Aprovechamiento populista

| 9/29/2000 12:00:00 AM

Aprovechamiento populista

Los interesados en la contrarreforma pensional se proponen aprovechar al máximo la ineptitud de las autoridades para financiar el inminente déficit de caja del ISS en materia pensional.

por Javier Fernandez Riva

El Gobierno, que en materia de pensiones pensaba ir por lana, está en serio peligro de salir trasquilado. Desde el interior de la misma administración se está gestando una contrarreforma que, en vez de consolidar los fondos de pensiones privados y cauterizar las venas rotas del Seguro Social, daría un golpe mortal al sistema de capitalización individual y haría explotar el déficit fiscal.



En materia de pensiones el problema del seguro social y de las cajas de previsión es simple, aunque los interesados en oscurecer las cosas han logrado hacerlo ininteligible. Hay una gran desproporción entre lo que los trabajadores cotizan para las pensiones en el sistema de "prima media" --en la práctica, todo lo que no sea fondos privados de pensiones-- y los beneficios que promete ese sistema. Ni siquiera poniendo a rendir la plata como los magos de las finanzas el valor capitalizado de las cotizaciones, que hoy equivalen a menos de una séptima parte del salario mensual, cobrada durante veinte años, alcanzaría para pagar a los jubilados el 75% o más del salario durante varias décadas. Y menos a un ritmo de catorce mesadas por año, como lo estableció la populista legislación vigente.



Para entender esa imposibilidad financiera ni siquiera es necesario traer a cuento la parte de las cotizaciones que va a alimentar la burocracia del ISS, ni lo que se roban. Tampoco es necesario recordar los miles de casos donde los pensionados se casan con muchachitas de cincuenta años o menos que, una vez el viejo pasa a una vida más tranquila, siguen disfrutando de su pensión de viudez durante décadas, en premio a su paciencia.



La diferencia entre lo que produce financieramente el ahorro pensional de un trabajador y lo que al Estado le costará atender sus derechos pensionales bajo el sistema de "prima media" dará lugar en el futuro o bien a la quiebra de ese sistema, con incumplimiento de pagos y renegociación forzada de las pensiones, como ya se lo olieron los cientos de miles de trabajadores que votaron con los pies y se retiraron del ISS, o a que el resto de la comunidad deba asumir esa diferencia vía mayores impuestos. Preveo una combinación de ambas cosas.



El déficit efectivo o actuarial del seguro, esto es, la diferencia entre el flujo de ingresos que el ahorro acumulado durante la vida activa del trabajador será capaz de generar, y el costo efectivo de las pensiones, no puede reducirse haciendo que más trabajadores coticen al ISS. Por el contrario, entre más trabajadores sigan cotizando al ISS durante los próximos años más grande será el déficit efectivo pues cada peso que el ISS recibe en cotizaciones pensionales genera obligaciones de pagos de pensiones que, en valor presente, pueden exceder $1,50 y hasta $2,00.



Desde el punto de vista fiscal nada sería más conveniente que el rápido marchitamiento del ISS, por la vía del retiro de todos los trabajadores jóvenes, quedándose el sistema de prima media solo con los trabajadores de más edad, beneficiados del "régimen de transición". Ese régimen les garantiza beneficios por los que no pagaron plenamente, pero equivale al reconocimiento estatal de un error histórico que ya no puede corregirse. Por su edad tales trabajadores ya no podrían acumular pensiones adecuadas en los Fondos de Pensiones Privadas.



Una alternativa al marchitamiento del ISS sería disponer que, para los trabajadores jóvenes que voluntariamente se queden en ese sistema, los beneficios pensionales tendrán que guardar una mejor proporción con el ahorro pensional. Eso implicaría, como mínimo, elevar la edad de jubilación y reducir el porcentaje del salario pagado como pensión, las dos propuestas que hasta hace poco había venido trabajando el Gobierno.



Por supuesto, si los beneficios del sistema de prima media fueran ajustados para restablecer el equilibrio financiero no habría ningún incentivo de los trabajadores más jóvenes para mantenerse en el ISS. Aunque la deserción de los trabajadores del ISS es lo mejor que puede ocurrir para las finanzas públicas en el largo plazo, la perspectiva les pone los pelos de punta a nuestros funcionarios públicos que siguen contabilizando, para efectos de las cuentas fiscales, un superávit del sistema de seguridad social. Ello aunque saben que ese superávit es ficticio y equivale al financiamiento más oneroso concebible pues cada peso que entra al ISS o a las Cajas por cotizaciones genera obligaciones futuras de pagos que, en valor presente, son un múltiplo de ese ingreso.



Aprovechando la obsesión del Gobierno con el déficit medido en forma convencional, y la falta de instrumentos adecuados para financiarlo, pues la única fuente de crédito de largo plazo ha sido descartada por el Emisor y por el mismo Gobierno, los intereses en torno a la permanencia de la vaca lechera del ISS han ingeniado una contrapropuesta de reforma pensional, que ha dado en llamarse "de los tres pilares". En lugar de corregir el desequilibrio financiero del sistema de prima media esa propuesta busca financiarlo durante unos años más, así ello implique disparar el déficit real o actuarial. El esquema consiste en obligar a todos los trabajadores que ganen menos de tres salarios mínimos (80% de los trabajadores) a pasarse al ISS, y en obligar a los de ingresos mayores de tres salarios mínimos, que quieran mantenerse en los fondos privados, a cotizar para el ISS sobre los tres primeros salarios mínimos.



La iniciativa dejaría lisiados fatalmente a los fondos de pensiones, pues el retiro de la mayoría de los trabajadores les impediría lograr un tamaño mínimo adecuado para cubrir sus costos. Sería como arrancarle un pulmón al joven sistema de pensiones privadas y colocárselo al viejo crápula del sistema de prima media para que pudiera seguir tirando por unos años más.



Hace ocho años, cuando el sistema de capitalización individual no era más que una posibilidad, algunas personas interesadas en mejorar las condiciones para el desarrollo dimos una larga y dura batalla, liderada por el entonces ministro de Trabajo y actual ministro de Defensa, Luis Fernando Ramírez. Esa batalla culminó con la liberación de la dictadura del ISS, gracias a la creación de los Fondos de Pensiones. Sería imperdonable que hoy, cuando ya hay millones de trabajadores en los Fondos Privados de Pensiones, y cuando las falencias del ISS son más evidentes que nunca, la pusilanimidad del alto Gobierno permitiera un triunfo de la reacción e hiciera retroceder al país casi una década.
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