¿Aterrizaje suave?

| 6/23/2000 12:00:00 AM

¿Aterrizaje suave?

Todo depende del piloto: Alan Greenspan.

por Eduardo Lora

Se supone que el 2000 será un buen año para América Latina, y hasta el momento no hay razones para quejarse. Los precios de los productos básicos están mucho mejor que hace un año y han regresado los capitales privados que huyeron en los momentos más difíciles de la crisis. Después del estancamiento de 1999, habrá un crecimiento del orden del 4% en este año.

Al menos eso es lo que indican las proyecciones "de consenso" de los analistas de la región. Pero en las últimas semanas han surgido muchas dudas, ya que no es del todo claro si el escenario internacional seguirá siendo tan favorable como hasta ahora. El principal motivo de incertidumbre es la economía de Estados Unidos, que hasta ahora ha sido el gran motor de la recuperación, y cuyo dinamismo fue una bendición para México y varios de los países de América Central, que escaparon completamente de la recesión de 1999 gracias a sus estrechos lazos comerciales con el gigante del Norte.



El consumo en Estados Unidos ha venido creciendo a un ritmo infernal, que le ha permitido al comercio minorista crecer a tasas cercanas al 8% y a la industria más del 6% en los últimos doce meses, pero que al mismo tiempo ha ampliado el déficit comercial externo a niveles récord y ha propiciado un endeudamiento excesivo de las familias y empresas. Hasta hace unos meses, solía aceptarse como justificación de todo esto la perspectiva de grandes beneficios derivados de la revolución de la informática y las comunicaciones. Quizás los consumidores han ganado mucho y seguirán ganando de la masificación de internet. Pero entre las empresas de alta tecnología hay una competencia feroz que finalmente está reconociéndose en el mercado. El índice Nasdaq, que representa las acciones de estas empresas, cayó cerca del 40% entre fines de marzo y fines de mayo, con repercusiones inmediatas en las bolsas de valores de América Latina.



Paradójicamente, el Nasdaq recuperó casi mitad de su caída en la semana siguiente cuando aparecieron señales de que la economía estaba enfriándose: un aumento del desempleo de 3,9 a 4,1% y una caída del 4,3% en los pedidos al sector industrial fueron algunas de estas señales. El mercado ha tomado esto como un alivio, pues reduce la posibilidad de que la Reserva Federal aumente fuertemente su tasa de interés, que ya anda en 6,5%.



Todo lo cual quiere decir que la economía de Estados Unidos está transitando por el borde de una cuchilla, con peligros a ambos lados, que serían muy dañinos para América Latina. Si los mercados no se enfrían rápidamente, existe el peligro de un ascenso brusco de las tasas de interés, que reduciría el atractivo de los mercados emergentes. Si los mercados se enfrían demasiado, el riesgo es que la demanda se deprima, y con ello caigan los precios de los productos básicos de los cuales dependen las economías del Tercer Mundo. La única escapatoria es que efectivamente se logre un aterrizaje suave lo que, con todo y los avances de la informática y la tecnología, dependerá ante todo de la habilidad del piloto, cuyo nombre es Alan Greenspan.



* Esta columna no compromete al BID, entidad a la cual es tá vinculado el autor.
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