Opinión

  • | 2006/08/18 00:00

    ¿Ausencias o vacíos de política?

    Los desplazados, las negociaciones con los paramilitares, la reinserción y el narcotráfico brillaron por su ausencia en el discurso de posesión del presidente Álvaro Uribe.<br><br>

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Debo confesar que me causó gran extrañeza la ausencia de cualquier tipo de mención a varios temas críticos que afectan al país en el discurso de posesión del Presidente Uribe con motivo del inicio de su segundo mandato. Los desplazados, las negociaciones con los paramilitares, la reinserción y el narcotráfico brillaron por su ausencia.

Todos estos temas han despertado una gran controversia pública y polarización, no solo por el manejo y presentación de las cifras, sino también por el manejo político que se les ha dado —no del todo claro— e igualmente por las implicaciones que su impacto tiene y seguirá teniendo sobre el futuro del país.

Muchos colombianos vemos la urgente necesidad de que el gobierno tome el toro por los cachos en estas materias, en vez de ignorarlas.

Hoy cuando, simultáneamente con la posesión presidencial, un grupo de desplazados ha tenido que enterrarse en la plaza principal de Bosa para llamar la atención del gobierno ante su abandono, se nos recuerda que el drama de los que lo han perdido todo está más vigente que nunca.
 
El conflicto armado que se ha visto disminuido en las ciudades y en las principales vías de nuestro país, gracias a los esfuerzos de la seguridad democrática, continúa afectando a más de 2,5 millones de compatriotas rurales que viven la otra cara del conflicto y se han visto en la necesidad de abandonar forzosamente sus hogares y pertenencias para conformar nuevos cinturones de pobreza y miseria alrededor de los principales centros urbanos.

En el caso de las negociaciones con las autodefensas, cada día son mayores las críticas y muchas las dudas que asaltan a la opinión pública. Una vez desmovilizados los diferentes bloques, aprobada la ley de Justicia y Paz y pronunciada la Corte Constitucional sobre su constitucionalidad, han surgido evidencias de que el fenómeno paramilitar no ha terminado y por el contrario se viene reciclando, en tanto que los grandes jefes andan como Pedro por su casa, sin ningún tipo de restricción ni control como lo han dado a conocer los principales diarios del país.
 
Asociado a este proceso está todo el tema de los reinsertados, no menos confuso y criticado. Hoy son cerca de 40.000 los reinsertados, de los cuales 32.000 dejarán de percibir, antes de finalizar el año, los subsidios económicos que el gobierno ha venido proporcionándoles mensualmente durante dos años.
 
Con escaso control sobre ellos —a excepción del caso de Medellín—, sin una política clara para su tratamiento y con el anuncio de un Alto Consejero Presidencial para el tema —a quien deseamos éxito en su gestión—, un amplio grupo de desmovilizados viene siendo reclutado por nuevos grupos de justicia privada y narcotráfico, se han reincorporado a otras actividades delictivas o han sido asesinados.

Y finalmente también se ignoró la tragedia del narcotráfico representada recientemente en el atroz y condenable asesinato de un grupo de erradicadores civiles por parte de las Farc en el Parque Nacional de la Macarena y la decisión del gobierno de fumigar con glifosato una de las principales reservas naturales del país.
 
Las más recientes evaluaciones sobre la efectividad de la lucha contra las drogas han mostrado que aunque se fumiguen miles y miles de hectáreas de cultivos de coca —durante 2005 se fumigaron 136.000—, el número de hectáreas en vez de disminuir ha aumentado —durante el mismo año los cultivos pasaron de 80.000 a 86.000-.
 
El narcotráfico, combustible que nutre el conflicto armado que vive el país, requiere que las políticas antinarcóticos, sobre las cuales Washington ejerce una gran presión, sean revisadas y reorientadas ante el fracaso que han empezado a mostrar.

No cabe duda de que en su segundo mandato el Presidente Uribe tiene en sus manos la posibilidad de lograr una negociación política de la paz, principal anhelo de todos los colombianos. Y para esto es necesario que temas tan críticos como los que han quedado ausentes del discurso de posesión sean también puestos sobre la mesa para su debate y la búsqueda colectiva de soluciones.
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