerente: pasa por alto lo que a cualquiera que quiera oírlas le gritan las cifras del Dane: la demanda se mantuvo firme en el tercer trimestre de 2004 pero una explosión de importaciones, que crecieron 10,1% entre el segundo y el tercer trimestre (lo que equivale a un ritmo anual de más de 46%) absorbió todo el aumento de la demanda: después de comprarles más a los chinos, a los coreanos y hasta al gato del resto del mundo nada del vigoroso incremento de la demanda quedó disponible para apoyar un aumento de la producción local.

Hoy hay más que suficiente combustible para el crecimiento, esto es, demanda agregada. En realidad, hasta los no monetaristas comenzamos a preocuparnos por la posibilidad de que un exceso de combustible monetario pueda causar un incendio más adelante. El problema es que en las actuales condiciones, con un peso que en términos reales se ha apreciado más de 20% en los últimos dos años, sin que ello corresponda a un aumento de la productividad local, la dirección de la demanda agregada no es, precisamente, la que se requeriría para impulsar la producción y el empleo.
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