Opinión

  • | 1994/10/01 00:00

    Armando mi portafolio

    La aversión al riesgo es un factor determinante en el momento de componer un portafolio de inversión. A mayor riesgo, mayores rendimientos.

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La primera etapa para implementar una estrategia de inversión es determinar sus objetivos y clasificarlos según el plazo necesario para realizarlos (corto, mediano y largo plazo). La determinación del plazo de la inversión es el elemento clave de la estrategia de portafolio, porque cada categoría de inversión tiene su nivel de eficiencia máxima a un plazo bien determinado. Un análisis de los resultados históricos de diferentes clases de inversión lo demuestra, y permite sacar conclusiones objetivas. Como no existen estadísticas históricas fácilmente disponibles sobre las inversiones en Colombia, se utilizarán datos norteamericanos.

Un dólar invertido en acciones americanas en 1926 vale hoy US$800,21 (rentabilidad promedio anual de 10,49%), mientras que el mismo dólar invertido en bonos del gobierno a tres meses vale hoy US$11,73 (rentabilidad promedio anual de 3,74%). Si se descuenta la inflación, se obtiene un valor de US$98,51 por cada dólar invertido en acciones, y US$11,44 por cada dólar invertido en bonos del gobierno a tres meses. Obviamente, el resultado logrado por las acciones se obtuvo con mucho más riesgo, y las caídas de 1929, 1974 y 1987 están allí para recordarlo. Sin embargo, esas caídas siempre se recuperaron, y sobre períodos más largos, las acciones siempre lograron mejor desempeño que los papeles del gobierno. Estos datos permiten sacar las siguientes conclusiones:

1 La inversión en acciones tiene rentabilidad a largo plazo mucho mayor que inversión en renta fija, pero a corto plazo puede tener caídas importantes.

2 A largo plazo, una inversión en papeles de renta fija apenas supera la inflación.

3 Una rentabilidad mayor en unos pocos puntos anuales hace una diferencia sustancial a largo plazo.

Además de esas conclusiones objetivas, hay que tener en cuenta factores sicológicos propios de cada inversionista, como por ejemplo el nivel de aversión al riesgo.

El cuadro adjunto puede servir de base para determinar una estrategia de inversión. Se califican como conservadores los inversionistas con aversión al riesgo, moderado los que pueden soportar una caída del portafolio de 20% y agresivos los que no se asustan con caídas del 30% o más.

Una vez determinada la estrategia de inversión, lo más difícil es seguirla. Una inversión en activos de riesgo (acciones, finca raíz) tiene mucha volatilidad y requiere mucha paciencia y confianza para superar los períodos de bajas. El error más común que cometen los inversionistas consiste en pasar de una inversión a otra cada vez que se registra una pérdida. Esta estrategia puede revelarse catastrófica a largo plazo, porque además de pagar gastos de entrada y salida del mercado, el inversionista tiene tendencia a realizar la inversión en el peor momento. En conclusión, lo más importante es escoger la estrategia que más se adapte a sus objetivos y personalidad, y seguirla con disciplina.
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