Opinión

  • | 2004/02/06 00:00

    ¿Arrinconar al Banco de la RepUblica?

    La idea de que un país "pequeño" no puede impedir la apreciación de su moneda se basa en una inexistente simetría económica.

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oy a ir una vez más sobre el tema de la apreciación del peso pues creo que las precisiones son necesarias e interesarán a los lectores, ahora que tantos comentaristas hablan de la presunta futilidad de luchar contra una tendencia del mercado internacional de capitales, donde se mueven sumas colosales.

La idea de que la política monetaria no puede impedir la apreciación del peso se basa en una aparente simetría económica que carece de validez: el fracaso de la mayoría de los países cuando tratan de impedir una devaluación en la que cree firmemente el mercado. Una razón obvia del fracaso en esos casos es que la cantidad de dólares que el banco central puede vender para evitar que suba su precio está limitada por sus reservas internacionales. En la práctica, mucho antes de que estas se agoten, cuando el desenlace se hace evidente, la corrida de capitales se transforma en estampida y se llega al colapso cambiario.

Ni siquiera sirve, en esos casos, tener amplias reservas y demostrarles a los especuladores que los pesos que hay en la economía no alcanzarían para comprarlas, como lo intentó Cavallo, en Argentina. Sencillamente, apenas la venta de dólares por el banco central hace reducir en forma importante la liquidez, el disparo de las tasas de interés y el desplome del crédito inducen una crisis económica y financiera, pasando previamente por la devaluación, que se quería evitar. Estoy seguro de que muchos de mis lectores podrían citar algún ejemplo local.

La cosa es muy diferente cuando se trata de evitar que el dólar caiga, pues lo único que el banco central necesita para comprar dólares es pesos, y los pesos nunca se le acaban al Emisor. Sé que para los no economistas suena raro eso de que el Emisor puede comprar todos los dólares que quiera "con la firma", pero así es la cosa. Normalmente no lo hace porque su demanda de dólares dispararía la cotización, y crearía muchos problemas. Pero cuando, precisamente, los capitales externos están locos por vender dólares por pesos, al tipo de cambio actual, nada le impide al banco central emitir para comprarlos. No hay límites legales sobre el monto que puede adquirir de esa manera.

Pero ¿qué puede decirse de los límites económicos? Por supuesto, si un banco central compra muchos dólares con emisión, para evitar que caiga la cotización, puede tener que recoger luego el exceso de dinero para evitar que la economía se inunde de liquidez, y se desborde la inflación. Pero recoger los excesos de liquidez es un asunto técnico. Aquí no voy a entrar en los detalles de las operaciones monetarias de "esterilización", y no solo por falta de espacio sino porque me parece descortés con la Junta del Banco de la República que, por supuesto, sabe todo lo que se necesita saber sobre ese asunto. Solo voy a darles un ejemplo: el año pasado China elevó sus reservas internacionales en US$115.000 millones, esto es, en más de 40%, y las pagó con emisión, sin generar más problemas que un "inquietante" crecimiento económico de casi 10% anual.

Y todo ello sin hablar, todavía, del arma nuclear de los bancos centrales que luchan contra una revaluación inconveniente: la baja de las tasas de interés, cuya sola perspectiva suele hacer salir en desbandada a los capitales golondrina. Ahora, supongamos por un momento que no son golondrinas sino cuervos, y que seguirían llegando aunque bajemos las tasas. Si de verdad esos capitales están tan entusiasmados con Colombia que seguirían viniendo casi gratis, hay que aprovechar y pagar menos. La razón por la que Colombia todavía tiene tasas de interés por encima de las internacionales es que siempre ha habido el temor de que, si se reducen, los capitales saldrán y se disparará el dólar. Si ello dejó de ser cierto, hay que bajar la tasa. ¿Que Chile bajó la suya y los capitales siguieron llegando? Mejor que mejor. No veo qué puede impedir que sigamos bajando las tasas de interés si los capitales están dispuestos a venir por casi nada.

La acumulación de reservas, obviamente, transitoria, hasta poder darles mejor uso vía pagos y prepagos de deuda externa, y la baja de las tasas de interés, son potentes instrumentos complementarios para impedir una revaluación. Ambos deberían usarse si los capitales de corto plazo mantienen su entusiasmo. Quiera Dios que ese entusiasmo se prolongue.
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